Detalles decimonónicos para la Reina del Amor

Asombra con cada trabajo que acomete, cada vez que sus manos son capaces de potenciar de manera incalculable, la belleza de las dolorosas que tiene la responsabilidad y el privilegio de engalanar. Manuel Jiménez es una referencia indiscutible en el arte de vestir a la Madre de Dios. Un arte efímero que permanece en la memoria gracias a la fotografía y el recuerdo que se alimenta del arte verdadero, el que no precisa de parafernalia accesoria y solamente bebe de la capacidad innata y de la autenticidad y la tradición.

La Virgen del Amor es el perfecto ejemplo de cómo un vestidor, un artista capaz de transformar en eternidad la fugacidad, logra dotar a una imagen devocional de la riqueza de matices justa para convocar a la oración. Bellísima se muestra la dolorosa del Alcázar Viejo para sus cultos divinizada hasta el extremo, en virtud de las manos de Jiménez.

La Reina del Amor luce un encaje de Bruselas del siglo XX, una maravillosa pieza donada por unos hermanos devotos. Una pieza escogida, de las que no son fáciles de encontrar, y que en esta ocasión pudo localizarse y encauzar su adquisición a través del encomiable trabajo de las hermanas camareras de la cofradía. Un encaje que ya fue estrenado el año pasado, con motivo de la ofrenda floral que protagoniza la dolorosa cada mes de Mayo. 

Además, la Virgen luce un pañuelo de punto de aguja también del siglo XIX, fruto igualmente de una donación, que ya estrenase la pasada Semana Santa, al igual que las puñetas de encaje de duquesa. Todo ello forma parte del más que interesante ajuar que, sin alharacas, la hermandad de la Pasión viene conformando para la Virgen del Amor, gracias al esfuerzo de sus camareras, acaso no suficientemente reconocido como merece por el gran público.

Lleva además la saya burdeos y la toca sobre manto, ambas piezas realizadas por Mercedes Castro, y el puñal diseñado y ejecutado por Manuel Valera. Y en sus sienes, la magnífica corona de Seco Velasco. Condicionantes todos ellos que vuelven a poner de manifiesto, de la mano de Jiménez y en virtud del gran equipo que el hermano mayor de la hermandad, Manuel Díaz, ha ido concretando en la corporación, que estamos ante una hermandad que está experimentando una auténtica revolución, que se subraya en múltiples detalles, como el excelente trabajo del equipo de priostía materializado en el magnífico altar concebido para los cultos en honor de la Virgen.