Cuando en 2022 contemplamos los bocetos para la ejecución del futuro paso de misterio de la Sagrada Cena, pocos dudaban de que acabaría siendo elegido el diseño de Aguado. Se quedaban atrás algunos que habrían supuesto una revolución en la Semana Santa. Pero aquí, precisamente en Sevilla, nos cuesta por magníficos cambios que enriquezcan el patrimonio.
Quizá uno de los últimos ejemplos sea el del Buen Fin, con unas imágenes de gran calidad que abrieron la puerta a que otras juntas de gobierno perdieran en medio y se afanasen en mejorar sus conjuntos. Detrás, comisiones artísticas que, dicho sea de paso, no tienen todo el arte del mundo.
La Hermandad de la Estrella se ha decantado por las imágenes secundarias de Navarro Arteaga. Nos podría sorprender su elección, pero el hecho de conocer que el imaginero es autor del San Juan Pablo II y el vía crucis de la capilla nos hace recordar aquel capítulo de la Sagrada Cena. Entre los miembros de la comisión hay, entre otros, un señor televisivo experto en las vanguardias artísticas del siglo pasado y un periodista —¿hola? —. O lo que es lo mismo, personalidades que están presentes en los medios de comunicación y puedan influir en la opinión pública.
La elección de Navarro Arteaga era apostar por alguien reconocido, con contactos, con una buena trayectoria. Apostar por lo seguro. Pero no por ello no hay dudas. Por ejemplo, si este misterio podrá mejorar a aquel que finalmente no salió presentado por el mismo imaginero hace unos años. Porque, aunque haya quien se deja llevar por el amiguismo y sea incapaz de reconocerlo, el Navarro Arteaga de la actualidad no es el mismo de hace unos años. Lo podrán decir aquellos que publican sus obras y comentan la genialidad que desprenden, pero visto desde la distancia, quien no lo reconozca debe ser porque sus conocimientos en arte son, quizá, limitados.

Las críticas arrecieron con el misterio para la hermandad de parque Alcosa —a pesar de lo novedoso, todavía hay quien no lo ve—, aunque más recientemente con la dolorosa de María Santísima Salud de los Enfermos ejecutada para Jerez. ¿No son, dentro de su producción, mejores obras Nuestro Padre Jesús de la Esperanza, de Ciudad Jardín, El Señor de la Sagrada Cena para Mota del Cuervo o el Cristo de la Púrpura de las Cigarreras, esta última quizá, su obra más sobresaliente?
Atrás se quedan otras propuestas, como la de Álvaro Abrines, un conjunto que habría aportado aire fresco a la Semana Santa, con una triangulación de miradas que habría potenciado todavía más la figura del Cristo. Abrines, más reconocido fuera que dentro, tiene en otras zonas obras de gran mérito artístico, al igual que Navarro Arteaga. Su elección habría supuesto la entrada a la Semana Santa. Mientras tanto, podemos ver obras suyas en el trono de la Sentencia de Málaga, que destacan por la fuerza y expresividad de las mismas o las imágenes de San Vicente Ferrer, San Telmo y Santa Catalina de Siena para el retablo de la Congregación de Mena, de esta misma ciudad.
Ahora, los hermanos tendrán que votar si aceptan o no el boceto presentado por la hermandad. Y se abrirá el siguiente capítulo.






