Córdoba, 💚 El Rincón de la Memoria

El día en que la Reina de los Mártires fue abandonada por sus costaleros

Corría el año del Señor de 1978. La Hermandad de Nazarenos Congregantes del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora Reina de los Mártires se disponía a realizar estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo por las calles del casco histórico de Córdoba, pues no será hasta 1990 cuando comience a incorporar a su itinerario el paso por la Santa Iglesia Catedral.

Eran los años en los que las cuadrillas de hermanos costaleros estaban enterrando el antiguo sistema de cargadores profesionales. En ese ambiente, la Semana Santa de 1978 resultó especialmente polémica. Fue en este año cuando el Domingo de Ramos conoció el estreno de la talla de San Juan Evangelista de la hermandad de las Penas y la incorporación de la Virgen de la Candelaria al Domingo de Ramos, cuando La Expiración decidió trasladar su estación de penitencia al Viernes Santo, coincidiendo también con la primera estación de penitencia de la Virgen de la Soledad. La Esperanza se trasladó a San Andrés, mientras que por La Merced la cofradía encargaba a Francisco Buiza la hechura de una nueva imagen cristífera. La fundación de la Agonía marcaba sus primeros pasos, a la par que el Señor de la Sangre fue bendecido y procesionado por vez primera en Vía-Crucis por las calles de la feligresía el Viernes de Dolores.

Uno de los momentos históricos, desagradable y penoso, pero histórico, de la Semana Santa de 1978 también lo marcaría la hermandad de la Buena Muerte. Aquella madrugada la corporación de San Hipólito efectuó su estación de penitencia sólo con el paso de Cristo, pues el plante los costaleros profesionales que debían llevar el palio no permitió la salida de la Reina de los Mártires.

Una cuadrilla de costaleros profesionales fue contratada por la hermandad a través del capataz, Rafael Muñoz Serrano, para portar el paso de palio de la Reina de los Mártires, estableciéndose el precio en 2000 pesetas por cada costalero. Quince minutos antes del horario oficial de salida, Rafael Muñoz buscó apresurado al máximo dirigente de la corporación, informando con gran consternación que la cuadrilla se negaba a salir si no se atendían determinadas reivindicaciones. Ésta no eran otras que la exigencia de un incremento de 1500 pesetas por cada costalero. Francisco Bérchez González, hermano mayor de la corporación por aquel entonces, trató entonces de contactar con esta formación, que se encontraba reunida en la puerta principal del templo, donde se respiraba un ambiente visiblemente hostil, acompañados, además, de miembros de un sindicato político.

Esta situación llevó a Francisco Bérchez a convocar un cabildo de urgencia para reunir a la junta de gobierno. Unánimemente se acuerda no ceder al chantaje, por lo que los dos cortejos de la cofradía se fundieron en un solo para alumbrar el camino del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. Muchos jóvenes y hermanos, incluso miembros de otras cofradías, se ofrecieron a portar a la Reina de los Mártires. Sin embargo, dado que esta función requiere ensayos y experiencia previa, la junta de gobierno decidió no aceptar la propuesta, aunque agradeciendo en todo momento el desinteresado ofrecimiento.

“Muchos de los costaleros implicados en aquel chantaje, durante algunos años posteriores, cada vez que coincidían conmigo en alguna calle o recinto, se acercaban reconociendo su error y pidiendo perdón por este hecho”, sentenció años después en una carta oficial Francisco Bréchez. Aquel incidente tuvo como consecuencia benefactora el germen de la inminente formación de la cuadrilla de hermanos costaleros de la cofradía, fenómeno que se expandió al resto de cofradías cordobesas que aún no contaban con ello. Fue el propio Rafael Muñoz Serrano quien crearía la primera cuadrilla de hermanos costaleros en Córdoba allá por 1967, en la hermandad de la Expiración.

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