El capirote | Con orgullo

La Semana Santa está presente todo el año. Más allá de las extraordinarias nos la recuerdan los medios que difunden información todos los días, los programas de televisión y, cómo no, las redes sociales, donde hay auténticos expertos en el mundo de las cofradías. El hecho de la aparición de Internet ha democratizado la información, que no es solo privilegio de unos pocos.

El cartel presentado para las fiestas del orgullo lleva por lema Tos por igual, otra frase que ha acabado traspasando el universo cofradiero para utilizarse en otros ámbitos, como Al cielo con Ella, que ahora da título a un programa de televisión. Y es que este universo ha sido el refugio de decenas de homosexuales que han encontrado entre bordados y alfileres un modo de vida que les ha permitido vivir en libertad en un contexto en el que todavía es necesario avanzar. Y mucho.

Porque tenemos la imagen del vestidor que cuenta con un respeto dentro de la propia hermandad, pero todavía queda por normalizar tal cuestión en el costal, con sus correspondientes costaleros y capataces, o en el de los hermanos mayores, este último un escollo insalvable a ojos de la mitra, aunque ejemplos hay en los que hace la vista gorda, siempre y cuando no se le dé mucho la vara.

Cada quien es libre de vivir su sexualidad como quiera, pero bien es cierto que la visibilidad cobra especial relevancia erigiéndose como vital, por ejemplo, para la aceptación social. Cada vez más observamos la presencia de personas LGB+ en series y películas, lo que implica por parte de la audiencia un mayor contacto con la realidad del colectivo. En las cofradías, la homosexualidad ha contado con una aceptación muy distinta a la de otras realidades, pero el camino es todavía largo. Incluso se da la circunstancia de que existe el típico machirulo con actitudes discriminatorias hacia el colectivo. Peor es cuando los propios gais son los principales detractores de otros. En un reciente besamanos escuché cómo uno de ellos se mofaba de un historiador del arte por sus ademanes, sin caer en la cuenta de que a la par que lo ridiculizaba estaba mostrando la maldad que anida en su interior. Con su juicio demostraba que da igual la sexualidad para engendrar maldad, como algunos quieren imponer, tildando a los gais de criticones y malas personas por naturaleza.

Flaco favor el de las hermandades que permiten que entre sus hermanos prevalezcan este tipo de ideas y sobre todo que se expresen de ese modo. Son las primeras que conocen de primera mano que gracias a este colectivo han llegado incluso a tener una personalidad propias. Y no estaría de más que de vez en cuando alzaran la voz contra tales injusticias.