Primera hora de la madrugada del domingo 23 de febrero de 1982. Hacía frío. Y en la calle San José estaban las cuadrillas de la hermandad de San Esteban. En primer lugar, la parihuela de la Virgen de los Desamparados y un poco más atrás, el paso de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje. No hay fotos del suceso, en aquella época no todo el mundo llevaba una cámara en la mano, o al menos no hemos sido capaces de encontrarlas.
Los costaleros del paso de Cristo iban por la mitad de dicha calle cuando suena un golpe seco, “arriar el paso”. Ahora, los costaleros empiezan a salir de las trabajaderas y en unos segundos se escuchan grandes gritos: “Frene, frene, por Dios”. Un coche Seat 131 enfilaba a gran velocidad la calle San José y ante la perplejidad de los asistentes al ensayo ocurrió lo que nadie quería ni se esperaba ver. El automóvil embistió el paso de Cristo.
El fuerte choque rompió la pata trasera desplazando fuertemente hacia delante y tirando por los aires a los costaleros que se encontraban en las trabajaderas. Dentro del desafortunado suceso, la situación podría haber ocasionado una gran tragedia sino hubiese ocurrido que en ese momento el paso del Señor de la Salud y Buen Viaje se encontraba parado y muchos de sus costaleros fuera de éste.
Aun así, la calle San José era el escenario de una escena espantosa. Los costaleros del paso de la Virgen de los Desamparados corrían para prestar auxilio y en el suelo había cuerpos, cristales rotos, sangre, y el silencio de la madrugada se rasgó con llantos y gritos.
Doce fueron los costaleros heridos de diversa consideración. Por fortuna, ninguno revestía gravedad y en un par de día la mayoría de ellos – los más leves – fueron dados de alta. Sus nombres eran José Medina Castro, Gonzalo Barón Esquivias, Manuel Martínez, Antonio Carmona Navarro, Rodolfo Lagares Martínez, Aurelio Sanz Carretero, David Lavado Florido, Manuel Enrique Sánchez Moguer, Antonio González Márquez, Justo José Anzuaga, Jesús Burgos Díaz y José María Reina Velarde. Costaleros que iban a la orden del capataz Manuel Pérez Ayala.
Respecto a los pasos, los costaleros de la hermandad de la Candelaria se encargaron de llevarlo a su templo de la misma calle San José. El paso de Cristo presentaban grandes daños, sobre todo en el respiradero, las juntas de escayola se habían resentido y contaba con numerosas grietas. Tal es así que ese año la cofradía realizó la estación de penitencia sin la trasera del paso.
En cuanto al autor del accidente respondía al nombre de Fernando Camacho Ruiz, quien presentaba síntomas de embriaguez. Tras negarse a hacer la prueba de alcoholemia fue retenido en la Jefatura y posteriormente puesto a disposición judicial.
En imágenes, el besamanos de la Virgen de los Dolores, de la Hermandad del Descendimiento
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