El corazón de Luisa Ignacia Roldán, del que emanaba la fe y el pulso a esas manos que tantas horas pasaran cubiertas del serrín de aquella madera a la que daba vida, dejó de latir un día como hoy de hace 312 años. Un 10 de enero, pero de 1706, fallecía en Madrid la primera mujer española documentada que trabajaba como escultora en un mundo dominado por los hombres y bajo la sombra de un padre de la talla de Pedro Roldán y el nombre de su marido Luís Antonio Navarro de los Arcos.
Luisa Roldán nació algún día del verano de Sevilla – se desconoce el día – y fue bautizada el 8 de septiembre de 1652 en la Iglesia de Santa Marina. Hija de Pedro Roldán, nació entre gubias y virutas de madera y olor de pintura y barnices que impregnaban el taller de su padre, ya reconocido en esa época. Ese ambiente, influencia tanto a Luisa como en sus hermanos, quienes ayudaban en el taller en la policromía y en la escultura de muchas piezas salidas de éste.
En ese taller trabajaría hasta que contrajera matrimonio en 1671 con el también imaginero Luís Antonio Navarro de los Arcos. Su escultura fue de temática religiosa, siguiendo las directrices del Concilio de Trento de humanizar el arte de las imágenes, para poner la religión más cercana al pueblo.
Durante esta, colaboraría con su padre en diversos encargos, como los ángeles del paso del Santísimo Cristo de la Exaltación, así como los dos ladrones que, aunque consten como de su marido, el estilo podría atribuírsele a ella. Igual que en este caso, son muchas las obras que se le pueden atribuir pero que, al ser firmados muchos de los contratos por su marido, no está reconocida su autoría.
Son muchas las imágenes sevillanas las atribuidas a La Roldana, desde la trianera Virgen de la Estrella – después de la restauración realizada IAPH descartara como autor a Martínez Montañés – , hasta las voces de expertos que consideran la posibilidad de que la venerada virgen de la Esperanza Macarena, también saliera de sus manos, pasando por la Virgen de Regla de Los Panaderos.

En 1686 se trasladó a Cádiz para realizar diversos trabajos encargados por el cabildo municipal y el catedralicio. Entre las muchas obras realizadas en esa ciudad, se podría destacar la imagen del Ecce Homo de la Catedral, en el que se autonombra como «insigne autora» de la imagen ayudada por su marido y que está fechado el 29 de junio de 1684 y en cuya parte posterior se encuentran diversos bocetos de rostros.
También de su taller son el Señor de la Humillación perteneciente a la Cofradía de la Piedad y que se encuentra en la iglesia de Santiago Apóstol, sede de la Hermandad; las imágenes de San Juan Bautista y de San José de la parroquia de San Antonio; la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Puerto Real o la realización de las esculturas de San Servando y San Germán veneradas en una capilla de la catedral Nueva de Cádiz.

Después de dos años de estancia en esa capital andaluza viajó a Madrid, donde trabajó como escultora de cámara para los monarcas Carlos II y Felipe V hasta su fallecimiento ese 10 de enero de 1706, días después de haber realizado «declaración de pobreza».
De la etapa en la capital del Reino son las obras El descanso en la huida a Egipto (c. 1691): Los Desposorios místicos de Santa Catalina, obra firmada por la autora y que se encuentra en la Hispanic Society of America en Nueva York, en la que también se conserva la Muerte de la Magdalena y que después de haber estado atribuida, se encontró la firma de la autora colocada cerca de los pies del ángel de la derecha de este grupo.
Su obra estás distribuidas gran parte de ella por Andalucía, en el resto de España como en Madrid, León, Móstoles, Sisante (Cuenca), Gran Canaria, e incluso por todo el mundo como Nueva York, Londres, Ontario o Los Ángeles.

Luisa Ignacia Roldán realizó a lo largo de su trayectoria esculturas de tamaño natural para procesionar, en madera o de barro cocido con policromía y muchas de ellas de las llamadas de candelero o para vestir, así como también otras de pequeños grupos de devoción para particulares y conventos, con el movimiento y la expresividad, características del arte barroco. Ejecutó numerosos belenes en terracota de estilo italiano, inclinándose más por los que formaban una escena de la Natividad como grupo escultórico unido.





