«Yo no heredo ninguna cuadrilla en la Macarena, quiero empezar de cero y conformar un equipo sólido”
Ha pasado poco menos de una década, pero ha llegado el momento: Antonio Santiago volverá a ponerse al frente de los costaleros de la Hermandad de la Macarena.
Será esta noche en la plaza, ante la imposibilidad de hacerlo en el atrio por razones de espacio. Motivos que se cifran en 700 aspirantes a entrar (el dato habla por sí mismo) y que llegan precedidos de una intensa polémica en redes, ante la supuesta expulsión de varias decenas de costaleros de las cuadrillas de la Esperanza y del Señor de la Sentencia.
La presunta “falta de confianza” habría sido la razón y, pese a la ambigüedad y amplitud del término, no es menos cierto que -de ser así- el capataz inicia un nuevo rumbo y lo habitual en estos casos es formar un grupo humano sólido y cohesionado.
Otro aspecto (ya en el ámbito valorativo) es el de si la controversia de los últimos días favorecen al capataz y a la cofradía. Eso es algo que tanto Santiago como la junta de gobierno de Fernández Cabezuelo habrán ponderado, en la medida que hayan considerado necesaria.
Lo cierto es que, tras ocho años, vuelve el apellido Santiago a los martillos de San Gil. La historia pesa y planea (con el apellido León siempre en el trasfondo del estilo) y los tiempos han cambiado, desde el exuberante número de aspirantes hasta la repercusión inmediata de cualquier decisión.





