El incremento patrimonial de la cofradía ha sido exponencial en los últimos siete años
La noticia saltaba hace apenas unos días: el hermano mayor de la Hermandad de la Esperanza de Córdoba, Rafael García Cerezo, anunciaba su decisión de dejar el cargo un año antes de que se cumpliera su segundo mandato y, de paso, convocaba elecciones.
Con esa noticiaba, García Cerezo cerraba un período de siete años que, al hacer balance, han resultado muy fructíferos para la cofradía de San Andrés, con un salto cualitativo -a nivel patrimonial más que importante.
Así, de aquel ahora lejano 2017 a este verano de 2024 han sucedido numerosos acontecimientos para la corporación del Domingo de Ramos, entre los que sobresale la salida extraordinaria de la Virgen de la Esperanza, en diciembre de 2022, para poner el broche a los actos conmemorativos de los tres cuartos de siglo de la bendición de la bella imagen esculpida por Juan Martínez Cerrillo. De forma que la Dolorosa fue de San Andrés a Santa Marina (primera sede canónica de la hermandad) y regresó en dos actos que brillaron con luz propia.
Otro de los aspectos, en cuanto al apartado patrimonial se refiere, en lo que han trabajado García Cerezo y su junta de gobierno ha radicado en la conservación, como sucedió con el manto de salida de la Virgen. Fue el pasado 2023 cuando Juan Pablo Morales realizó estos trabajos sobre la pieza que hicieron -a mediados del siglo XX- las Adoratrices y que luce elementos de algunos trajes de luces de ‘Calerito’ y ‘Zurito’.
Si bien, uno de los estrenos más destacados se produjo en 2021, cuando María Santísima de la Esperanza recibía su nueva corona. Un proyecto que comenzó tras años antes y que se culminó en plena pandemia, gracias al diseño de Rafael de Rueda y a la ejecución del orfebre, Emilio León.
El nuevo palio
Era uno de los grandes anhelos y hubo que esperar a que llegara García Cerezo para ue el proyecto se materializara sobre el papel y en el que la hermandad ya trabaja. Diseñado por Gonzalo Navarro, estéticamente, destaca la inspiración plenamente barroca de la obra. Los elementos decorativos, eminentemente carácter vegetal, aunque sin perjuicio de combinarse con volutas, roleos, cartelas y motivos heráldicos, posibilitan una interpretación técnica rica en volúmenes y técnicas de bordado destacando especialmente los matices polícromos en toda la superficie.
En cuanto la composición, tanto las bambalinas como el techo se configuran en torno a dos espacios condicionados por el soporte textil: el terciopelo verde, con una decoración rotunda y voluminosa; y la malla, sobre la que se disponen motivos decorativos más estilizados y etéreos. En las bambalinas, el soporte de terciopelo aparece como fondo de la crestería -elevada y de perfil sinuoso, diferente en cada uno de los paños-, así como en la zona superior de la caída. En esta zona, realizado en la mayor parte de su superficie sobre malla, los elementos ornamentales se entrelazan entre sí, así como con la crestería el marco del techo -en el exterior y el interior, respectivamente- potenciando el efecto de elemento colgante.
La configuración espacial del techo también destaca por la diferenciación de espacios. Así, perimetralmente se dispone una cenefa de perfil movido, describiendo interiormente un óvalo, realizada sobre terciopelo, enmarcada por un galón, y en cuyas esquinas se sitúan cuatro tondos. Está cenefa conecta con la gloria a través de cuatro cartelas también sobre fondo de terciopelo, a diferencia del espacio intermedio, cuya ornamentación tiene como soporte la malla calada.
El discurso iconográfico del conjunto gira en torno a la expectación del parto de la Santísima Virgen María, origen de la advocación de la Esperanza. De este modo, centra el techo de palio un trasunto de la Virgen del Sol de la Catedral de Córdoba, una de las primeras y más singulares representaciones de la advocación en la ciudad. Alrededor de la misma, inserta en cada una de las cartelas, se dispone un fragmento del Benedictus o Cántico de Zacarías.
El Señor
No solo la Virgen ha lucido estrenos y restauraciones en su ajuar, sino que García Cerezo no desatendió el paso de misterio de Jesús de las Penas, que este mismo año veía restauradas sus cartelas, por mano del dorador cordobés, Rafael Barón.
Además, antes de que su marcha se anunciara, García Cerezo y su junta han trabajado en la puesta en marcha de la elaboración de unos nuevos faldones para el paso del Señor. En este caso han sido diseñados por Rafael de Rueda y serán ejecutados por el bordador astigitano, Jesús Rosado Borja. Son de estilo barroco siguiendo la corriente regionalista de mediados del siglo pasado, imperante en los bordados cofrades bajo la inspiración de la obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda.
Finalmente, muy llamativa e importante fue la concesión del título de Real a la cofradía, por Su Majestad el Rey, Felipe VI, que la institución nazarena anunció con gran satisfacción.
Así, el periplo de García Cerezo al frente de la cofradía del Domingo de Ramos será recordado por la ingente labor realizada, que se plasmará en cada salida procesional del futuro.





