Hubo que esperar a un 29 de julio, sí a pleno ecuador de la canícula, para que la calima musical se incrustara en todo su esplendor en la atmósfera musical y hallara su punto álgido, el momento esperado, predicho, pero no seguro al cien por cien (en algunos casos al 33,3% periódico de acierto), y la bomba de calor resonará con tambores, cornetas, trompetas y hasta la lora y el xilófono.
Fue la Hermandad de San Pablo la que desató el aviso rojo por cambio de bandas, el mismo que comenzó como amarillo, subió a naranja y, cuando ya todo parecía pospuesto a agosto, llegaron los cuatro cambios de formación musical, dos en el palio, dos en el Cristo y ocho bandas, sí ocho, porque dos van a la ida y dos a la vuelta.
Las cornetas de Tres Caídas (ida) y las de la Salud (vuelta) no sonarán ya en 2025 tras el paso de misterio. Al igual que sucederá con La Banda de música de las Cigarreras y la del Castillo de Lebrija, tras el palio del Rosario. En este último paso sonarán, a partir de ahora, las bandas de Las Nieves de Olivares y la de La Puebla del Río.
Llevamos seis bandas, a las que hay que añadir dos más, Santa María Magdalena de El Arahal y Virgen de los Reyes, que serán las que hagan los itinerarios de ida y vuelta (a la Catedral y a San Ignacio de Loyola) el próximo año, poniendo sus sones al Cautivo.
Pero hubo más, en la cruz de guía Arahal y Virgen de los Reyes colocaron a sus secciones juveniles (como los filiales al fútbol), que sustituirán a formación musical que hasta ahora abría el cortejo, la Banda de Cornetas y Tambores Pasión y Resurrección, la gran olvidada de todo este asunto, que también merece el mayor de los respetos.
Once bandas, comunicados cruzados, agradecimientos, nuevas ilusiones frente a otras destrozadas y cambios de género musical. La calima caldeada durante meses implosionó el último lunes de junio, que no era Santo, pero que difícilmente será olvidado.





