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Córdoba, El Rincón de la Memoria

El pasado de la Hermandad de la Agonía

Si bien en publicaciones anteriores de Gente de Paz ya hacíamos referencia a los enormes esfuerzos que durante su estación de penitencia han ido realizando hermandades como la de la Merced a lo largo de toda su historia – especialmente en las recordadas madrugadas en las que la corporación de San Antonio de Padua no regresaba a su templo hasta el mediodía – no deberíamos dejar de incluir en este grupo a la incansable y querida cofradía de la Agonía.

Aunque la imagen del pequeño y hermoso crucificado que da nombre a la hermandad fue realizada en 1954 por el insigne imaginero Antonio Castillo Ariza, los orígenes de la popular corporación del Naranjo tuvieron lugar en 1978, momento en el que el párroco de Santa Victoria, Agustín Molina Ruiz, comienza a movilizar a los vecinos del barrio para hacer del deseo una realidad. Esta iniciativa fue sin duda el germen que hizo posible que el 27 de febrero de 1979 la hermandad pudiese proceder a la elaboración de los primeros estatutos que serían finalmente aprobados en el mes de octubre de ese mismo año.

De este modo la sencilla cofradía comenzaba una andadura que, en la práctica de la Semana Santa cordobesa, se traducía en una humilde salida procesional llevada a cabo por los alrededores de su barrio en la jornada del Lunes Santo, produciéndose la primera en el año 1979. Por aquel entonces, el Santísimo Cristo de la Agonía realizaba su estación de penitencia tal y como se muestra en la fotografía que encabeza este artículo, sin paso alguno, a hombros de sus hermanos y en compañía de los vecinos que alumbraban el camino del crucificado con pequeños cirios. Como se puede apreciar, la modestia de la cofradía de Santa Victoria se hacía patente en todos los aspectos, entre los que se incluyen la ausencia de cantoneras, potencias e incluso de corona de espinas.

No fue hasta 1988 cuando el reconocido imaginero Miguel Ángel González Jurado tallase para la Hermandad de la Agonía la imagen de la Virgen de la Salud, entonces solo bajo parte de su advocación, conocida como María Santísima Madre del Redentor, la cual sería la primera imagen realizada por el escultor. Fue precisamente por esta razón por la que González Jurado tan solo solicitó a la corporación el pago de los gastos generados por los materiales pertinentes que sirvieron para dar forma a su bella y dulce dolorosa.

La década de los 90, por su parte, se presentaría con aires de renovación y progreso para la cofradía del Martes Santo, pues aunque durante los primeros años de esta época la corporación había continuado con el desfile procesional del tradicional Lunes Santo por las cercanías de su barrio con las tallas del Santísimo Cristo y de la Madre del Redentor como protagonistas – como se puede comprobar en la llamativa imagen, con sendos titulares sobre sus respectivos pasos momentos antes de su estación de penitencia –, sería en 1995 cuando la Agonía se incorporaría definitivamente a la Agrupación de Hermandades y Cofradías.

Tras un paso tan importante y reseñable como ese, no cabía otra posibilidad que la de seguir avanzando a la vista de las ineludibles expectativas que hicieron a la hermandad dejar el barrio del Naranjo tras de sí para emprender al fin una marcha que comprendiese el centro de la ciudad. Para este fin, la corporación adquiriría el primitivo paso de María Santísima en su Soledad en el año 1992, del que se decidiría eliminar la ornamentación superior de los faroles que anteriormente habían tenido el símbolo de la corporación de Santiago, tal y como se aprecia en la instantánea que acompaña estas líneas, en la que la Hermandad de la Agonía abandona Mirabueno iniciando su camino hacia la Carrera Oficial, con una estética muy lejos aún de incluir en la escena a las inconfundibles figuras secundarias realizadas por el cordobés Sebastián Montes.

Así, con las circunstancias descritas, finalmente la Hermandad de la Agonía se ponía en la calle en la tarde del Martes Santo de 1996 con el propósito de realizar una estación de penitencia que incorporando la Carrera Oficial en su itinerario y teniendo en cuenta la salida de la corporación desde el lejano Monte Mirabueno, se convertía en el recorrido más extenso de todos cuanto se llevaban a término a lo largo de nuestra Semana Santa.

Aunque como bien es sabido, en la actualidad la cofradía realiza su salida procesional partiendo desde la propia Catedral, sin duda no serán pocos los que recuerden con algo de nostalgia e infinita admiración los años en los que la aplaudida hermandad iniciaba su recorrido en las primeras – y a menudo calurosas – horas de la tarde para no regresar hasta bien entrada la madrugada del Miércoles Santo, perdiéndose en la lejanía con el eco de los tambores rompiendo el aparentemente imperturbable silencio de la noche.

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