De Pakistán al mundo

Contamos con un nivel excelente. No desde ahora, sino desde hace siglos. Nuestro arte sacro es referente más allá de las fronteras que imaginamos. Es una afirmación difundida a bombo y platillo, pero no por ser repetida hasta la saciedad es mentira. Y pocos son los que se atreven a rebatirlo.

La cuestión, sin embargo, no deja de ser llamativa cuando se exponen cierto tipo de argumentos que en vez de ayudar acaban provocando todo lo contrario. O cuando buscan conseguir un efecto distinto al que imaginamos. Por ejemplo, la utilización de una pieza que proviene del exterior no con la finalidad de alentar a las masas a que condenen que se adquieren productos de fuera sino para atacar a una hermandad porque ciertos miembros de su junta de gobierno no son de tu agrado. Una información que se conocía desde hace semanas, pero que salta ahora a la palestra, cuando vienen los días grandes para una corporación en concreto.

Si estuviéramos en Nueva York prácticamente no conoceríamos al vecino de enfrente. Pero esto es Sevilla y aquí las mismas caras aparecen por todos sitios. Y las alianzas están tan presentes como las divisiones. Conocemos algunas, pero otras permanecen ocultas. Y quizás estas sean causen mayores efectos debido a una influencia mayor.

Exponer frente a los medios la importancia del arte sacro es sacar a la palestra las luces, pero también las sombras. Uno no puede minimizar el número de talleres cuyas trabajadoras, porque principalmente son mujeres, se encuentran en situación de no afiliación. O la familia que está decidida a llevar ante los tribunales a un conocido imaginero porque le entregó un busto de dolorosa que no fue finalmente devuelto. Y sus palabras fueron que sufrió un robo. Un hecho que ni denunció. ¿Dónde está aquí el apoyo a las personas que confían en los artesanos y acaban sufriendo reveses? No se trata de ser polémicos sino de ser justos. Que lo que valga para unos valga para todos y lo que no… Ya saben.