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El Rincón de la Memoria, Sevilla

El flechazo del primer besamanos de la Candelaria

Era invierno en la calle Levíes, el sol empezaba a resbalar por la Alfalfa y hacía frío en el centro de la ciudad. Javier, un chaval de 10 años, no sentía las bajas temperaturas que acosaba la tarde dominical. Su alma estaba vestida de fiesta y la gente del barrio que le conocía lo notaba cuando velozmente salía de su casa, sin escuchar a su madre que angustiada le decía: “Hijo, ten mucho cuidado”. Era 2 de febrero de 1936 y el fervor religioso de los vecinos de Sevilla estaba siendo atacado desde muchos meses antes a través de la quema de iglesias.

Javier, casi sin respirar y esquivando a la gente que paseaba por la calle San José, llegó en una fuerte carrera a la iglesia de San Nicolás. En la puerta, bajo la pétrea imagen del Santo, paró en seco y tímidamente entró en el templo. En ese momento no tenía la menor idea del momento que iba vivir. Fue un instante y el tiempo y la respiración se pararon para este chaval cuando vio a la Virgen de la Candelaria.

Por primera vez, la imagen a la que visitaba cada tarde después de jugar con sus amigos tenía alrededor a un grupo de devotos que besaban su mano derecha. Era el primer besamanos de la Candelaria, y el niño de la calle Levíes no podía quitar su mirada de la joven Imagen.

A medida que se iba acercando al altar, el corazón de Javier palpitaba con fuerza. La Virgen de la Candelaria simulaba estar sentada en un sillón vestida de hebrea, una disposición que no solo caló profundamente en este joven, sino en la mayoría de los feligreses de la collación de San Nicolás.

Sin embargo, la instantánea de este artículo que presenta a la Dolorosa con un Niño Jesús en su regazo no tiene una fecha concreta. Si podemos confirmar que la fotografía fue realizada en uno de los primeros besamanos de la Virgen, quizá en el de 1936. Así, la Candelaria presenta las primitivas facciones que tallara Manuel Galiano, las cuales fueron remodeladas tras la intervención de Dubé de Luque, una restauración que cumplió 50 años la semana pasada.

La Virgen de la Candelaria ha protagonizado anhelados besamanos hasta nuestros días. Uno de los que más marcaron fue el del año 2005. Ni que decir tiene que el día 2 de febrero es un día grande en esta hermandad del Martes Santo. Sobre todo para aquellos padres que presenta a sus hijos ante la mirada de la Virgen de la Candelaria en un emotivo acto que nació gracias al impulso de una hermana en 1971.

Pero aquella tarde de febrero de 1936 no se puede comparar con la de otro año. La Virgen de la Candelaria entró en muchas casas, en muchos comedores, en muchas mesitas de noche. El primer besamanos dejó prendada a Sevilla. Sobre todo a Javier, un anciano que con 91 años se levanta cada día mirando el rostro de la “Niña de la calle San José”, derrochando la ilusión de aquel muchacho de 10 cuando habla a sus nietos y bisnietos de la Virgen de la Candelaria.

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