Tras la Semana Santa toca hacer balance de los días grandes que ha vivido la ciudad. Bajo óptica personal, a continuación, los momentos más destacables:
De la excelencia
Si la Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, no menos importantes son las jornadas previas, que anuncia el nuevo tiempo que está por llegar. Como novedad, la procesión del Cristo de los Desamparados desde el Santo Ángel, toda una joya con la que gana enteros la jornada de vísperas. Abarrotadas las calles del centro durante todo el recorrido, sobre todo a su paso por la plaza del Salvador y la entrada. Durante su transitar, los hermanos fueron repartiendo estampas para hacerse hermanos de una agrupación que en un futuro no muy lejano saldrá con la dolorosa bajo palio.
Si hay un atavío que destacar es, sin duda, el de la Virgen del Dulce Nombre. El Martes Santo nos trajo una estampa que se vio por primera vez hace cien años. La dolorosa, antes de la intervención que le realizara Castillo, puede observarse en una añeja estampa que se ha vuelto a hacer realidad al cumplirse un siglo. Tal fue la expectación y el aprobado de los hermanos que ya hay quien cree que tendría que convertirse en seña de identidad de la dolorosa y convertirse en una seña de la personalidad de la imagen.

El misterio de Darío Fernández Parra para el Buen Fin recibió cientos de visitas los días previos a la Semana Santa. La corporación decidió que las puertas se abrieran para que pudiera ser admirado por los sevillanos, e incluso la hermandad tiene en mente que se exponga de forma permanente en el templo. Si mientras que fue contemplado en el interior de la iglesia de San Antonio quizá había dudas sobre la visibilidad del titular cristífero, una vez en la calle se despejaron todas las dudas. Porque las figuras secundarias, con perfiles incluso roldanescos, encajan a la perfección en el paso, no impidiendo que pueda contemplarse el Cristo del Buen Fin.
La lluvia truncó uno de los estrenos más esperados: la recuperación del manto de la Virgen de la Quinta Angustia, que ya pudo contemplarse en la exposición de estrenos y restauraciones que se llevó a cabo en el Círculo Mercantil. Tampoco pudo verse en la calle el paso de la Soledad de San Buenaventura con la recuperación de las guirnaldas florales, adornos que aparecían en el diseño original, de Emilio García Armenta, aprobado por el cabildo general de la corporación de la calle Carlos Cañal el 12 de enero de 1955, siendo incluidas desde su estreno en 1957. Las mismas fueron realizadas por Manuel Guzmán Bejarano, volviéndose a incluir este año. Una novedad que tampoco pudo verse en la calle fueron los nuevos respiraderos en metal plateado para el paso de María Santísima de las Tristezas, realizados por Orfebrería Villarreal y diseñados por Francisco Villarreal y Benjamín Domínguez.
En cuanto al exorno floral, el Jueves Santo lucía el paso del Cristo de la Fundación un monte con RS autumn chocolat, RSR Zahara chocolat, astrantia star of love, skimia, anigoz early spring y red bunburu, pitosporino y arbórea. Una selección de flores de mano de floristería Grado que no pasó desapercibida para quienes se acercaron a la capilla de la Virgen de los Ángeles. Los exornos de la Soledad de San Buenaventura y de Los Servitas también consiguieron contentar a la crítica cofrade, tan exigente en estos aspectos.
La música volvió a sonar de manera espectacular. El Rosario de Cádiz, Pasión de Linares o Virgen de los Reyes elevaron el nivel de las formaciones musicales, demostrando una vez más su buen hacer.
La Semana Santa dejó también cambios en los itinerarios. El cambio de la Trinidad por María Auxiliadora provocó que un mayor público acompañase a los tres pasos de manera holgada. No estaría de más que la junta de gobierno planteara la inclusión de este nuevo recorrido ya que por la estrechez de calle Sol gran parte del público queda lejos de poder admirar, entre otros aspectos, la belleza imperecedera de la Virgen de la Esperanza. El aspecto del Cristo de las Cinco Llagas con la corona de espinas, todo un acierto.





