Vaya chasco que se han llevado quienes han accedido esta mañana a la plataforma escogida por el Consejo para la venta de las sillas de la procesión de clausura del congreso -que no procesión magna, porque hay tantas ya que hasta el término se ha acabado devaluando, pasando a ser hasta un eufemismo-. Conste que el Consejo no tiene la culpa, como tampoco podemos cargarle el muerto de haber tenido la idea de encargar el cartel a un señor que ha causado en un importante sector de la sociedad rechazo al color rojo -y a las chaquetas de terciopelo de igual color-.
Con tan solo un vistazo a las redes sociales encontramos lo que ha supuesto la frenética mitad de la mañana con respecto a su venta. A las doce y media, aproximadamente, ya se habían volado las sillas. Desde las ocho de la mañana refrescando y haciendo cola. Son tantos los comentarios que aquí voy a exponer mi experiencia personal, compartida tristemente por muchos.
A las ocho menos cuarto de la mañana uno accede a Giglon, un portal muy conocido que funciona muy bien para la venta de entradas. Y a la misma hora uno ya está cola. Cierto es, en cola, esperando, pero no sabes cuántas personas tienes antes que tú. Y de pronto te adelantan por todos lados, como cuando en pleno centro de la ciudad uno acude en Semana Santa y hay quien mete el turbo y te da un empujón que te manda de Cuna a Sierpes en menos que tarda en pasar la Corona. Un adelantamiento virtual que ni para un concierto de Taylor Swift, con todo su fandom.
Personas que se conectaban y en veinte minutos tenían ya las entradas adquiridas. Otras, cuatro horas de espera, pero nosotros… ¡por fin accedemos! Y ahí seleccionamos en el desplegable la ubicación, rellenamos todos los datos, y llegamos a la plataforma de pago… ¡para nada! Mejor reír que llorar. Porque nos lleva al principio. Otra vez la “G”, de vete tú a saber qué, dando vueltas. Y uno mirando con cara de lerdo -o con cara de G-, como quien inspecciona una escultura de Oliver Laric.
Vuelta a empezar, y aquello ya es un desmadre similar al de la salida de La Paz el pasado Domingo de Ramos, el primero paso avanzando, el segundo dándose la vuelta, la lluvia de barrio, el de los globos y los coches pasando. Todo en uno. En modo digital. Y menos mal. Porque si hubiera pasado en el plano terrenal imaginen a quienes compran la ropa el Viernes de Dolores para lucirla el Domingo y devolverla el lunes con ese barrizal encima.
¡Volvemos a acceder! Y nos aparece, después de una hora, un desplegable con las zonas, pero tristemente solo quedan tres disponibles. Vuelta a introducir datos. Esto es más difícil que conseguir que el palio de la Virgen de la Angustia vaya andando bien. Justo antes de que se abra la ventana para pagar ¡otra vez la G! Dando vueltas, como centrifugando. Esto emula más a una lobotomía que a una página para adquirir tiques. Ryoji Ikeda caería rendido a tal obra de ingeniería informática. ¡Hasta los congresistas teniendo problemas!
Mientras tanto, una búsqueda en Twitter no viene nada mal, porque ahí te das cuenta de que todos los errores que están reportando le han sucedido a uno mismo. Todos perdidos, más que Leticia Sabater en una óptica. Al cabo de una hora, nos vuelve a dejar entrar, y no solamente ofrece la opción de elegir zonas que antes no estaban disponibles, sino que ahora hay un nuevo desplegable -que no había aparecido antes- para que dentro del sector elegido selecciones las sillas exactas. Fernando Alonso habría quedado séptimo u octavo en esta carrera. Seleccionamos rápidamente y llegamos al final, cuando no nos cabe duda de que la página web estará muy bien para adquirir las entradas de un concierto de Falete o de Las Chuches, pero no para este evento, que le ha venido grande.
Entradas adquiridas finalmente. Amigos esperando a las doce y media con la página cargando cuando se enteran por otro lado de que ya se han agotado las entradas. Muchos se quedaron por el camino. Honor a los caídos en una turbulenta mañana que, a pesar de todo, ha sido un fiasco. Más tarde, las declaraciones de Paco Vélez todo orgulloso de lo bien que ha funcionado la web. ¿Ha entrado él a comprarlas? Se lo recomiendo. En 2025 Refik Anadol abrirá Dataland, el primer museo de Inteligencia Artificial. Giglon, ya tienes trabajo.





