Más que evidentes son los rasgos fisiológicos que unen puntos comunes entre el Santísimo Cristo del Descendimiento de Córdoba y el Santísimo Cristo del Amor, pues ambos salieron de la gubia del imaginero Amadeo Ruiz Olmos. El crucificado montillano realiza estación de penitencia cada noche de Miércoles Santo como titular de la Hermandad Salesiana del Santísimo Cristo del Amor, la cual sólo consta de un paso procesional. La imagen fue ejecutada en 1944, siete años después del Señor del Descendimiento de la capital cordobesa.
Amadeo Ruiz Olmos nace en la localidad valenciana de Benetúser en 1913, hijo del también escultor Francisco Ruiz Olmos. Murió en Madrid en 1993. Desde muy joven empezó a trabajar como aprendiz en un taller de muebles, pasando posteriormente al taller del escultor Justo Rosilla. Se formó primero en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, y más tarde en la Academia de San Carlos. En 1937 se radicó en Córdoba, y al finalizar la Guerra Civil terminó sus estudios formativos en la Academia de Bellas Artes de Sevilla. Mientras vivió en Córdoba tuvo taller propio, adonde acudieron para formarse diferentes escultores y pintores cordobeses —como Juan Cantabrana o Aurelio Teno—, a la vez que ejercía como profesor en la Escuela de Artes y Oficios «Mateo Inurria», donde desde 1954 detentaría la Cátedra de Dibujo.
En su producción ha realizado todo tipo de escultura: urbana, funeraria, religiosa, gloriosa… En la primera categoría se encuentran los monumentos a Maimónides, al doctor Emilio Luque o el Triunfo del puente de San Rafael —todos ellos en Córdoba—, siendo su obra funeraria más destacada el mausoleo de «Manolete» —en el cementerio de la misma ciudad—.

Por otro lado, la obra religiosa de Amadeo Ruiz Olmos se halla diseminada principalmente por las diócesis de Córdoba, aunque también con imágenes en Guadix, Málaga, Baeza o Porcuna, donde destaca la Santísima Virgen de Alharilla Coronada. Especial mención merecen el Nazareno de la Hermandad de la Vera-Cruz de Baeza —por el que recibió el Premio Nacional de Escultura de la Real Academia de San Fernando en 1945— o el misterio de la Santa Cena de la cofradía homónima de Úbeda, donde también se venera al Cristo de la Humillación del autorque nos ocupa. Para Vélez-Málaga, Ruiz Olmos realizó la talla Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli; también ejecutó la imagen del Nazareno de Villanueva de Córdoba, titular de la Hermandad del Santo Encuentro.
Otros premios del imagineron fueron el Premio Bellver (1946), un nuevo Premio Nacional de Escultura (1948) o la primera medalla del Salón de Otoño de Madrid (1948).
Volviendo a las imágenes iniciales, en la efigie del Santísimo Cristo del Amor de Montilla se puede apreciar un mayor trato de los detalles y de las proporciones de la anatomía humana, especialmente en la delicadeza con que talla la cabeza y la cabellera. Además, a diferencia del Crucificado del Descendimiento de Córdoba, se puede observar un barroco paño de pureza que, con el paso del tiempo, Ruiz Olmos irá tallando cada vez más complejo, lejos de la mínima pieza de tela que cubre la imagen cordobesa. Se trata de una imagen de gran peso, ya que es de madera maciza, y posee una anatomía elegante dentro de la impronta academicista cultivada por su autor, dotada de gran pureza de líneas y lejana a los artificios dramáticos del barroco, al que irá acercándose cada vez más.
La efigie de Olmos para Córdoba realizó su primera Estación de Penitencia en la Semana Santa de 1939. Fue restaurada en 1992 por Miguel Ángel González Jurado. Primitivamente su cruz era de madera plana, pero en 1944 fue sustituida por una arbórea realizada por el mismo Ruiz Olmos, y en 2001 por otra también arbórea a cargo de José Carlos Rubio Valverde.





