Hablar de Granada es hablar sobre la ciudad en la que se asentó el Reino nazarí hasta que diera comienzo la Guerra de Granada que significaría la derrota definitiva de los musulmanes en la Península Ibérica en el año 1491, cuando tuvieron lugar las famosas Capitulaciones del Rey Boabdil, culminándose así la Reconquista por parte de los reyes cristianos comenzada en el siglo XVIII. Por todo ello, tanto Isabel I de Castilla como Fernando II de Aragón fueron reconocidos por el papa Alejandro VI como Reyes Católicos, denominación por la que ambos han pasado a la historia. Desde entonces, la ciudad nazarí ha sido un baluarte simbólico de la religión cristiana.
Hay en Granada un enclave que no pasa desapercibido para quien transita por allí, y no es otro que el Campo del Príncipe del popularísimo barrio del Realejo, que anteriormente se denominaba «Garnata al-Yahud», que traducido significa «Granada de los Judíos». En sus orígenes, este lugar fue utilizado como cementerio de musulmanes caídos en la guerra, y en el año 1497, los Reyes Católicos adecentaron esta explanada, convirtiéndola en la plaza más grande de la ciudad, para celebrar allí la boda de su hijo Juan con Margarita de Austria. Hoy en día, el Campo del Principe está presidido por un entrañable crucificado que ha vertebrado la devoción de incontables generaciones de granadinos desde el siglo XVII. Los vecinos del barrio encargan la hechura de la cruz en el año 1640 para ser alzada en la Plaza del Realejo alto, realizada en piedra de alabastro y rodeada por una reja y cuatro faroles en sus esquinas, trasladándose en 1682 al Campo del Príncipe, cuando además parece que se le añade la imagen de un crucificado. Ya por aquel entonces se celebraba una procesión de silencio hasta el Campo del Príncipe por parte de una asociación de fieles del barrio. El crucificado, que sigue el estilo de Alonso de Mena -probablemente sea obra de su hijo Pedro-, recibió la advocación de «Favores«, por los favores recibidos por los devotos amén de sus oraciones en aquel punto de la ciudad. Esta advocación es única en Andalucía, aunque luego otros municipios de la zona de Granada la han elegido para nombrar a sus imágenes cristíferas.

Los favores concedidos por el crucificado le otorgaron la cualidad de milagroso, hasta que con el paso de los siglos, este carácter de «favorecedor de deseos» comienza a tener cierto respaldo oficial por parte de la jerarquía eclesiástica. Cada Viernes Santo a las tres de la tarde, la «Hora Nona«, quedó institucionalizada la visita al enclave de la Virgen de la Soledad para el rezo a los pies del Cristo de los Favores. La tradición, cuyo origen se difumina amén del paso de los siglos, dice que los creyentes han de acercarse con sus oraciones y tres deseos al crucificado de los Favores en el Campo del Príncipe, y este les concede uno de esos tres deseos. He aquí el origen de la Semana Santa moderna en la ciudad nazarí, merced a lo extendido de esta tradición cada Viernes Santo, que aglutinaba a miles de personas en este lugar para orar a la imagen del Cristo de los Favores. Una tradición devocional que ha resistido los avatares del paso del tiempo de nuestro país, venciendo a la ocupación napoleónica, que había decretado la prohibición de que hubiera reuniones de más de seis personas, quedando reducida la Semana Santa entre los años 1810 y 1812 a un rezo en fila -para que no se considerara agrupación de más de seis personas-, al Cristo de los Favores, así como al período de la Guerra Civil Española, cuando los fieles siguieron rodeando al crucificado el Viernes Santo junto a sus oraciones, siendo la única procesión que se mantuvo siempre en Granada desde aquel siglo XVII, sin faltar ningún año el católico granadino a esta cita anual de cada Viernes Santo.
Una devoción tan milagrosa a lo largo de tantos siglos está rodeada, inevitablemente, de un halo de leyendas que, sean ciertas o no, son conocidas por el pueblo granadino y merecen ser destacadas. Se cuenta que había una vecina del barrio, llamada Dolores, que solía ir todos los viernes a los pies del crucificado para llevarle flores y su oración. Parece que un día la chica se vio sorprendida por un grupo de rufianes que trataron de agredirla sexualmente, y cuenta la leyenda que un rayo cayó del cielo dejando paralizados a los agresores, mientras que el Cristo de los Favores protegió a la chica del mismo.

Con respecto a la Cofradía, que tiene sus orígenes en aquella asociación de fieles del barrio del Realejo de finales del siglo XVII, se funda como tal en el año 1928 en la Parroquia de San Cecilio, aunque sus reglas son aprobadas un año después. Su titular fue y es el Cristo de los Favores, una réplica en madera del original que preside el Campo del Príncipe, tallada por Francisco Morales en el año 1896, que en sus inicios procesionaba sobre un paso realizado bajo el diseño del pintor Gabriel Morcillo, vecino del Realejo, y que seguía la línea estética del monumento que custodia al crucificado pétreo. Se representa, así, los instantes previos a la muerte de Cristo, en concreto, tres segundos antes de ella. La imagen se ancla a la cruz por tres clavos, y su cabeza se presenta levemente inclinada hacia la derecha, coronada por potencias aunque no por corona de espinas. La imagen cristífera ha sido restaurada en tres ocasiones: en 1948 por Roldán de la Plata; la segunda en 1970, por López Azaustre, a consecuencia del incendio sufrido en el templo de San Cecilio, y una última entre enero y marzo de 1995 por el Sevillano Juan Luis Coto. Es en el año 1944 cuando la Cofradía adquiere la imagen de la Virgen de la Misericordia, también realizada por Francisco Morales en 1986, y que es apodada cariñosamente por los vecinos del barrio como la «Greñúa«, apelativo popular por el que se conoce a los habitantes del Realejo. Está coronada canónicamente en el mes de mayo de 2007, reconociendo así su gran devoción en la ciudad nazarí.
Actualmente, la salida procesional de la Hermandad de los Favores es una de las más esperadas de la Semana Santa andaluza, cuyo discurrir por el barrio del Realejo supone la reproducción de una maravillosa estampa que sobrecoge al público asistente. El majestuoso caminar del crucificado, seguido por el espectacular paso de palio de la Virgen de la Misericordia, es patrimonio vivo y andante de la devoción que vertebró y sostuvo a la Iglesia católica en la ciudad de Granada en sus momentos más difíciles.
Por mérito propio a la imagen del Cristo de los Favores se la conoce como el Señor de Granada entre los católicos de la ciudad, amparado por la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad en el año 2003 precisamente bajo este distintivo, «en virtud del fervor manifestado durante más de tres siglos», tal y como reza . Todo ello bajo el milagroso misterio de la concesión de tantos favores a lo largo de siglos a las generaciones de creyentes que han habitado la capital nazarí, y que han depositado sus oraciones en la imagen pétrea que ha vertebrado la devoción popular de la ciudad desde mitad del siglo XVII, sin que ningún año desde entonces el pueblo haya faltado a la cita inamovible de cada Viernes Santo a la Hora Nona.





