El capirote | Las edades

El pasado viernes la Fundación Cajasol acogió la presentación del libro Hermandades y Conventos de Sevilla, de Reyes Pro, un volumen donde recorre la historia de las corporaciones y su relación con los cenobios sevillanos, que tan olvidados están por parte de prácticamente todos. Es curioso ver cómo en esta ciudad se dejan morir auténticos testigos del pasado, pero ese es otro tema.

La presentación del libro contó con la actuación de Ministriles Hispalensis, formación de música antigua que aportó la nota musical durante un acto que no fue como suelen ser este tipo de actividades, porque acudir siempre a la presentación de una obra es a veces un aburrimiento. Pero en esta ocasión todo fue fluido, ameno, con las intervenciones de Antonio Rodríguez Babío y Rafael Cómez, catedrático de la Universidad de Sevilla.

A esto hay que añadirle que durante estos días las temperaturas han descendido considerablemente, tanto que uno echa en falta la manta que tenía por el salón y que ya guardó en los altillos, junto con los trajes de flamenca y la túnica de Semana Santa. Dicho de otro modo, todo parecía alinearse para que contara con gran afluencia de público. Y así fue, porque numerosas personas se acercaron hasta la Fundación Cajasol -entrada por Chicarreros- a eso de las ocho de la tarde. Justo en ese instante la plaza del Salvador estaba a rebosar con la celebración de una boda. Y de guiris, que ya no se nos van ni con agua caliente.

El centro repleto, un acto en la tercera planta de la Fundación a rebosar, pero con escasa presencia de jóvenes. Por no decir nula. No deja de ser de impacto que la juventud ahora, las nuevas generaciones, que se cuentan por miles -porque la Semana Santa tiene afición por los cuatro costados- esté más pendiente de izquierdazos y de las bandas que de las sagradas imágenes o de la rica historia que atesoran.

En Semana Santa ya no se busca el misterio de las Aguas, se acude a escuchar Rosario de Cádiz. Y el Lunes Santo no seguimos a Jesús Cautivo desde el Tiro de Línea, sino que centramos nuestras miradas en Pasión de Linares. Y así con otras tantas que, dicho sea de paso, forman parte de lo mejor que hay ahora mismo en el panorama musical cofradiero.

Quienes asistieron el pasado viernes a la Fundación Cajasol que, siempre apuesta por nuestro legado, podrían rondar los sesenta o setenta años, e incluso más. Memorias vivas de nuestras cofradías y hermandades, seres cultos que se interesan por conocer el pasado, con una riqueza sin igual, auténticos testigos de una Semana Santa que se nos escapa de las manos, que se pierde entre los callejones de San Julián una noche de Domingo de Ramos o entre Bustos Tavera cuando el Viernes Santo se va tornando poco a poco Sábado de vigilia. El presente de nuestra Semana Santa es desalentador, como así parece pintarlo el futuro.

El viernes vimos un ejemplo de ello. Qué interesante sería que las hermandades formasen a las nuevas generaciones que contienen con encuentros y ciclos sobre el pasado, instruirlos en el cuidado del patrimonio, del respeto a lo que nuestros mayores nos legan, en definitiva, de la auténtica Semana Santa.