Extracto del Pregón de la Semana Santa de Sevilla
Lutgardo García. Año 2015
Las palabras casi molestan para describir este fragmento. Poco se puede añadir. Es mejor guardar silencio y leer como hace poesía el pregonero con nuestra Semana Santa.
El texto discurre entre la prosa personal, discreta y sincera de Lutgardo mientras medita y reza a golpe de verso sobre la efigie del Cristo pensativo, el Señor de la Humildad y Paciencia, invitando al mundo a pararse y orar junto a él.
Humildad y Paciencia
ESCENAS de la Pasión como el Beso de Judas o el Prendimiento han sido ampliamente representadas a lo largo de la historia.
Es fácil verlas incluso en los capiteles románicos historiados. Pero el silencio de Jesús, los silencios de la Pasión, en el diálogo asimétrico con Pilato o en la entrevista con Herodes, no han corrido igual suerte.
Ha dicho el Papa Francisco que “el Reino de Dios está en el silencio y no en el espectáculo”. De todos los silencios del Señor, el que más me ha impresionado desde niño es el silencio solitario, discreto, del Cristo de la Humildad y Paciencia.
“Ofrecí la espalda a los que me apaleaban” se escucha en Isaías 50 tras la procesión de palmas. Ante la sociedad del ruido, aparece un Cristo que medita, como un filósofo o un maestro oriental, consciente de su realidad y en permanente búsqueda interior. Asciende el incienso y canta la escolanía en el fulgor adolescente de la tarde del domingo. Su figura es breve, sencilla, pero honda y reflexiva, como un haiku…
HOY nos enseña el Señor su humildad, y su paciencia.
Cuando Dios calla, en el silencio escribe cada palabra.
Sol es la calle donde Cristo medita sus soledades.





