El cofrade Francisco García recibe la medalla Pro Ecclesia Hispalense por su trayectoria al servicio de la Iglesia

El Salón del Trono del Arzobispado de Sevilla ha acogido esta tarde la entrega de la medalla Pro Ecclesia Hispalense a Francisco García, conocido en el ámbito cofrade como «Paco el Chiri», en reconocimiento a su prolongada vinculación con la vida de la Iglesia en Lebrija. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha sido el encargado de imponerle esta distinción concedida por la Archidiócesis de Sevilla.

Durante el acto, el arzobispo ha puesto en valor la trayectoria de Francisco García y le ha trasladado su agradecimiento por «todo el amor y la dedicación con los que ha servido a su familia y a la Iglesia», en una ceremonia en la que el homenajeado ha estado acompañado por familiares y parroquianos.

Nacido en Lebrija en 1933, Francisco García mantiene desde prácticamente su infancia un estrecho vínculo con la Hermandad de la Vera-Cruz. Con apenas tres años fue inscrito como hermano, iniciándose entonces una relación con la corporación que ha acompañado buena parte de su vida y en la que llegó a desempeñar distintas responsabilidades.

Una vida vinculada a la Vera-Cruz

Francisco García ejerció como hermano mayor de la Vera-Cruz y asumió también diferentes cargos dentro de la corporación, entre ellos los de diputado de Cultos y diputado de Formación. Su trayectoria se desarrolló además en años especialmente significativos para la recuperación de la hermandad, cuando fue necesario acometer actuaciones en la capilla, intervenir en la restauración del Cristo y aprobar unas nuevas reglas.

Al recordar aquella etapa, García resumía con su habitual sentido del humor la intensidad de aquellos trabajos: «Esta hermandad nos ha dado mucho trabajo». Con el paso del tiempo, aquella dedicación permitió consolidar una corporación que él mismo valoraba afirmando: «Ahora es una hermandad en condiciones».

Entre las iniciativas impulsadas durante aquellos años destacó también la creación de un taller de bordado. Francisco García y varios amigos viajaron hasta Sevilla para aprender esta labor y, posteriormente, trasladaron los conocimientos adquiridos a Lebrija para poner en marcha el taller desde sus comienzos. Una actividad que, según se ha recordado durante el reconocimiento, continúa actualmente en funcionamiento.

Su compromiso con la hermandad tuvo igualmente una importante vertiente formativa. García trabajó con los jóvenes de la corporación y participó en la catequesis de adultos que aún no habían recibido la Primera Comunión, una labor en la que contó con la colaboración de su esposa, fallecida hace ocho años y también vinculada a la hermandad.

La trayectoria de Francisco García fue evocada al comienzo del acto por Manuel Arroyo, párroco de Nuestra Señora de la Oliva, quien repasó su prolongada dedicación a la vida de la Iglesia y a las comunidades con las que ha estado vinculado.

La parroquia de Nuestra Señora de la Oliva

Junto a la Vera-Cruz, la Parroquia de Nuestra Señora de la Oliva ocupa un lugar fundamental en la trayectoria de García. Desde joven acudió habitualmente al templo y colaboró con el sacerdote tanto en la celebración de la Eucaristía como en distintas necesidades de la comunidad parroquial.

Una de las facetas más destacadas de su compromiso fue su participación durante años en la Pastoral de la Salud. Formó parte del grupo encargado de visitar semanalmente a los enfermos de la feligresía y, los domingos, participaba en la labor de llevarles la Comunión. También prestó su colaboración al grupo de Liturgia de la parroquia.

La noticia de la concesión de la medalla Pro Ecclesia Hispalense fue recibida por Francisco García con una mezcla de «ilusión y nervios». El reconocimiento llegó a sorprenderle hasta el punto de confesar que había pasado «la noche sin dormir», mientras se preguntaba durante esos días «si realmente yo merecía esto o qué he hecho para merecerlo».

Fue su propia familia la que le ayudó a contemplar la distinción desde otra perspectiva, entendiéndola como una manifestación del cariño que siempre ha mantenido hacia la Iglesia. Una relación que continúa formando parte de su vida cotidiana mediante la oración y su participación cada domingo en la Eucaristía que se celebra en la capilla de la residencia donde vive.

Precisamente en ese entorno también desarrolló una iniciativa destinada a recuperar la actividad religiosa de una capilla que había permanecido cerrada durante años. Francisco García trabajó para conseguir su reapertura, hasta lograr que en ella volviera a celebrarse la misa dominical.

La concesión de la medalla Pro Ecclesia Hispalense ha servido así para reconocer una trayectoria desarrollada durante décadas en Lebrija, estrechamente ligada a la Hermandad de la Vera-Cruz y a la Parroquia de Nuestra Señora de la Oliva, a través de responsabilidades, iniciativas formativas, labores pastorales y numerosas tareas cotidianas al servicio de la Iglesia.