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Del primer palio de la Semana Santa al Stabat Mater, los pasos de la Soledad de San Lorenzo

Fundada en 1549, la Hermandad de la Soledad vio aprobadas sus primeras reglas en 1557, haciendo estación de penitencia durante la madrugada del Jueves al Viernes Santo. Para entonces contaba con varias imágenes que conformaban su patrimonio. Era el caso de Jesús Yacente, un Resucitado y una Virgen de gloria. La Soledad iba sola, sobre unas andas, desde que se fundó la corporación hasta 1605. Pero con el cambio de siglo se llevan a cambio varias reformas. Desaparecen las imágenes a excepción de Nuestra Señora de la Soledad, que queda como única titular, y se elimina la ceremonia del descendimiento y la procesión letífica el Domingo de Resurrección, suprimida en 1604 por el cardenal Niño de Guevara.

La hermandad decide entonces dar un paso al frente para enriquecer la estación de penitencia y cambia la forma procesional para 1606. Aquel Viernes Santo estrena un paso de palio, el primero en la Semana Santa de Sevilla. En la hermandad se recoge que consta como autor de la obra el oficial de bordador Francisco Ramírez, que siguió el diseño de Gaspar de la Rúa. Casi un siglo portará esta obra, hasta 1692, una centuria en la que además se esforzará en la terminación y embellecimiento de su capilla. José Bermejo recoge que “puede decirse que parangonaba a la Real de nuestra Catedral, en grandeza y magnificencia”.

Durante los siglos XVII y XVIII se produce un importante auge en la nómina de hermanos, consolidando el carácter aristocrático. Nuevo palio estrena en 1693, llegando hasta 1804. De plata, estaba sostenido por dieciséis varales, saliendo con regularidad en la segunda mitad del XVIII. Tan solo no salió en 1768, 1769 y 1796. Tiempos difíciles serían los que le esperaban a lo largo del próximo siglo. Se sabe que en 1808 solo acudieron al cabildo de salida cinco hermanos, suspendiéndose la estación de penitencia como había pasado en 1801 y 1803. Y con la invasión francesa la cuestión empeora. La hermandad, que se encontraba en el Convento del Carmen, pierde el palio y el paso alegórico de la Santa Cruz, este último ejecutado por Alonso Cano. Poco a poco la cofradía vuelve a la normalidad. La Hermandad del Cachorro cede el paso en 1860 para que pueda acudir a la Catedral. Al año siguiente, efectúan estación de penitencia la Santa Cruz y la Soledad.

Desde 1861 hasta 1874 tres pasos de palio se sucederán. Tres años antes del estallido de la “Gloriosa” estrenará la reforma del palio, enriquecido con galones de oro, gracias a la contribución del Ayuntamiento, y en 1867 hará lo propio con un manto bordado con ángeles, una peana y unos faldones amén de otros enseres como nuevas bocinas. El Viernes Santo de 1868 sale por última vez de San Miguel, pues en octubre de ese mismo año se produce el cierre de la parroquia y su posterior derribo. Recala entonces en San Lorenzo, y es en 1971 cuando nuevamente estrena un paso de palio, en esta ocasión de plata Ruolz, aunque solo sale tres años, ya que en 1972 la lluvia impide su salida. Al frente se encontraba José Guerra y Guzmán, bajo cuyo mandato se estrenó también otro paso, en esta ocasión de estilo barroco con talla en los respiraderos y el canasto en 1875.  Dorado, contaba con la incorporación de un dosel, con adornos de terciopelo con flecos y borlas de oro, y la incorporación de tallas antiguas, de Juan Rossy. Bermejo afirma que el Papa Pío IX expidió el 12 de julio de 1870 dos breves concediendo diversas gracias a la hermandad.

La Soledad de San Lorenzo con el dosel estrenado en 1923

Este sería utilizado hasta 1950 aunque con la introducción de varias reformas. Por ejemplo, en 1880 se engrandecen sus dimensiones, según recoge en los Anales de las Cofradías Sevillanas Carrero Rodríguez. La supresión del dosel será efectiva en 1902 acudiendo la Soledad a la Catedral sola, al pie de la cruz, hasta 1922. Al año siguiente, se estrenará el segundo de los doseles con los que ha contado la cofradía. Cuatro años formó parte del paso, hasta que lo vendió a la Hermandad de la Macarena, que lo utilizó en varias ocasiones, como en los altares de culto que montaba cuando los titulares se encontraban en la Anunciación. El paso de Juan Rossy acabó en la Hermandad de la Virgen de la Encarnación, de la localidad de Aznalzcázar cuando llega en 1951 el paso neobarroco que mantiene hasta la actualidad. La comisión para la ejecución de esta obra se crea en 1945, comenzando cuatro años más tarde. En él intervinieron los artistas Francisco Carrero y Francisco Rivette en la talla, Francisco Bailac en la carpintería, Manuel Vergara Herrera en la imaginería y Manuel Calvo Camacho en el dorado, todos ellos bajo la supervisión del Maestro Curro y la dirección artística de Santiago Martínez. Como uno de los símbolos más distintivos, las azucenas estofadas en blanco, símbolo de la pureza de María.

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