Ambos irán el 7 de noviembre de 2025 a la catedral, en el paso del Cristo de la Expiración formando un «Stabat Mater Dolorosa», portando la Santísima Virgen de las Aguas sus manos entrelazadas originales, y regresarán al día siguiente
El hermano mayor de la Hermandad del Museo, Ángel Casal, ha confirmado en el programa La Pasión de 7TV que el Cristo de la Expiración y la Virgen de las Aguas procesionaran con Banda de Música en la salida extraordinaria que tendrá lugar el próximo mes de noviembre. Casal, que ha subrayado que se cuidarán escrupulosamente las composiciones que se interpretarán tras el Stabat Mater, ha dejado claro que el asunto de la música, en la procesión del Lunes Santo, no está encima de la mesa en estos momentos, pese a reconocer que existe un eterno debate sobre el hecho de que el crucificado antes llevaba música y ahora no, porque hay una regla, aprobada por los hermanos, que de momento no lo permite.

Cabe recordar que, con motivo de la celebración del CDL Aniversario de la Fundación de la Hermandad y de la hechura de la Imagen de la Sagrada Expiración de Nuestro Señor Jesucristo, los hermanos del Museo aprobaron, en septiembre de 2024, la propuesta de la Junta de Gobierno de salida extraordinaria de los Sagrados Titulares, ambos en el paso del Santísimo Cristo de la Expiración formando un «Stábat Mater Dolorosa», portando la Santísima Virgen de las Aguas sus manos entrelazadas originales, con salida el viernes día 7 de noviembre de 2025 a la Catedral de Sevilla, para presidir la Solemne Misa Pontifical que se celebrará el sábado día 8 de noviembre de 2025 y que presidirá el Arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, con regreso a la Capilla tras la finalización de la antedicha Misa Pontifical. Propuesta que ha sido también aprobada, por 127 votos a favor frente a 28 en contra, 4 en blanco y 1 nulo.
Si hacemos caso de la descripción de diversos autores, corría el año de 1575 cuando un grupo de hombres buenos, residentes en aquella Sevilla del Quinientos escucharon, emocionados y absortos, la palabra directa, aguda, punzante como una saeta, del orador sagrado que predicaba el Sermón de Pasión, el cual abunda de tal modo, con tal vehemencia, sobre los padecimientos de Cristo en la cruz clavado, en medio de aquel ambiente casi de tinieblas, que hace estremecer a aquellos buenos cristianos. No conocemos el templo donde se celebró el antedicho culto. Entre los asistentes, según refieren diversos autores, abundan los plateros. Para el Abad Gordillo, son “unos mancebos oficiales de la platería”; para otros, es el propio gremio de plateros el que promueve el culto, y para algún tercero son “varias personas devotas pertenecientes, según se asegura, al arte de la platería”. Sin embargo, las fuentes históricas más fiables corrigen tal aserto. Por tanto, no debe caber duda sobre que la fundación de la Cofradía no fue promovida con carácter gremial, ya que los plateros de Sevilla se congregaban, profesionalmente, en la Hermandad de San Eligio o San Eloy, con sede canónica en el Convento Casa Grande de San Francisco, si bien con anterioridad a la reducción de hospitales decretada el año 1.587, tuvieron su sede en el Hospital de San Eloy, que les era propio y estaba situado en la calle a la que dio nombre aquel establecimiento, todavía así rotulada. Quiere decirse que no sólo los plateros, sino que también abundaron en la nómina de la Hermandad de la Expiración desde los años fundacionales Escribanos Públicos y Corredores de la Lonja, además de hidalgos sin oficio y clérigos regulares.
A la vista de una escritura de apoderamiento descubierta por el investigador Celestino López Martínez, se puede leer que “la Hermandad y Cofradía de la Expiración de Nuestro Señor Jesucristo, que está y reside en la Iglesia de San Andrés de esta ciudad de Sevilla, en el día 6 de noviembre del año de 1575, y en su nombre Pedro de Herrera, Hernando de Soria, Rodrigo Hurtado, Gonzalo de Carpio, Baltasar de Aguilar, Francisco Lozano, Andrés de Heredia, Gaspar Campuzano, Bartolomé Prieto, Juan Ordóñez, otorgaron poder cumplido a Hernando de Soria y a Rodrigo Hurtado, Alcaldes de la Cofradía para que entendieran en todos los negocios de la misma…”[1]. Y más adelante aclara:“[…] que subsistió en la expresada Parroquia de San Andrés…, hasta el día que se trasladó al Convento de la Merced […]”.
En consecuencia, debe entenderse que los negocios más importantes a acometer debieron ser la aprobación de la Regla, ya conseguida dos días antes, el posible traslado al convento mercedario, y particularmente el encargo de la hechura de la imagen del Cristo titular sobre la cual “consideraron que levantaba la cabeza al cielo en llamamiento a su Padre Eterno, y desearon tener una imagen divina de semejante representación”.
La Regla por la que se regiría la vida corporativa, fue aprobada por el Cardenal Arzobispo Cristóbal de Rojas y Sandoval con fecha 4 de noviembre de 1575, y contenía cuarenta y cinco capítulos. En ellos se establecía la tarde del Viernes Santo como jornada para realizar la estación de penitencia, instituyendo como cultos corporativos las fiestas de la invención de la Santa Cruz, la Natividad de la Virgen y la de Todos los Santos.
Si atendemos al manuscrito de la Regla de 1575, cuyo original se conserva en el Archivo Histórico Nacional, legajo número 785, número 17 de la sección de Consejos, podremos comprobar a la vista de su presentación al Consejo de Castilla el año 1780, que no se especifica profesión alguna para los fundadores. Exclusivamente puede leerse:“…que en el año pasado de mil quinientos setenta y cinco, varias personas devotas, movidas de piadoso celo y deseosas de aumentar el culto de Dios, y los ejercicios de virtud para el mayor fruto y ventaja de las almas, fundaron en la Iglesia Parroquial de San Andrés de aquella misma ciudad, una Hermandad o Cofradía de Penitencia…”. Así pues, al mes y días de la aprobación de la Regla, sin perder el tiempo, los fundadores concertaron la hechura del Cristo con el escultor Marcos de Cabrera.
Respecto de la imagen del Cristo, atribuida desde el siglo XVII por el Abad Gordillo y sucesores a un inexistente Capitán Cepeda, hubo que esperar al año 1946, para que, gracias a la investigación de Celestino López Martínez, pudiéramos saber del autor de tan inefable efigie, el también Capitán Marcos de Cabrera. En el documento hallado, quedó escrito que, de acuerdo con lo pactado, el día 7 de diciembre de 1575, se otorgó la correspondiente escritura de ejecución de la obra, que aún se conserva en el oficio número 18 de la Escribanía de Pedro de Villalta, en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Sección de Protocolos. Habría de ser un Cristo Expirante, hecho en material ligero que permitiera su fácil procesión por las calles de Sevilla, y de hechura tal, asegura la tradición que ha llegado hasta nosotros, que no pudiera hacerse otro igual, así que, una vez terminada la obra -según narra el Abad Gordillo-, “no solo se quebraron los moldes, sino que los llevaron a lo más hondo del río y se echaron allí”
Si bien la Regla estableció como titular mariano a Nuestra Señora de las Aguas, en principio no debió encargarse imagen, circunstancia que se vio justificada por cuanto fue la advocación de Madre de Dios de las Mercedes la que figuró como titular de la Cofradía de la Expiración desde su unión con una Hermandad de este título el año 1.607, según Celestino López Martínez, asegurando Santiago Montoto, en su obra “Cofradías sevillanas”, que tal Hermandad había sido fundada en el Convento mercedario el año 1585, a lo que añade textualmente: “sospecho que la separación de las dos Corporaciones debió verificarse en el último tercio del siglo XVIII, cuando el escultor Cristóbal Ramos labró la imagen de Ntra. Sra. de las Aguas…”. Y en efecto así aconteció, pues rebasada la mitad del siglo XVIII, ambas Hermandades se separaron, retomando esta de la Expiración el primitivo título de Nuestra Señora de las Aguas que figuraba en su Regla de 1575. La bellísima imagen, que el año 1772, fecha que según se estima con bastante seguridad, modeló Cristóbal Ramos, es la que actualmente sigue como venerada titular de la Cofradía.





