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Córdoba

El boceto que originó el cartel de César Ramírez

Una obra con un elevado contenido evangelizador y simbólico.

Córdoba ha recogido entre sus brazos este sábado, el incomparable regalo que, en forma de cuadro anunciador, el contrastado artista sevillano César Ramírez ha creado para ilustrar su próxima Semana Santa. Una obra de arte, dotada del más genuino estilo del pintor y arquitecto, que ha causado la admiración de propios y extraños y ha concitado el aplauso unánime del pueblo de Córdoba, consciente de que goza de una obra para la historia a la altura de lo que merece su Semana Santa.

Una obra, basada en las profecías de Ezequiel, que narran la segunda venida del Mesías, que entrará por la Puerta Dorada de Jerusalén, mutada en Puerta Dorada de la Mezquita Catedral, cuyo proceso creativo ha sido desvelado por el propio Ramírez en la presentación de la obra y que desde el primer boceto ya atesora permite vislumbrar el genio inigualable de uno de los artistas más importantes de la pintura religiosa y la cartelería contemporánea, como atestiguan todas y cada una de las obras del este artista mayúsculo. Una Semana Santa que carece de sentido si no es caminando a la Catedral, a esa Catedral, núcleo esencial de la religiosidad popular de Córdoba y los cordobeses, que abre su Puerta Dorada, metafórica y físicamente, para albergar en sus entrañas el alma de la ciudad. Una impresionante composición que vuelve a dejar el listón muy elevado para la posteridad y vuelve a evidenciar que el sendero emprendido por la Agrupación de Cofradías, en lo que a la elección de cartelistas se refiere, es indiscutiblemente acertado

El irrenunciable contenido evangelizador de la obra es abordado por el propio Ramírez: “Entonces me hizo volver por el camino de la puerta exterior del Santuario que da hacia el oriente y estaba cerrada. Y el Señor me dijo: Esta puerta estará cerrada, no se abrirá y nadie entrará por ella, porque el Señor, Dios de Israel, ha entrado por ella. Por eso permanecerá cerrada” Libro de las Profecías de Ezequiel 44:1-2.

La puerta cerrada a la que se hace referencia, es la famosa Puerta Dorada de la ciudad de Jerusalén, según las profecías de Ezequiel y Zacarías, se deduce que por esa puerta entrará el Mesías en su Segunda Venida para el Día del Juicio Final, es por ello que la puerta permanece sellada desde el año 1541 cuando Solimán el Magnifico, conocedor de esta tradición judía, mandó cegarla. Desde entonces y hasta nuestros días, nadie se ha atrevido a abrirla.

Esta impactante profecía es la que inspira mi obra, donde la puerta oriental de la Catedral de Córdoba (la llamada de Jerusalén) es la Puerta Dorada que finalmente es abierta y que estalla en la forma del contorno del Casco Histórico de la ciudad de Córdoba para acoger la venida del Mesías que se aproxima en la figura de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia para juzgarnos a todos el día del Juicio Final, al igual que Él fue juzgado en su día y precedido por su Madre Nuestra Señora de Gracia y Amparo para rogar por nosotros y recibirlo en su Reino Eterno. Técnicamente se trata de una obra al óleo sobre tabla, con láminas de falso pan de oro envejecidas con betún de judea y relieves hechos en estuco.

El trampantojo visual acentúa su barroquismo con una diagonal ascendente desde los nazarenos del primer plano hasta la parte superior del monumento al Triunfo de San Rafael, que acompañado en su base por los mártires patronos de Córdoba, marchan junto a Nuestro Padre Jesús de la Sentencia en su caminar hacia la Puerta Dorada. Esta composición inspirada en las profecías bíblicas se culmina con el detalle de la Parroquia de San Nicolás de la Villa, donde tiene su Sede Canónica la Hermandad de la Sentencia, y que ubicada en el cuadro dentro del callejero de Córdoba aparece también en relieve así como los clavos de la puerta y realizado todo en estuco.

El fin principal de este cuadro anunciador de la Semana Santa de Córdoba, es poner en valor su nueva Carrera Oficial, destacando los principales monumentos cordobeses que la inician (Puerta del Puente y Triunfo de San Rafael) y a la vez resaltar el simbolismo de las profecías bíblicas, extrapolándolas a la ciudad de Córdoba a través de la planimetría de su casco histórico, para hacernos reflexionar, desde elementos cercanos a nosotros, sobre lo efímero de la vida terrenal y para que no se nos olvide que algún día, todos seremos juzgados por nuestros actos.

En la obra de César Ramírez, que ha dedicado la obra a su amiga Eva Blanco, desaparecida recientemente, la inconsolable María Santísima de Gracia y Amparo, de cuerpo entero, maravillosa e impactante, ocupa el núcleo central del óleo, inundando con su impactante figura una obra espectacular, con una composición sencillamente perfecta, al más puro estilo del artista sevillano.

A la derecha, según observa el espectador, el cuadro muestra el magnífico misterio de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, haciendo gala de esa elegancia y firmeza tan características del paso que preside la serena imagen que gubiara Juan Martínez Cerrillo, y un cirial de los que anticipa su presencia por las calles cordobesas cada Lunes Santo. Completa esta parte de la obra, el arcángel San Rafael, que se convierte de algún modo en Custodio de la escena, como lo es de toda la ciudad a la que protege, por mandato divino, desde que se le apareciese al Padre Roelas, el 7 de mayo de 1578.

La izquierda del cuadro está reservado para otro elemento con un elevado contenido simbólico, la Puerta del Puente, elemento con un elevado contenido simbólico por cuanto pone en valor la nueva Carrera Oficial de la que es punto de partida, intención ya puesta de manifiesto por el propio Ramírez en la imborrable entrevista concedida a Gente de Paz. Miembros del cortejo nazareno, burdeos y blanco, de la cofradía de San Nicolás, completan esta parte de la obra.

Pero un elemento añade un punto de originalidad a una maravillosa composición que ya de por sí se compone de elementos jamás empleados, que muestra a la hermandad de la Sentencia, la Puerta del Puente y al Custodio de la ciudad, conformando una escena inédita en los carteles de la Semana Santa de Córdoba, un plano del casco histórico de la ciudad que se convierte en el fondo sobre el que todo se construye. Un plano cuya presencia guarda una íntima relación con la condición de arquitecto del artista, su otra pasión, sobre el que se levanta la iglesia de San Nicolás, origen del devenir de la cofradía, camino del mayor templo de la diócesis, corazón del catolicismo de Córdoba, por el que transita toda la esencia de la cofradía del centro por excelencia.

Un plano que se erige en un nuevo elemento simbólico para una Semana Santa que ha reconquistado la historia milenaria de sus rincones, de sus calles y sus plazas, recuperadas para siempre por obra y gracia de la nueva Semana Santa de Córdoba, no como un lugar de paso, sino como destino de su futuro imperecedero

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