El diccionario de la Real Academia Española define pifia como «golpe en falso que se da con el taco en la bola de billar o de trucos», pero no es esta precisamente la definición que uno busca, ni tan siquiera es la más extendida. Porque, si en lo que a meteduras de pata se refiere, no podemos dejar pasar por alto la segunda de las acepciones, que refiere «error, descuido, paso o dicho desacertado».
Las equivocaciones pueden venir dadas por desconocimiento o por querer pasarse de listo, que puede incluso complementarse esta última con la anterior. Aquel dicho de que la ignorancia es atrevida es conocido por todos, pero no por ello lo recordamos a la hora de errar. Si se comete en privado, puede no trascender. Si quien yerra creando la confusión lo hace en público, entonces el fallo se comete en un disparate que retumba gracias a las redes sociales. O a algunas páginas webs, artículos de opinión —véase el caso—…
Andaba el otro día leyendo un artículo de un destacado periodista a quien recordamos por algunos de sus descuidos, como cuando comparó un acto organizado por Los Gitanos con el Ku Klux Klan que, continúa existiendo. Un grupo de extrema derecha que promueve el racismo, xenofobia, antisemitismo, homofobia y vaya usted a saber qué más, por medio de actos violentos y propagandísticos. Ya situados, una vez ubicado el lector, me sorprende que tal periodista, con varias décadas de labor a sus espaldas, afirme que las imágenes analizadas por un determinado investigador arrojan bastantes sorpresas, como una filmación de la salida del paso del Cristo de Burgos por la puerta lateral en 1937.
Mi desconcierto me lleva a imaginar que quizá un golpe de calor ha provocado pérdida de memoria momentánea en quien se sorprende hasta el extremo. O puede que su desconocimiento le haya jugado una mala pasada. Porque desde hace décadas se conoce una grabación por parte del estudio Luce Cineccità donde se recoge, en ese mismo año, el discurrir del primero de los pasos de la cofradía…
¿Podría ser indicativo del nivel de la prensa morada? Quién sabe. Porque depende de qué lado veamos las cosas habríamos de decantarnos hacia uno u otro lado. Dirigirnos al mundo de las pifias es relativamente fácil porque a nadie se le escapa un fallo. Lo de loar y alabar ya es otra cosa, sobre todo en esta tierra. Errores esta pasada temporada ha habido unos cuantos. En el programa La Pasión el pasado 4 de junio, un señor enchaquetado de pelo negro, llega a afirmar que Roda Peña descubre que la imagen de María Magdalena de la hermandad de Montserrat era una Santa Inés de Montepulciano que había en el convento dominico y que pidieron a la Orden para subirla al paso. Fíjese usted, que antes de que el profesor miembro del Consejo realizara un artículo que después publicó en el Boletín de Cofradías de Sevilla, Martínez Alcalde lo recogía en sus anales, que son indispensables para cualquier cofrade y de los que, según me cuentan, andan haciendo una revisión añadiendo datos hasta fechas recientes con vistas a una nueva publicación.
Todavía recuerdo a Andrés Luque titubeando cuando Curro Bono le pregunta en el programa del Corpus cuándo comenzaron las fiestas de la otrora celebración más importante de la ciudad. Y afirmando que no lo sabía con certeza, bien podría haber recurrido a otros anales, en este caso los de Ortiz de Zúñiga, que son las referencias más antiguas en las que se cita la fiesta más grande de antaño. Ni qué decir tiene que las redes recuerdan todavía cuando Jesús Romanov sentenció que la catedral de Granada estaba bajo la advocación del Corpus, siendo Francis Segura quien corrigiera tal desacierto. Como seguramente saben, el primer templo de la ciudad en importancia se denomina Catedral Metropolitana Basílica de la Encarnación. Es lo que sucede cuando determinados expertos salen de su ciudad, de su zona de confort… Quizá les haga falta un libro o un GPS.





