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Córdoba, Costal, El Rocío, La Chicotá de Nandel

Ignacio, el Maestro capataz

Van pasando los años en nuestra Córdoba. Años que dejan atrás más años, vivencias y vivencias, Semanas Santas, como los cofrades vamos contando calendarios. Hay capataces a día de hoy, que quizá mañana puedan formar parte de nuestra historia, se me viene a la mente Lorenzo de Juan, Curro, Berrocal, y quizá alguno más, pero como digo puede, ya sabemos que la historia es caprichosa con algunos, para bien, o para mal.

La historia, los historiadores y los libros pueden poner a este o aquel, pero el pueblo es siempre el que en tertulias, charlas, corrillos cofrades, pone y quita, da su verdadero lugar a cada uno. El pueblo pasa de los papeles impresos, habla de hechos comprobables, cariño, admiración, y corazones que hicieron de nuestras Cofradías algo grande, en años en que no había medios económicos, ni materiales, ni casi humanos. He aquí el ejemplo claro, Don Ignacio Torronteras.

Este hombre, que Junto con el Maestro Rafael Muñoz levantó a la Córdoba cofrade, cumple años de su marcha, y es de recibo que recordemos que Hermandades como Expiración, Paz y Esperanza, Esperanza, donde tenía auténtico fervor por su Señor de las Penas, afincada aquellos años la Hermandad en Santa Marina, o el Palio de la Virgen del Amor o la Nazarena, no tendrían una historia costalera que ofrecer si no fuese porque este hombre un buen día, se encaminó tras los pasos que el Señor le mandó, precisamente para eso, para luego ser el que comandara los pasos del Señor por nuestras calles. Por ejemplo, queden con el dato que en Expiración, fue quien en ambos pasos, introdujo las cuadrillas de costaleros a hombros. 

De Don Ignacio, hablan sus costaleros que era pura Humildad. Buen amigo de su gente de abajo, cuidadoso y cariñoso, comprometido con el aprendizaje, pero mucho más con las personas, vidas personales de cada uno y problemáticas que pudieran tener en casa, tanto económicas como familiares.

Gracias a Dios, a Don Ignacio Torronteras, si se le hizo justicia desde el consistorio municipal, desde el que decidieron poner su nombre a una plaza. Una plaza que como muchos lugares, tampoco es que tuviera un cuidado de gran esmero, ya saben como cuidamos los cordobeses lo nuestro, y hasta las ratas campaban a sus anchas. Aunque bueno, en Córdoba las ratas han campado a sus anchas hasta por el consistorio, y no nos debemos ir muchos años atrás, menos mal que ahora al parecer está la cosa en limpieza de altos y bajos fondos.

Dios guarde a uno de los nuestros, de los que luchó por esto que tanto amamos, seguramente desde el cielo verá que aquello que él empezó, otros, entre costaleros cada día más preparados, y capataces que empiezan antes y con más fuerza, y medios, pues no ha quedado abandonado como casi todo lo que se comienza en esta ciudad.

Dios te guarde Maestro, Dios te guarde, Capataz.

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