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Córdoba, 💚 El Rincón de la Memoria

El Corpus Christi en Córdoba, pasado y presente

La tradicional devoción a la Eucaristía resulta más que evidente, especialmente en estos días en los que nos encontramos, en los que la celebración de la festividad del Corpus Christi se ha convertido en el eco y la heredera del consabido esplendor de antaño. Esas atenciones y participación del pueblo en un evento tan relevante como el que nos ocupa quedaban reflejadas en el pasado a través de las cuantiosas piezas arquitectónicas, pictóricas y escultóricas así como en obras literarias como los autos sacramentales. También con motivo de la mencionada Eucaristía, se creaban cofradías como la célebre del Santísimo Sacramento que, en nuestra hermosa Córdoba, se asentó en la Parroquia de San Pedro, dando lugar a una extensísima historia que acabaría fusionándose con la de los Santos Mártires y la de la Misericordia.

Surgieron, además, distintas formas de culto ante Jesús Sacramentado, tales como exposiciones de duración variable, plegarias personales, horas de adoración y, por supuesto, procesiones eucarísticas. Ese fervor terminaría por encontrar su apoyo en asociaciones de Adoración Nocturna y las Marías de los Sagrarios, por no mencionar las conocidas hermandades sacramentales entre las que debemos destacar a la Merced, la Estrella, la Vera Cruz, el Remedio de Ánimas, la Sentencia, la Sangre, la Misericordia, la Agonía, la Soledad y la Sagrada Cena.

Aunque actualmente hay quienes contemplan la festividad del Corpus Christi con un cierto sentimiento de pena, sabedores de su trascendencia incuestionable en años y siglos pretéritos, también son muchos los que han venido defendiendo su papel y repercusión en los últimos tiempos. La Iglesia, por su parte, mediante el Concilio Vaticano II declaró que la Eucaristía era la que hacía la Iglesia y que la revitalización y el apoyo a esta y a su culto no eran sino una prueba fehaciente de ese resurgimiento que el Concilio se puso como objetivo.

Al fin y al cabo, dicho culto eucarístico se traduce tanto en una tradición como en un presente que el pueblo cordobés no se resigna a abandonar. Así queda patente con la típica procesión del Corpus, símbolo de esa continuidad a la que hoy hacemos alusión. La ciudad califal, por su lado, puede enorgullecerse y presumir de contar con la valiosísima y magnífica custodia del prestigioso Enrique de Arfe y de otros tantos plateros cordobeses que, en su momento, dejaron su huella, plasmando su destreza en una joya que serviría para portar a Su Divina Majestad, que recorre las cálidas calles desde el año 1518.

Esa histórica tradición es mucho más importante de lo que pueda parecer a priori y, por ello, la Agrupación de Hermandades y Cofradías se ha venido encargando desde hace años de devolver a la festividad – anteriormente celebrada en la jornada del jueves, como se encargada de recordar el famoso dicho popular – esa característica solemnidad y el esplendor del que hablábamos previamente.

El peso de la celebración y de la bella salida procesional de la custodia ha venido marcado por numerosas anécdotas, entre las que merece una especial mención la protagonizada por Felipe II, de quien se dice que, en 1570, llegó a Córdoba:

[…] pasó en ella algunos días, entre ellos el del Corpus, cuya procesión se hizo aquel año con una solemnidad nunca vista: las calles ostentaban multitud de altares costeados por los grémios y comunidades, continuamente llenas de un gentio inmenso, tanto de Córdoba como de los pueblos cercanos, de donde acudió á ver al Rey y comitiva: éste asistió á pié y descubierto; cuenta D. José Antonio Moreno Marin, en sus “Anales”, M. S., que diciendo al Rey uno de sus privados que no fuera con la cabeza descubierta por lo intenso del calor en Andalucía, le contestó sonriendo: “no tengais miedo, que el sol no hace mal en estos días,” demostrando así sus sentimientos religiosos, un Monarca á quien todos los historiadores nos presentan de un modo completamente contrario. […]. Paseos por Córdoba. Teodomiro Ramírez de Arellano.

También la extensa tradición se vio afectada en su larga vida por las epidemias que con cierta frecuencia asolaban la población, tal y como ocurrió en los años de 1581 y 1582, a pesar de las precauciones tomadas para evitar el contagio masivo. Aun así para la fecha del Corpus Christi, muchas puertas habían sido tapiadas y las congregaciones de gente fueron suprimidas hasta el punto de acortar la procesión que, en palabras de Ramírez de Arellano “solo fué á San Francisco” y se eliminó también la de la Octava en pro de una ingente cantidad de rogativas.

Una vez más, los Paseos por Córdoba, siempre esclarecedores, de Arellano volvían a hacer referencia a la salida procesional de la que hablamos:

[…] Ya hemos dicho que el Arco Real estaba en el estremo que de esta calle dá á la del Liceo; era tan bajo que la procesion del Corpus entraba por la iglesia del Salvador y luego del Espíritu Santo, por no caber la custodia por aquel sitio; cogía en su largo el trayecto que media entre las puertas de las casas números 3 y 5, y servía para que se acogiesen debajo muchos pobres, con el pretesto de demandar limosna á los varios devotos que se paraban á rezar al Ecce-Homo ya citado en la capilla del Bautismo de la parroquia del Salvador y Santo Domingo de Silos […].

Nuestro ilustre historiador seguía dando pinceladas sobre la preparación de la procesión de Jesús Sacramentado al narrar las vicisitudes a las que una cofradía cordobesa hubo de hacer frente en el siglo XVIII:

[…] Conserva la hermandad en su archivo las listas de las limosnas recibidas para la obra, y en ellas figuran cuatro mil doscientos ocho reales, sobrante de unas cantidades dadas por el Ayuntamiento para colocar altares en la carrera de la procesion del Corpus en los años de 1718 a 1723 […].

Siempre con el inevitable calor propio de estas fechas, la procesión del Corpus recorría, fiel a la arraigada costumbre, las calles de Córdoba, entrando en un siglo XX que seguía arrastrando consigo el fervor inquebrantable de otros siglos, regalándonos instantáneas para la historia como las que acompañan este artículo.

La primera de ellas fue publicada durante las primeras décadas del citado siglo por Mundo Gráfico en una página titulada “La fiesta del Corpus Christi en España”, en la que también aparecían imágenes de la celebración en Madrid y Sevilla. La procesión de Córdoba era inmortalizada en el preciso instante en que la Custodia cruzaba el Arco de Bendiciones con la siguiente leyenda: Córdoba – La procesión del Corpus saliendo de la Catedral al Patio de los Naranjos.

La segunda imagen era publicada, nuevamente, por Mundo Gráfico en su edición de 1921, acompañada por la pertinente descripción del acontecimiento del que se hacía eco: Córdoba – La procesión del Corpus pasando ante el altar del Ayuntamiento. Esta dejaba ver una impactante escena en la que se podía apreciar una calle abarrotada de gente, convirtiendo a todo aquel que contemplase la imagen en testigo del fervor popular cordobés, siempre dispuesto a arropar y proteger las costumbres y singularidades de las que tan orgulloso se siente independientemente de los tiempos que corran.

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