El Consejo de Hermandades hace un bochornoso ejercicio de onanismo institucional a cuenta de la controvertida Medalla de Sevilla concedida a Paco Vélez

El triunfalismo del Consejo de Hermandades y las loas a la figura de su presidente desatan opiniones enfrentadas entre el aplauso, la indiferencia y la crítica abierta

La controvertida concesión de la Medalla de Sevilla a Francisco Vélez de Luna, presidente en activo del Consejo General de Hermandades y Cofradías, ha generado una oleada de reacciones dispares en el seno de la Sevilla cofrade. Lo que para unos representa un gesto merecido de reconocimiento institucional, para otros constituye un regalo inmerecido.

Y la insólita reacción de autocomplacencia de la entidad que preside y que debería adoptar una posición ecuánime y no no servir de incensario para loar los presuntos logros de quien manda ha sido catalogada por muchos como un bochornoso episodio de onanismo institucional, marcado por un patético episodio de ensimismamiento corporativo.

La distinción, entregada por el alcalde José Luis Sanz este mismo 30 de mayo durante el acto celebrado en Fibes —coincidiendo con la festividad de San Fernando—, ha sido acompañada de un comunicado oficial del Consejo que ha terminado por encender los ánimos de no pocos cofrades, tanto dentro como fuera de las estructuras oficiales.

Un comunicado triunfalista que levanta suspicacias

El glorificador comunicado no deja lugar para la imparcialidad: “El actual presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla, Francisco Vélez de Luna, ha recogido en la tarde de este 30 de mayo, festividad de San Fernando, la Medalla de Sevilla por su particular fomento de las tradiciones de Sevilla. La ha recibido en manos del alcalde, José Luis Sanz, en el acto celebrado en Fibes».

El texto desglosa una biografía para enmarcar: «Nacido en 1953 en la ciudad de Sevilla, Francisco Vélez de Luna es abogado de profesión y lleva casi tres décadas vinculado al Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, del que es su actual presidente desde 2018. A lo largo de su trayectoria en el Consejo ha ocupado otros cargos de responsabilidad como delegado del Miércoles Santo, del Domingo de Ramos y el de Tesorero. Es hermano de Montesión, Vera Cruz, la Soledad de San Lorenzo y la Divina Pastora de San Antonio».

Y concluye subrayando que «en su etapa en la institución cofradiera está jugando un papel fundamental en la modernización de esta entidad vertebradora de la Semana Santa, asumiendo grandes retos de actualización y adaptación de la Fiesta Mayor a los actuales tiempos.
Además, cabe destacar que durante esta segunda etapa de su mandato como presidente ha estado al frente de la organización y celebración del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, celebrado el pasado mes de diciembre en Sevilla”
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El tono de la nota, más propio de una exaltación panegírica que de una comunicación institucional, ha provocado reacciones contrapuestas. Para algunos, se trata de un texto desmesurado, que proyecta una visión inflada de un mandato que no ha estado exento de sombras. En especial, se cuestiona la escasa capacidad autocrítica del Consejo, que por supuesto oculta el creciente distanciamiento con algunas hermandades y.el malestar en sectores tradicionales.

Críticas: ¿mérito real o reconocimiento inflado?

La oposición a esta distinción no se oculta. Hay quien considera que el Consejo ha caído en una lógica circular: se aplaude a sí mismo y promueve su propio relato, en un gesto que algunos han calificado directamente de “onanismo institucional”. En el plano de la gestión, se recuerda que las promesas de modernización no han desembocado en reformas estructurales profundas -por no hablar de la inacción en materia de Carrera Oficial-, sino en reformismos superficiales y actos de cara a la galería, como el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, que muchos califican de mero escaparate sin contenido renovador.

Tampoco han faltado voces que señalan el abuso de ciertos discursos épicos para justificar una presidencia que ha estado marcada por episodios de tensión con varias hermandades, censura a determinados medios, decisiones unilaterales en cuestiones organizativas y una política comunicativa muy deficiente.

Defensas: continuidad, visibilidad y estabilidad

Sin embargo, el balance no es unánime. Quienes defienden la concesión de la medalla subrayan la dilatada trayectoria de Vélez en el Consejo y su papel durante momentos complejos como la pandemia, el debate sobre las sillas o la coordinación con el Ayuntamiento y otras administraciones. Se reconoce también su habilidad para sostener la estructura del Consejo en un contexto de cambio generacional y alta exposición pública, donde la visibilidad de la Semana Santa ha seguido creciendo sin alteraciones graves del orden procesional.

Algunos exaltan además su capacidad para acoger a hermandades de distinto perfil, defendiendo un Consejo “plural y funcional”, aunque no necesariamente carismático. “No será un presidente revolucionario, pero tampoco ha sido un gestor inoperante. Ha mantenido el barco a flote en tiempos de oleaje”, apunta un hermano mayor de larga trayectoria.

Una Sevilla cofrade dividida

Lo cierto es que la distinción ha devuelto a primer plano una vieja tensión interna: la que existe entre la Sevilla cofrade oficial y la Sevilla cofrade de base, entre el Consejo como organismo vertebrador y el Consejo como estructura cerrada y autorreferencial. La medalla, lejos de cerrar una etapa, ha puesto de manifiesto el profundo debate que recorre la religiosidad popular sevillana: ¿debe el Consejo ser una instancia operativa o también un órgano de pensamiento, renovación y servicio eclesial? ¿Dónde están los límites del protagonismo institucional? ¿Y cuál es la medida justa del reconocimiento?

Más allá de la medalla, el episodio deja una enseñanza incómoda: cuando una distinción honorífica genera más ruido que consenso, es que algo no termina de encajar. Y cuando la celebración de un presidente provoca una fractura perceptible entre sectores de la comunidad cofrade, quizá sea momento de escuchar más y felicitarse menos.