El pasado fin de semana tuve la inmensa fortuna de regresar, doce años después, a Córdoba para disfrutar del magnífico Vía-Crucis Magno que acogió la ciudad califal, repitiendo la cita de 2013. Recuerdo que aquel primer acontecimiento tuvo lugar a los pocos meses de comenzar a escribir para este medio, y mi titular fue precisamente: «La otra lectura del Vía-Crucis Magno». Aquel cofrade, que se enamoró de la Semana Santa cordobesa, volvía rodeado de gente maravillosa a la ciudad tras más de una década, en la que han pasado muchas cosas. Esta lectura alternativa y personal del Vía-Crucis Magno la hago en calidad de cofrade foráneo, sí, pero también de apasionado de las hermandades de Córdoba, que tanto me han aportado en lo personal y lo cofrade durante estos años, incluyendo lazos de amistad que mantengo con cariño.
Poco más de una década después, la historia se repite. Una ciudad con gran afluencia de público de los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía, innumerables tesoros devocionales, patrimoniales y artísticos desfilando por sus calles, algunos fallos organizativos -el hilo musical del recorrido oficial, inexplicable- y una crítica a mi juicio injusta de los cofrades de la propia capital, que con demasiada facilidad olvidan lo mucho y bueno que deparó el Vía-Crucis para centrarse en los pequeños desajustes. De nuevo, los árboles no han dejado ver el bosque, hermoso en este caso. También sucedió en 2024 con la Magna Mariana en Jerez de la Frontera. Es lícito, y justo señalar de forma crítica los errores o aspectos susceptibles de mejora, pero la organización de un acontecimiento religioso tan mayúsculo implica la existencia de errores, simplemente por la imposibilidad de controlar todas y cada una de las variables existentes, especialmente en lo que se refiere a horarios e itinerarios. Asumidos, con naturalidad, esos errores, nos queda rendirnos ante un Vía-Crucis Magno que ha conjugado las virtudes de la capital y las de los pueblos de su provincia, que han deleitado a todos y cada uno de los presentes. Por ello, mi enhorabuena a los organizadores y a las hermandades implicadas.
Sea como fuere, si bien la sorpresa no ha sido tan mayúscula como en 2013, cuando lo cordobés era más desconocido al gran público, lo cierto es que ha resultado igual de agradable. No es el objeto de este artículo hacer una crónica pormenorizada, ya que afortunadamente, contamos con excelentes cronistas en este medio. Pero sí quisiera resaltar algunos aspectos con los que me quedo tras lo vivido el pasado 11 de octubre en primera persona. Con la salvedad de que fue imposible ver muchas cofradías, estas son mis humildes claves para vertebrar el recuerdo de este Vía-Crucis Magno.
El mejor sitio para ver cofradías del mundo
No hay ningún otro lugar que posea tal cantidad diferente de rincones bellísimos por los que pasen cofradías. La combinación de avenidas amplias, vistosas, auténticas joyas patrimoniales como el Puente Romano, el Triunfo, los alrededores de la Mezquita en general, San Pablo, San Lorenzo, las Tendillas, con el aroma de barrio de lugares como San Basilio, es absolutamente inigualable. Da gusto ver cofradías por enclaves tan plásticos, es muy fácil sentir envidia sana hacia la posibilidad y la facilidad de contemplar pasos majestuosos por lugares bellísimos. Una suerte para los fotógrafos.

Como en 2013, las mejores bandas del panorama actual
Ya sucedió en el Vía-Crucis de 2013. Rosario de Cádiz, junto a otras, brilló con luz propia pese a la presencia de otras formaciones que vinieron con el emblema de mediáticas. La música dictó sentencia irrefutable. En esta ocasión, el altísimo nivel musical de las bandas ha vuelto a pasar por encima de lo mediático. No se echó en falta a las tres o cuatro punteras que no estuvieron presentes en la cita -incluida la propia Rosario-. Por destacar algunas formaciones, más allá de la exquisitez de Pasión de Linares, la brillantez sin discusión -aunque a alguno le siga pesando- de la Redención de Sevilla o el estandarte cordobés de Redención de Córdoba, me cautivó especialmente la A.M. Afligidos de Puente Genil, que hizo un auténtico despliegue de un repertorio tan extenso como rico, y mostró una conjunción sublime con el paso de misterio. Grata impresión me llevé de la B.C.T. Nazareno de Arahal, que por méritos propios se está erigiendo como una de las grandes de la provincia sevillana. Destaco, de igual manera, a las dos bandas onubenses: la B.C.T. Nazareno y la A.M. Santa Cruz, que se plantaron en la ciudad de San Rafael a mostrar su excelencia, que las sitúa, sin ninguna duda, a la vanguardia de sus respectivos géneros. Su repertorio propio es digno de mención especial. Las bandas de palio, sublimes todas, pero escuchar a la Municipal de Arahal, a la Esperanza de Córdoba o a la Sinfónica de Dos Torres es un auténtico deleite para el oído. La A.M. Expiración de La Rambla mostró la calidad musical que atesora la provincia de Córdoba, al igual que la A.M. Angustias de Alcalá la Real, en una tierra tan rica en bandas, especialmente agrupaciones musicales, como lo es Jaén. Mención de honor para ambas. Me perdí a la Banda del Sol, pero la conjunción con la Sentencia se antoja ideal, al igual que a la Banda de la Salud, que a buen seguro rayó a un altísimo nivel. Por fin pude escuchar en directo a la A.M. Santo Tomás de Villanueva de Ciudad Real, tan maravillosa como esperaba, y diseñada al dedillo para el barrio de San Basilio.

El momento cofrade del año: las Esperanzas
Pasará el tiempo y los cofrades, cordobeses y foráneos, recordarán el momento vivido en Capitulares entre la Virgen de la Esperanza y la Virgen de la Paz y Esperanza. Elegancia, emoción… y muchísima Esperanza para llenarse el corazón. La elección del repertorio, magistral, conjugando a la perfección el rico repertorio de ambas devociones marianas. Difícilmente repetible en el tiempo, perdurará por siempre en el imaginario cofrade cordobés como el momento en el que las dos grandes devociones marianas de la ciudad se miraron frente a frente. Sin duda, el momento cofrade del año en Andalucía, en mi opinión. Y me lo perdí por 10 o 15 minutos… La Esperanza es un sentimiento universal, que no entiende tanto de denominaciones de origen como de espiritualidad y de estilo de vida. Sin duda, también vive en Córdoba, ¡y qué bonita es!
Los pueblos: sin complejos
La fórmula de invitar a los pueblos a este tipo de Magnas no es nueva. Pese a que Córdoba ya acogió una gran cita en 2019 con la presencia de Nazarenos de los pueblos, lo cierto es que fue en Cádiz donde, se empezó a extender la idea de invitar a hermandades de la Diócesis a participar en el año 2013, repitiéndose este hecho años más tarde, en 2017, en la propia Tacita de Plata. Hace escasas semanas Huelva acogió una Magna Mariana con presencia de cofradías de la provincia. La gente de los pueblos tiene mucho que aportar a la Semana Santa. Son muchísimos los tesoros que encierran sus hermandades en cuanto a patrimonio, devoción e historia. Ver imágenes como la Columna de Lucena o la Columna de Priego de Córdoba resultó más que interesante. Pasos de misterio como el Huerto de Cabra, la Coronación de Fernán Núñez o los Afligidos de Puente Genil demostraron que podrían, perfectamente, procesionar en la capital, y lo harían de manera destacada. Las cofradías de los pueblos cordobeses se mostraron tal y como son, sin complejo alguno ni impostar ninguna identidad ajena, pese a que haya quienes, torpemente, desprecien siglos de devoción y tradición en favor de determinados cánones que nadie sabe muy bien por qué hay que seguir a rajatabla.

Comodidad
Pese a la majestuosidad del Vía-Crucis Magno, y la cantidad de gente que asistió a la ciudad de San Rafael, lo cierto es que en ningún momento tuve sensación de incomodidad o aglomeración agobiante de gente. Era muy cómodo ver a las cofradías en la Avenida Doctor Fleming, donde podías ver dieciocho de las treinta y cuatro participantes. La zona de San Lorenzo presentaba algo más de aglomeración, pero igualmente sin masificación. Como norma general, es fácil ver hermandades, de primerísima calidad, más allá de las fronteras hispalenses. Como nota a pie de página, destaco lo inexplicable que resulta que muchos comercios de hostelería dejaran de servir o, directamente, estuvieran cerrados, en las horas punteras de cofradías. Me resultó llamativo, y no para bien.
En resumen, se me antoja que, si ha habido un acontecimiento cofrade extraordinario digno de tal título en 2025 ha sido, sin duda, este Vía-Crucis Magno cordobés. Treinta y cuatro hermandades -se dice pronto- han mostrado todas sus bonhomías por las idílicas calles cordobesas, ciudad que alberga un marco incomparable para ver pasos. Este 11 de octubre nos dejó momentos radiantemente históricos que perdurarán en el tiempo. Todo ello, a mi humilde entender, vence por su propio peso a los errores organizativos, que por supuesto los hubo, pero en ningún caso pueden opacar a lo verdaderamente importante: Córdoba volvió a erigirse, de forma incuestionable, en una de las capitales de la Semana Santa andaluza.





