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Diario de Cuaresma (XVII): El Cristo que medita

Extracto del Pregón de la Semana Santa de Sevilla

Lutgardo García. Año 2015

Las palabras casi molestan para describir este fragmento. Poco se puede añadir. Es mejor guardar silencio y leer como hace poesía el pregonero con nuestra Semana Santa.

El texto discurre entre la prosa personal, discreta y sincera de Lutgardo mientras medita y reza a golpe de verso sobre la efigie del Cristo pensativo, el Señor de la Humildad y Paciencia, invitando al mundo a pararse y orar junto a él.

Humildad y Paciencia

ESCENAS de la Pasión como el Beso de Judas o el Prendimiento han sido ampliamente representadas a lo largo de la historia.

Es fácil verlas incluso en los capiteles románicos historiados. Pero el silencio de Jesús, los silencios de la Pasión, en el diálogo asimétrico con Pilato o en la entrevista con Herodes, no han corrido igual suerte.

Ha dicho el Papa Francisco que “el Reino de Dios está en el silencio y no en el espectáculo”. De todos los silencios del Señor, el que más me ha impresionado desde niño es el silencio solitario, discreto, del Cristo de la Humildad y Paciencia.

“Ofrecí la espalda a los que me apaleaban” se escucha en Isaías 50 tras la procesión de palmas. Ante la sociedad del ruido, aparece un Cristo que medita, como un filósofo o un maestro oriental, consciente de su realidad y en permanente búsqueda interior. Asciende el incienso y canta la escolanía en el fulgor adolescente de la tarde del domingo. Su figura es breve, sencilla, pero honda y reflexiva, como un haiku…

HOY nos enseña el Señor su humildad, y su paciencia.

Cuando Dios calla, en el silencio escribe cada palabra.

Sol es la calle donde Cristo medita sus soledades.

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