Córdoba, ⚓ Costal, 💚 El Rincón de la Memoria

Efectos socioculturales de las cuadrillas de la familia Sáez

En octubre de 2009 la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba presenta un informe titulado “Efectos Socioeconómicos de la Semana Santa en la ciudad de Córdoba”, elaborado por Analistas Económicos de Andalucía con el patrocinio de Unicaja y la colaboración del propio Ayuntamiento de Córdoba, en el que se ponen de manifiesto unas cifras altamente concluyentes: la Semana Santa mueve en la capital 42 millones de euros al año, permitiendo la creación de 1.682 puestos de trabajo y alcanzando el 0,35% del PIB de la provincia.

Teniendo en cuenta que el aspecto inmaterial de la Semana Santa, compuesto por la cultura, el folclore, la música, la gastronomía o la historia es invaluable, la parte económica analizada en dicho estudio pone de manifiesto la relevancia de una actividad única en nuestra ciudad. El propio estudio arroja datos concluyentes sobre el número de visitas a los museos municipales durante tres periodos: mes de mayo, Semana Santa y resto del año. La media de cualquiera de los dos periodos es siempre superior a la media del resto del año, siendo llamativo que el número de visitas durante la Semana Santa (contada desde el Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección) es siempre cercano, cuando no superior, al contabilizado para todo el mes de mayo cordobés. Dicha conducta se repite al analizar el número de visitantes a los principales monumentos de la capital, poniendo de manifiesto la importancia que para la economía local tiene todo lo relacionado con la Semana Santa.

En este momento vuelven a tomar una relevancia especial todos aquellos que, con su dedicación, contribuyeron al afianzamiento de la religiosidad popular cordobesa y sus manifestaciones externas. Sólo podemos entender la Semana Santa actual, con sus componentes culturales, sociales y económicos, entendiendo la de las generaciones anteriores, cuyo trabajo afianzó una Semana Santa embrionaria tras muchas décadas de postración. La prohibición en 1820 de más procesiones que la oficial del Viernes Santo provocó un proceso de pérdida paulatina de identidad cofrade/religiosa que desemboca en la desaparición de todas las procesiones durante cerca de 30 años, con una ligera recuperación durante las últimas décadas del siglo XIX y una revitalización algo mayor a partir de la década de 1910. Sólo entendiendo a las personas que colaboraron en dicha recuperación, y manteniendo su memoria viva para las generaciones venideras, seremos capaces de comprender esta parte de nuestra historia que hoy en día, y más allá de las repercusiones sociales y económicas descritas, nos diferencian del resto de ciudades andaluzas colaborando en el refuerzo de nuestra propia identidad.

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