A pocas ciudades del mundo podría sucederle que un organismo sin contar con el Ayuntamiento pusiera en marcha un plan que acabe partiendo en dos su núcleo urbano. Pero aquí en Sevilla todo es distinto. Y no solo lo hace uno, mejor si viene amparado por dos. Tanto el Arzobispado como el Consejo de Hermandades y Cofradías -que debería haber dimitido en bloque tras el fiasco del cartel de Cuaresma que nos llevó más al sonrojo mundial que a la promoción de la Semana Santa- se ponen manos a la obra para organizar la procesión magna del 8 de diciembre.
¿Dónde está el Ayuntamiento? Fuera de la organización, que es muy lógico tratándose de la casa de todos los sevillanos. Y ahora vienen los lamentos a menos de seis meses de tan magno acontecimiento. Con un mes de julio al que le quedan menos de su ecuador y un agosto donde la ciudad huye a la costa, a ver con qué cara se sientan a negociar para que todo esté preparado meses previos de la celebración.
Cortar el tráfico, paralizar los puentes, con un Betis-Barcelona, ¿en qué o quiénes pensaron los representantes? Una procesión para un puente que ya de por sí está saturado es más que un disparate. Porque no hay más que ver que para tales días la capital suele estar a reventar sin que haya un acto novedoso. Al puente previo a las fiestas navideñas, con los centros comerciales llenos, los besamanos de las Inmaculadas con las funciones principales… Quienes han tomado la decisión ya conocían de hecho que sumar una avalancha de público a una ciudad de por sí colapsada era un magno error. ¿Y qué decisión tomaron? No moverla de esa fecha.
La Archidiócesis, que hace escasos días presentó sus cuentas de 2023 con un balance que ronda los 60 millones de euros, ¿pretende con parte de este dinero pagarles a los policías? ¿No será que no saben que la seguridad emana del Consistorio? Nuevamente, Sevilla en la palestra de la burla desde el instante en el que conocimos un desaguisado de tal magnitud como el acto que se vivirá en diciembre.
Pocos son los defensores que pueden salir porque el asunto no hay por dónde cogerlo. Y ¡ojo! No toquemos la recaudación, porque si una de las medidas podría ser la eliminación de las sillas, ya el Consejo ha dejado claro que por ahí no se ha de meter la tijera. El alcalde afirma que se llevará a cabo la procesión. Antes de que sepamos cómo se solucionará tal desacierto, hasta hay propios cofrades que están hartos de lo que consideran una cuestión que ya nació con desaciertos.





