El monasterio de Santa Paula contiene obras de Felipe de Rivas, Alonso Cano o Martínez Montañés, entre otros. Hoy nos detendremos en uno de los retablos de la iglesia, el que acoge a Cristo crucificado y que recibe el nombre de Cristo del Coral, antiguo titular de Monte-Sión
Una vez que se accede al compás del monasterio de Santa Paula la espectacular portada realizada por Niculoso Pisano y Pedro Millán nos da una idea de la riqueza que este cenobio atesora. La iglesia del monasterio, bendecida el 8 de junio de 1475, contiene obras sobresalientes, como una escultura de San Juan Bautista, de Martínez Montañés, y podría sorprender todavía más al visitante si la invasión napoleónica no se hubiera llevado por delante obras como La visión de Jerusalén por San Juan Bautista, hoy en la Wallace Colection de Londres o San Juan Evangelista y Santiago Apóstol, en el Museo del Louvre, ambas obras de Alonso Cano.
Centrándonos en el muro derecho, aparece un retablo dedicado a San Juan Bautista, donde precisamente se encuentra la obra del santo, realizada por el genio de Alcalá la Real en 1638. Precisamente a continuación de este, aparece un retablo que, bajo la advocación de Santo Cristo del Coral, presenta un crucificado ejecutado a finales del siglo XV acompañado por esculturas de la Virgen y San Juan, ambas del siglo XVIII. Los estudiosos han venido atribuyendo esta imagen a Pedro Millán, discípulo de Nufro Sánchez y continuador de Mercadante de Bretaña.
Para conocer la historia de este crucificado hay que viajar a los orígenes de la hermandad. Sin embargo, hasta tres teorías existen sobre el nacimiento de una corporación que en su origen fue de las denominadas de “Luz”. Una de ellas afirma que la hermandad se fundó en el hospital de las Cinco Llagas, siendo la segunda defendida por el historiador y hermano mayor Hilario Arenas cambia radicalmente su nacimiento tras unos legajos que él mismo encontró. Manifestó que el origen estaría en la devoción a un crucificado, según pudo observar en una carta de hermanamiento con las monjas jerónimas –las que regentan el cenobio–, y cuyo contenido está citado en la página web de esta corporación del Jueves Santo.
El mencionado legajo recoge los temas tratados en los cabildos celebrados los días 3 y 7 de abril de 1591: “En Monte-Sión, Domingo de Ramos siete días del mes de abril de mil quinientos y noventa y un años, estando juntos como lo han de costumbre los alcaldes y hermanos de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, se acordó y trató las cosas siguientes: Este día se trajo de las señoras monjas de Santa Paula, nuestras hermanas, una alcancía en que se hallaron setenta reales y más veinte y dos libras de cera nueva en candelas y más unas potencias de plata con piedras engastadas en ellas para el Cristo Crucificado que es nuestro y está en el dicho convento de las señoras monjas”. Años más tarde, en 1580, el provisor del arzobispado aprueba nuevas Reglas bajo el título de “Cristo de la Salud y Nuestra Señora del Rosario”, siendo hermandad de luz.
La tercera de las teorías, defendida por Joaquín Rodríguez Mateos, presenta el origen de la hermandad relacionada con la orden dominica y la fundación del convento de Monte-Sión, haciendo referencia a un crucificado con la advocación de “Salud”. Sin embargo, Alberto Ramírez apunta que en 1574 la hermandad se traslada al convento de Monte-Sión y que allí ya es otra talla a la que rinden culto, haciendo estación de penitencia y siendo donada por una hermana de la cofradía llamada Catalina. Esta imagen se atribuyó a Gaspar del Águila, quien la realizaría el 29 de julio de 1568. La imagen, que supuso un desembolso de treinta ducados, tendría “dos baras y ochavas de estatura y se realizaría de pino de segura y la cruz de borne”. Las teorías vuelven aquí a poner en cuestión este capítulo, ya que la talla estaba realizada en pasta de madera y poseía rasgos indianos, por lo que no sería esta la ejecutada por Gaspar del Águila. Una talla, enviada por una hermana que residía en el Nuevo Mundo y que ocupó un altar en la capilla, desapareciendo en julio de 1936. Gabriel Ramos Ayerbe recuerda el día en el que accedió a la capilla, encontrando en el lugar donde estaba la imagen “la cruz y un brazo clavado a ella”. Después, en 1954 llegaría el actual Cristo de la Salud de Monte-Sión, obra de Luis Ortega Bru, inspirado en el Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, de Montserrat.
Este segundo crucificado presidiría el altar mayor hasta 1605, cuando se acordó que la imagen de la Virgen presidiera este espacio, pasando el crucificado a ocupar el altar que se encuentra a la izquierda. El crucificado haría estación de penitencia hasta 1668, cuando el 15 de abril de aquel año se acordó suprimir este paso, ya que “dijo Don Francisco Lobo Santaella que el paso del Santo Cristo Crucificado que se lleva en la estación, que es imperfecto, y que no es menester más que el paso de la Oración del Huerto, por ser el primero de los cinco misterios dolorosos del Rosario, y el paso de Nuestra Señora, y que así si les parecía se vendiese. A que determinaron los señores alcaldes y mandaron se venda. Y se da poder al dicho mayordomo Don Francisco Lobo Santaella para que disponga de él y el dinero entre y se le dé a Bernardo Simón, maestro de ensambladura, para ayuda de un paso que está haciendo de la Oración del Huerto. Y así lo acordaron los señores alcaldes…”.
El crucificado que aguarda en Santa Paula posee los rasgos habituales del tardogótico, con la corona de espinas trenzada y tallada sobre la misma cabeza, un tórax abultado y unas costillas muy marcadas, mientras que el paño de pureza está recogido sobre las rodillas. La advocación de “Cristo del Coral” se debe a una leyenda que actualmente permanece escrita en el dorso de un cuadro que recoge un rosario de coral. En la misma se recoge que dos jóvenes llegaron un día al monasterio dejando un cajón cerrado. Viendo las monjas que nadie pasaba a recogerlo decidieron abrirlo, encontrándose la imagen de Jesús crucificado acompañado por un rosario ejecutado con corales. De ahí el nombre que recibe el crucificado, que con el paso del tiempo ha quedado reducido a “Coral”.
La devoción al crucificado, ya establecido en Santa Paula, quedó reflejada en las Religiosas estaciones que frecuenta la religiosidad sevillana del abad Gordillo, en 1612, afirmando que quienes acudían rezaban treinta y tres Padrenuestros y un Ave María o el mismo número de Credos. Además, desde la puerta de la iglesia hasta el retablo en el que se encuentra esta talla acudían de rodillas, celebrando el último viernes misa en el altar. Incluso el abad Gordillo habla de un ramo de coral que estaba a los pies del Cristo y que fue depositado por una mujer cuyo marido se encontraba en el Nuevo Mundo.
Una talla milagrosa que, según algunas hipótesis, sería origen de la hermandad de Monte-Sión y que duerme en el silencio que ofrece la iglesia del monasterio. Uno de los grandes cenobios de Sevilla, con grandes obras, como la de este crucificado envuelto en leyendas.






