El arzobispo de Sevilla da una lección, un año más, en la Cabalgata de Reyes Magos

​Como es tradición antes de la Epifanía del Señor, monseñor José Ángel Saiz Meneses ha participado por tercer año seguido en los actos de la Cabalgata del Ateneo de Sevilla. El arzobispo ha sido el encargado de poner la corona al rey Gaspar, papel que este año ha desempeñado Juan Ignacio Zafra Becerra. Con este gesto, la Iglesia sevillana vuelve a mostrar su apoyo a la ilusión de los más pequeños en esta jornada tan especial.

​Acto oficial de coronación en la Universidad de Sevilla

​La ceremonia de imposición de coronas ha tenido lugar en el balcón del Rectorado de la Universidad de Sevilla, justo antes de que el desfile empezara a recorrer la ciudad. En el mismo acto, la rectora de la Universidad, Carmen Vargas, coronó a Iván Bohórquez Domecq como rey Melchor. Por su parte, el alcalde de la capital, José Luis Sanz, hizo lo propio con el rey Baltasar, encarnado en esta ocasión por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno.

​El arzobispo preside el inicio del desfile real

​Una vez terminadas las coronaciones, el cortejo real comenzó a salir del edificio de la Universidad. En ese momento, el arzobispo Saiz Meneses se unió a la presidencia del desfile, caminando junto al alcalde, la rectora y los directivos del Ateneo de Sevilla. Durante el primer tramo del recorrido, el prelado pudo vivir de cerca el entusiasmo de las familias sevillanas y disfrutar del ambiente festivo que rodea a las carrozas de los Magos de Oriente.

​Entrega de regalos religiosos y bendiciones a las familias

​Durante su paso por las calles, monseñor Saiz Meneses no solo se limitó a acompañar a la comitiva, sino que participó activamente repartiendo caramelos entre la gente. Además, entregó pequeñas figuras del Niño Jesús, explicando que su intención es que los niños las pongan en sus mesillas de noche para rezar antes de dormir. A lo largo del trayecto, el arzobispo también se dedicó a bendecir a los numerosos niños y padres que lo llamaban, compartiendo con ellos la alegría de la llegada de los Reyes.

Esta participación activa de la jerarquía eclesiástica en una fiesta de arraigo popular supone, en esencia, una forma directa de evangelizar. Al integrarse en el desfile, el arzobispo traslada el mensaje cristiano más allá de los templos, llevando la buena noticia del nacimiento de Jesús a las calles de la ciudad. La entrega de las figuras del Niño Dios y las bendiciones constantes convierten el evento en una oportunidad para recordar el sentido religioso de la Epifanía, recordándole a los fieles que, tras los regalos y el espectáculo, el verdadero origen de la alegría es la presencia del Redentor en cada hogar.