Sevilla, ⭐ Portada

Diario de Cuaresma (IX): La mañana del Dios de los Sagrarios

Extracto del Pregón de la Semana Santa de Sevilla

Ignacio Montaño Jiménez. 1997

El Pregonero aborda uno de los días más especiales de la Semana Santa: el Jueves de la Pasión del Señor.

Sevilla se llena de contrastes: del clamor al silencio, de la alegría a la solemnidad, de nazarenos de capa al ruán negro.

El fragmento seleccionado hace un recorrido por los pasajes y principales momentos de la Pasión y Muerte del Hijo de Dios que pueden verse en la jornada, deleitándo a los oyentes y posteriores lectores de la obra con un texto clásico y lleno de belleza poética.

EVANGELIO DEL DIOS MISERICORDIOSO Y DE LA CARIDAD FRATERNA (Jueves Santo)

¡Qué hermosa está Sevilla la mañana del Dios de los sagrarios y cómo se nos muestra esta gloria en la pluma apasionada de su hijos!

¡Cuántas veces el Pregonero vio, sobre la madera arrodillada de un reclinatorio y ante la gala del Sagrario de la Magdalena, la figura humilde y creyente del maestro Juan Sierra, equidistante el atrio de su corazón de los ungüentos y de los óleos del Sagrado Descendimiento de la Quinta Angustia y del Señor del Calvario cansado de su larga hermosura! ¡Qué pobre y qué sincero nuestro recuerdo hacia quien hizo tanto por captar esta fragancia en su “Palma y cáliz de Sevilla”! Recuerdo compartido este año con el de su sobrino Paco Ferrán, ya junto a Nuestra Madre de los Dolores.

Por las antiguas collaciones, hay un rumor de mañana de Corpus. Y en Triana, Santa Ana, la Virgen y el Niño y la Madre Auxiliadora de los trianeros, la Sentaíta, parecen esperar el milagro de unos seises de la Cava, bailando sobre la juncia del Corpus Chico.

¡Cuánto enamorado, cuánta exageración del gozoso recinto de la ciudad más cantada, espléndida como el azul transparente de las laderas del aire!

Y cuántos hechos tan expresivos de la singularidad de esta tierra.

Como el testimonio reciente de cuando vino nuestro Arzobispo y quiso saber si era el prelado de mayor estatura en la sede de San Isidoro.

La respuesta no pudo ser más descorazonadora: Hubo diez más altos.

Insistió Fray Carlos: “¿Y el primer franciscano?”.

-“El quinto”, le contestaron.

-“Al menos seré el primero de Medina de Rioseco”.

Y le dijeron: “De Medina de Rioseco, el segundo”.

Y concluyó nuestro Arzobispo: “¡Hay que ver lo difícil que es ser en algo el primero en Sevilla!”.

¡Es Jueves Santo! Día del Dios misericordioso y de la caridad fraterna.

Cruza Nuestro Padre Jesús el torrente Cedrón hasta llegar a la calle Feria, al Huerto de los Olivos.

Cristo se arrodilla, se postra en tierra, cae sobre su rostro y pide en su Oración no beber el cáliz de la Pasión y de la Muerte. Y suda sangre y se entrega a la voluntad del Padre y debe esperar tres días el consuelo de la Resurrección.

Misterios Dolorosos para la Madre, en su Rosario de Montesión.

Dios te salve María del Rosario, llena eres de Gracia y Dios contigo, ¡benditas tus entrañas de testigo y bendito tu fruto de sagrario!

Santa Madre del Hijo trinitario, Dios palabra, Dios hombre y Dios amigo, quita las amapolas de mi trigo en tu monte de gloria y de calvario.

Proclame Montesión tu letanía: puerta de Dios, auxilio y alegría, vaso de caridad y torre fuerte.

Ruega por nuestra rosa de los vientos y la niñez de nuestros pensamientos. ¡Ahora y en la hora de la muerte!

Cristo es Atado a la Columna y Coronado de Espinas, y pasa con la Cruz al Hombro; y es elevado, con la Exaltación de la Cruz, por Santa Catalina.

El Cristo de la Fundación muere por todos los hombres, por los blancos y por los negros, por los judíos y por los musulmanes, por los creyentes y por los no creyentes. Ya no hay excusas para nuestra acepción de personas; porque si Dios muere por alguien de una manera prioritaria, es por el más pobre y más necesitado.

Contemplemos el fiel retrato del Dios del perdón en el paño de la Verónica, esta mujer valiente que da la cara cuando los hombres se avergüenzan de declararse amigos del reo, cuando lo venden por treinta monedas o por treinta vanidades, cuando ser de los suyos se convierte en un riesgo.

También la Semana Santa de Sevilla debe a las mujeres sus raíces más auténticas, lo mejor de sus tradiciones. Porque el testimonio de su fe es la piedra angular que sostiene, generación tras generación, tanta grandeza.

Y bendita entre todas las mujeres, por todas las generaciones, esta Virgen del Valle, la del llanto inconsolable que es capaz, con su misericordia, de aliviar todo el llanto de Sevilla.

Sale la Virgen del Valle y los ángeles del Cielo rezan con voz de marfil los más dolientes misterios. Cada gloria, una paloma; un sol, cada padrenuestro; y con cada avemaría el llanto más dulce y tierno. Viene la Virgen del Valle con hojillas de platero prendidas en su sollozo de granate terciopelo, y hay un temblor de plegarias sobre el llanto del incienso, hasta que sale a la brisa el favor de su pañuelo. Pasa la Virgen del Valle con el llanto más intenso en el verde de sus ojos y en el altar de su pecho.

Llora la Virgen del Valle el llanto del Hijo muerto; y cuando enciende la noche la oración de sus luceros, ¡tanto llanto la conmueve, lleva tanto llanto dentro, que el corazón de Sevilla es un Valle sin consuelo!

Cruza por Temprado la Virgen de la Victoria, más hermosa cuanto más doliente; y por Argote de Molina el esfuerzo de toda la Pasión ennoblece la presencia redentora del Dios y hombre verdadero.

No caben por Castelar todas las Angustias de la Madre, mientras el pudor de la noche ayuda a suavizar la impresionante escena del Dios muerto que desciende de la Cruz.

Tres calles de Sevilla, tres momentos estelares de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, tres Glorias del Jueves Santo.

Judas vendió con un beso al mejor de los nacidos, por mis traiciones y olvidos a tanta columna preso. Todo dolor tiene acceso a su corazón, cualquiera azota, escupe, macera su silencio maniatado. ¡Y llora por mi pecado una Madre Cigarrera!

¡Qué solemne laberinto de llantos, lino y ternura donde el aire es sepultura, donde el silencio es distinto! En el sagrado recinto siembra el Amor su semilla y la tarde se arrodilla con pena tan alta y mustia, ¡que pasa la Quinta Angustia por el alma de Sevilla!

La plata es viva oración, la cera se hace camino y el silencio es peregrino junto al Señor de Pasión. La rotunda salvación que levanta esa cadera es, en la noble madera de la larga cruz que avanza, una bienaventuranza de plata, silencio y cera.

Tres glorias del Jueves Santo en el altar de la noche, el más sagrado derroche de misericordia y llanto. Y en tanta emoción y en tanto sacramento del amor, tan sevillano esplendor: ¡la Victoria más hermosa, la Angustia más dolorosa y la Pasión del Señor!

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