馃挌 El Rinc贸n de la Memoria

El Enigma de Juan de Mesa

Nacido en C贸rdoba en 1583, fue bautizado en la iglesia de San Pedro de esta ciudad el 26 de junio del mismo a帽o

Nacido en C贸rdoba en 1583, bautizado en la iglesia de San Pedro de esta ciudad el 26 de junio del mismo a帽o y fallecido en Sevilla el 26 de Noviembre de 1627, muchas veces se ha comentado en conferencias y escritos que hoy posee la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungr铆a, qu茅 poco es lo que se sabe de la condici贸n humana de Juan de Mesa, de quien desconocemos incluso hasta cual pudo ser su aspecto f铆sico.

Nada tiene de extra帽o este desconocimiento, habida cuenta de que no existe una bibliograf铆a que hubiera permitido glosarlo en este sentido. De Juan de Mesa no ha quedado ni un retrato, ni un escrito, ni una modesta biograf铆a. Para no quedar, ni siquiera una cita bibliogr谩fica que le nombrase en cualquier libro, a煤n cuando no hubiese sido por motivos art铆sticos. Juan de Mesa constituye un aut茅ntico enigma dentro del arte andaluz, ya que se trata de un escultor genial cuyo nombre ha permanecido ignorado por completo durante tres siglos. En realidad, si no cont谩ramos con la presencia tangible de su partida de bautismo, y de defunci贸n, pod铆a dudarse de si Juan de Mesa fue en verdad un ser humano o un fantasma.

Y es que este imaginero no es otra cosa que el fruto maravilloso de los hallazgos de una pl茅yade selecta de investigadores, entre los que hay que anotar con letras 谩ureas los nombres de Jos茅 Hern谩ndez D铆az, Celestino L贸pez Mart铆nez, Antonio Muro Orej贸n y Heliodoro Sancho Corbacho.

Estos, en los comienzos del a帽o 1927, partiendo casi de cero, ya que no contaban m谩s que con las citas de Bermejo Carballo y Rodr铆guez Jurado, a quienes hay que considerar como los padres adoptivos del escultor, se propusieron averiguar con una paciencia admirable y ejemplar la existencia real de un escultor completamente desconocido llamado Juan de Mesa.

Pero lo verdaderamente curioso y extra帽o es el silencio que guardaron sus contempor谩neos acerca del escultor cordob茅s. Juan de Mesa fue un artista total que tuvo el raro privilegio de no merecer por parte de los escritores de su tiempo, ni un elogio ni una repulsa. Por este motivo el escultor cordob茅s ha sido un hombre condenado a permanecer en el olvido. Nadie, absolutamente nadie de la culta Sevilla de aquellos d铆as se tom贸 la molestia ni de enaltecerlo, ni de denigrarlo, no ocup谩ndose de 茅l aun cuando hubiera sido por otra causa distinta a la del arte.

Juan de Mesa no tuvo la suerte de otros compa帽eros, como por ejemplo su maestro Juan Mart铆nez Monta帽茅s. De nuestro artista nadie se ocup贸 de hablar, ni sus disc铆pulos, que los tuvo, ni sus amigos, que pudo muy bien tenerlos, ni los intelectuales de su 茅poca que, forzosamente lo tuvieron que conocer. Tampoco el pintor Pacheco, suegro de Vel谩zquez, lo pint贸 en su galer铆a de sevillanos ilustres, hecho inexplicable puesto que, viviendo ambos en el mismo barrio, Mesa en la calle Pasaderas de la Europa y Pacheco al principio de la Alameda, pudieron por razones de vecindad, conocerse y tratarse.

Adem谩s, el pertenecer los dos a la cofrad铆a de Jes煤s Nazareno de San Antonio Abad, de la que Mesa fue, incluso, oficial de la junta de gobierno era tambi茅n otro motivo, aparte del profesional, para que al pintor no le resultase el escultor un don nadie. Alonso S谩nchez Gordillo, Rodrigo Caro y Ortiz de Z煤帽iga tampoco lo mencionaron en sus conocidas obras, pr贸digas en noticias, hechos y personajes de la Sevilla Barroca. Bien es verdad que el analista escribi贸 la suya muchos a帽os despu茅s de muerto Mesa, pero la circunstancia de ser Don Diego feligr茅s de San Mart铆n, parroquia en la que estaba sepultado el escultor, va a favor de que pudo haber tenido conocimiento de su existencia y de su obra. M谩s extra帽o resulta el silencio tanto del Abad, como del erudito, que por fuerza le conocer铆an, ya que ambos fallecieron en esa edad madura y s贸lo unos a帽os despu茅s que Mesa.

Tampoco le citar谩 Don Diego Ignacio de G贸ngora en su 芦Historia del Colegio de Santo Tom谩s禄, obra en la que se habla de muchos artistas del XVII y en la que, incluso de pasada, qued贸 recogida la noticia del pintoresco tratamiento m茅dico al que fue sometido su fundador, Fray Diego de Deza, en su postrera enfermedad. Finalmente, en las noticias del seiscientos, publicadas por Morales Padr贸n con el nombre de 芦Memorias de Sevilla禄 y que para este autor tienen el valor de un peri贸dico actual, para nada se habla de su existencia. Indudablemente Juan de Mesa fue un perfecto desconocido para los publicistas de su tiempo鈥

El a帽o 1898, edita Serrano Ortega su 芦Noticia hist贸rica art铆stica de Nuestro Padre Jes煤s del Gran Poder禄, insertando en ella un estudio biogr谩fico-cr铆tico sobre Mart铆nez Monta帽茅s. Tiene interesante este estudio que en 茅l se citan los nombres de sus disc铆pulos, encabezados por Alonso Cano, pero sin que aparezca para nada el de Juan de Mesa, omisi贸n inconcebible en esa fecha puesto que Bermejo, quince a帽os antes, le hab铆a atribuido nada menos que la paternidad del Cristo de Santa Isabel, tenido desde siempre como obra monta帽esina. 驴Por qu茅 esta omisi贸n?

驴Es que a Serrano le molestaba la idea de un competidor de Monta帽茅s?. Al releer la obra de Serrano, en la que eleva a Monta帽茅s poco menos que a la categor铆a de mito, podemos observar muy bien que es expresiva de un curioso fen贸meno antropol贸gico que ha llegado hasta nuestros d铆as y que prosigue vigente. Es el de la admiraci贸n mutando en fanatismo y la inmensa popularidad con que ha gozado Monta帽茅s siempre en Sevilla, ciudad en la que, para admitir que una escultura fuera excepcional, necesitaba haber sido esculpida por el maestro de Alcal谩. Hubo muchos comentarios acerca del esc谩ndalo que se origin贸 en Sevilla, cuando Heliodoro Sancho Corbacho demostr贸 fehacientemente que el Se帽or de Sevilla no era obra de Monta帽茅s, la tall贸 un disc铆pulo suyo.

Nadie lo cre铆a, el tema daba lugar a conversaciones apasionadas e incluso los peri贸dicos publicaron art铆culos en los que se discut铆a que aquello pudiera ser cierto. Y es que resultaba inconcebible que Jes煤s del Gran Poder, el Se帽or de Sevilla, fuese de otro autor que no fuera Monta帽茅s. Para el sevillano s贸lo el dios de la madera, podr铆a haberlo esculpido y es esta una reacci贸n que retrata a las mil maravillas el car谩cter sevillano cuando se empe帽a en endiosar a alguien. Pero lo m谩s curioso de todo esto es que, cuando la realidad de la existencia de Juan de Mesa ya no se duda, Monta帽茅s seguir谩 entusiasmando a los sevillanos del mismo modo que si aqu茅l nunca hubiese vivido.

As铆 Guichot, en el a帽o 1925, en su 芦Cicerone de Sevilla禄, se muestra un poco esc茅ptico respecto a Mesa. Se podr谩 poner la objeci贸n de que esto sucede porque el escultor de la calle de la Muela es superior al de las Pasaderas de la Europa, puede que lo sea, pero tampoco conviene olvidar que Monta帽茅s ha sido genial para el pueblo, no por la construcci贸n de esos maravillosos retablos de los que fue singular art铆fice, sino por ser el autor de unas Im谩genes cofradieras que despiertan los sentimientos m谩s vivos y variados que puedan pensarse y que han sido, incluso, capaces de inspirar bellas leyendas, la de la espina del Cristo del Amor, sin ir m谩s lejos.

Sin embargo, Juan de Mesa (que fue quien verdaderamente las concibi贸 y esculpi贸) no consigue para nada ese fervor del pueblo, para quien contin煤a siendo, como en sus d铆as, un hombre incoloro, inodoro e ins铆pido. Por qu茅 se adue帽o del escultor cordob茅s un silencio tan cruel?, 驴es que Juan de Mesa era un ser violento e insoportable cuya muerte dej贸 indiferentes a quienes le hab铆an tratado? 驴Por qu茅 nuestro inconmensurable artista no tuvo ni siquiera el consuelo de las alabanzas postmortem.

Nada hay en la vida de Mesa que llame la atenci贸n ni por lo llamativo ni por lo vergonzoso, a煤n cuando viva en el ambiente refinado, intrigante, refinado sensual y cosmopolita de la Sevilla del XVII. Una Sevilla en la que se dieron m煤ltiples esc谩ndalos en esa 茅poca, como anota Granero y de los que no se libraron los artistas. Recuerden a ese respecto los que dio Monta帽茅s, a pesar de que Rodr铆guez Jurado quiera presentarlos como originados por la envidia que el maestro suscitaba, o la famosa historia de los monederos falsos que refiere Mart铆nez Ripoll, relacionada con aquel hombre col茅rico tan insoportable de aguantar, que su hijo se march贸 de su lado, llamado Herrera el Viejo.

Entonces, si Juan de Mesa no fue un amoral, y menos un picapedrero, hay que admitir por fuerza que debi贸 ser un hombre excepcional y envidiado en grado extremo, un hombre molesto con el que competir era una tarea muy dif铆cil, un hombre con el que, por su bondad, no se pod铆a luchar cara a cara en limpia lid y por eso, el que lo condenaran a ser ignorado, como 煤nico medio de vencerlo, aplic谩ndole la terapia m谩s eficaz para conseguir ese fin, el de los espeluznantes silencios que se han dado en Sevilla en cualquier 茅poca y contra cualquier hombre inc贸modo que descollaba.

Como habr谩n podido comprobar, ni Eloy Dom铆nguez Rodi帽o de las Reales Academias de la Historia, ni Rafael Mu帽oz, quien escribe, han resuelto el enigma de Juan de Mesa. Se limitan con documentos en la mano, a se帽alar posibles causas sin haber logrado poner de relieve las que en verdad lo motivaron, a煤n cuando es seguro que debieron existir. Es este un enigma que probablemente nunca se resolver谩, pero era de inter茅s exponerlo y comentarlo, como demostrativo de que la existencia de nuestro h茅roe, tuvo que transcurrir dentro de un medio ambiente hostil y poco propicio para que hubiera llevado una vida feliz y descansada.

Por eso, el que resulte un hombre singular y admirable en sus doce a帽os de actividad p煤blica, ya que fueron m谩s de dos lustros vividos en ese desagradable ambiente y, a pesar del cual, son unos a帽os de m谩xima potencia creadora, transida por un ansia vehemente de ir a m谩s, luchando (qui茅n sabe) contra una enfermedad incurable pero sabiendo mantener viva la esperanza, donde s贸lo desesperanza podr铆a existir. 驴Influyeron estas circunstancias en ese mundo doloroso que supo plasmar fielmente en sus portentosos crucificados?

Nota: Tradicionalmente se viene afirmando que en esta iglesia de San Mart铆n est谩 enterrado Juan de Mesa, pero es algo que est谩 todav铆a por confirmar; se dice que est谩 en esta iglesia, 驴pero d贸nde?, no se sabe. En la fachada de la Iglesia hay una l谩pida que confirma esto que decimos.


Rafael Mu帽oz. Cr铆tico de Arte

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