El frío sucumbe a la fe de la juventud cofrade

La juventud cofrade ha vuelto a dar una lección de fe y amor a la Santísima Virgen esta tarde noche de diciembre bajo el frío que ha protagonizado la víspera de la celebración de la festividad de la Purísima Concepción, condicionando que la presencia de público haya sido sensiblemente inferior a lo que merecía este acontecimiento, pero que ha sido incapaz de impedir una importante participación de jóvenes, que no han querido faltar a la cita con la Madre de Dios acompañando a la imagen que este año ha presidido la Vigilia de la Inmaculada de la Santa Iglesia Catedral, organizada por la Delegación de Juventud, la Inmaculada de San Francisco y San Eulogio. La imagen, que salido en procesión, acompañada por la Banda de Música de la Asociación Músico-Cultural «Juan Mohedo», de Montoro, desde la Parroquia de la Axerquía hasta el mayor templo de la Diócesis y lo hará entronizada sobre el paso de la Virgen de la Cabeza, a hombros de una cuadrilla dirigida por Javier Bracero Fuentes, que ha sido nombrado capataz para la ocasión.

El cortejo se puso en la calle a partir de las 18:30 y recorrió un itinerario que ha discurrido por Compás de San Francisco, San Fernando, Cardenal González, Alfayatas, Plaza de Abades, Martínez Rucker, Puerta de Santa Catalina, Patio de los Naranjos para acceder al interior de la Catedral a las 20 horas. La vigilia se desarrolló desde las 20:30 y las 22:00 y a su conclusión, la procesión salió por la Puerta de Santa Catalina, para regresar a San Francisco por las calles Magistral González Francés, Cardenal González, San Fernando y Compás de Francisco.

Esta Inmaculada es una imagen realizada en Granada en el año 1660, que fue restaurada en 2015 ya que se encontraba en un alto estado de deterioro. Una intervención que consistió en la recuperación del rostro, el cabello, la túnica dorada y policromada, así como la corona de ángeles que rodean la nube y la media luna, entre otros.

Una restauración que coincidió con la de san Fernando, rey, obra de finales del siglo XVII, de autor anónimo, que se encontraba con grandes faltas de policromía y ausencia de sus dedos y también se halla en la parroquia cordobesa. Ambas restauraciones fueron sufragadas gracias a la colaboración económica de las tres hermandades de la parroquia, así como a donaciones de los fieles y fueron llevadas a cabo por los restauradores Manuel Ángel González Aranda y Francisco Gracia.