El Cristo de Montserrat conversa con Sevilla en un día inolvidable

El corazón desde temprano le latía fuerte a los hermanos de Montserrat. Estaban a las puertas de vivir una tarde mágica, anhelada en el tiempo pasadas muchas páginas del calendario. Por fin el Cristo de la Conversión presidía el Vía Crucis del Consejo de Hermandades, un día que ha quedado grabado en letras de oro en las páginas de la historia de esta Hermandad.

A las cinco y media salía el Cristo de la Conversión ante un gran aspecto que lucía los alrededores de su capilla abarrotada de gente. La luz era protagonista en la calle San Pablo. El sol postraba en la espalda del crucificado todos los tímidos rayos de luz que le quedaba a esa hora de la tarde antes de que fuera a morir al Aljarafe. Bella estampa que dejaba en la calle Rioja frente al Santo Ángel con una nube de incienso frente al Santo Ángel.

Las aceras se llenaban en Tetuán, Jovellanos y Sagasta. Y cuando la sombra iba ganándole el terreno a la luz en la fachada de la Colegial del Divino Salvador, el Cristo de la Conversión se postraba ante la estatua de Martínez Montañés de la que podía adivinar el rostro satisfecho del maestro hacia una de las obras maestras de su alumno. Curiosamente a los pies del crucificado de Juan de Mesa había una gubia perteneciente al imaginario Fernando Aguado.

El Cristo de la Conversión siguió por calles inéditas a su habitual paso como Francos.En la presidencia, Paco Velez representaba al Consejo en su primer Via Crucis como Presidente del Consejo. Llegó la noche cuando el crucificado se encontró con la Giralda llegando a la Puerta de Palos con el sonido del volteo de las campanas.

Minutos antes de las diez el Cristo de la Conversión salió de la Catedral para iniciar la vuelta a su capilla. Seguía la gente aglomerada y en la Plaza del Triunfo grupos de turistas quedaban asombrados al paso de la Imagen.

Uno de los más bellos momentos se vivió ante la capilla de la Pura y Limpia del Postigo. El Cristo de la Conversión tendía su mirada a la Purísima mientras se rezaba un padrenuestro. Fue histórico su paso bajo el Arco del Postigo, las andas cabían juntas y el esteticismo se llevaba a su máxima expresión en un momento que costará olvidarlo. A su llegada a Molviedro había aires de noche de Viernes Santo. El Cristo paró frente a la capilla de la Hermandad de Jesús Despojado que lo recibía en un altar con dosel para esta ocasión.

A las doce de la madrugada llegaba la Cruz de Guía a la capilla de Montserrat mientras el Crucificado seguía por San Pablo. A la llegada del Cristo del Conversión seguía numeroso público acompañándolo pese a las horas. Entrando casi a las doce y cuarto de la madrugada. El Crucificado de Montserrat dejó en Sevilla un día inolvidable, perfecto para conmemorar el cuarto centenario de la hechura que esta noche ha dejado prendida a Sevilla.