Sevilla

El IAPH revisa el estado del Cristo de la Salud antes de su traslado al paso procesional

Un equipo técnico del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico – IAPH formado por Mayte Real, Eva Claver y Eugenio Fernández se ha desplazado este jueves a la parroquia de San Bernardo de Sevilla para realizar una revisión del estado de conservación de la imagen del Cristo de la Salud antes de su traslado al paso procesional. Esta actuación se lleva a cabo de acuerdo al contrato vigente con la Hermandad de San Bernardo por el cual el Instituto presta asesoramiento en materia de mantenimiento y conservación de su imagen titular. El Cristo de la Salud, obra atribuida a la producción artística del escultor e imaginero Andrés Cansino (1636-1670), fue sometida a un proceso de restauración en el IAPH en el año 1998.

Se trata de una imagen encargada, según consta en Actas de la Escuela de Cristo, el 17 de enero de 1669, realizada en madera de cedro policromada, que mide un metro setenta y cinco centímetros, representando a Cristo muerto crucificado en el Árbol Santo de la Cruz, momentos después de la expiración, tras encomendar a su Padre su Espíritu, cuyas referencias las encontramos en los Evangelios de San Mateo, capítulo 27; en el de San Marcos, capítulo 15; en el de San Lucas, capítulo 23; y en el de San Juan, capítulo 19. También se encuentra reflejada en la duodécima estación del Vía Crucis.

El principal signo de la muerte que podemos apreciar en su hechura es la relajación. Sus brazos se alinean al travesaño horizontal o patibulum, de donde pende clavado por sus manos abiertas. Está cubierto por un sudario anudado en la cintura por una soga que deja al descubierto el costado derecho. Tres clavos lo fijan a una Cruz cilíndrica y arbórea. Tiene cinco llagas: dos en las manos, dos en los pies, motivadas por los clavos y una en el costado derecho provocado por la lanzada. Su cabeza, reposada sobre el pecho, dirige la mirada hacia el lado derecho, herida por una corona de espinas, tallada en bloque, a forma de casco formada por una venda de ramas entrelazadas y el pómulo izquierdo amoratado. Las rodillas muestran heridas abiertas debidas a las caídas sufridas durante el camino de la amargura.

Es una talla esbelta, nítidamente barroca, perfectamente armonizada, aunque de fuertes miembros proporcionados. Su aspecto dramático se identifica por el movimiento de laxitud del cuerpo sin vida, que cae de manera sobrecogedora de los clavos que lo sujetan a la Cruz, como nos hace observar la tensión de sus hombros y brazos y su posición colgante y encorvada. Sin embargo, nos enseña un rostro dulcificado, con un extraordinario impacto devocional que siempre nos llama a su contemplación. Dicho por expertos, de los mejores que se han tallado en la ciudad.

Fue encargado para presidir el Oratorio de la Santa y Venerable Escuela de Cristo del Espíritu Santo de la calle Colcheros (hoy Tetuán), de allí pasó a la que estaba situada en la antigua Iglesia de San Hermenegildo, más tarde a la que hubo en el Convento de la Paz, para acabar finalmente presidiendo la sala capitular de la Escuela de Cristo de la Natividad, aneja a la Parroquia de Santa Cruz en la calle Ximénez de Enciso.
Tras perder la Hermandad sus Sagrados Titulares en los desafortunados sucesos de 1936, se solicita al Cardenal D. Pedro Segura y Sáez, Arzobispo de la Archidiócesis y en aquel entonces Director Espiritual de nuestra corporación, la imagen de un crucificado que sustituyera a la desaparecida, cediendo la eminente autoridad eclesiástica la mejor a su gusto en calidad de depósito, que sería la mencionada en la Escuela de Cristo de la Natividad.

El Crucificado es traído desde el barrio de Santa Cruz en piadoso Vía Crucis hasta la parroquia de San Bernardo en enero de 1938, celebrando los hermanos en su honor Solemne Función y Devoto Besapiés a su llegada.
Por su procedencia se explica la visión frontal de la imagen, propia de retablo, atendiendo a los cánones de simetría clásica, con escaso movimiento en las telas del sudario, el tratamiento abocetado de la espalda frente al virtuosismo del torso y del rostro, a la vez que inspiraría, el destino original de la misma, el recogimiento de esta sacra escultura al objeto de que esta fuera más adecuada para la meditación y la oración íntima.
Sobre su autoría, atendiendo a los escasos y diferentes estudios de la imagen, se podría atribuir a los siguientes imagineros:
Para ciertos entendidos esta obra podría haber salido de la gubia de José de Arce, aunque muestra rasgos más dulcificados que las que conocemos de este revolucionario representante de la Escuela Sevillana. 

Pero sin duda, presenta grandes similitudes con el documentado Crucificado de este representante del barroco sevillano, que se encuentra en el refectorio del Monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de la Defensión, de la localidad de Jerez de la Frontera, en especial en la postura de la cabeza, los dedos de las manos, la barba partida en dos, caída del cabello y sobre todo en la postura de las piernas. Al igual que también guarda bastantes analogías con el Crucificado de la Salud, obra encargada a este escultor para el retablo de la Iglesia de San Miguel, de la misma población gaditana. Aunque si la fecha de ejecución de la nuestra imagen es exacta, difícilmente se podría catalogar entre las obras del artista flamenco ya que su fallecimiento reza en los libros de partidas de defunción de los archivos de la Parroquia del Sagrario en 1666.

Otros  acercan más su autoría al escultor Andrés Cansino, discípulo del anterior, maestro de Francisco Antonio Gijón y miembro de la Academia de Dibujo de La Lonja. Esta teoría se basa en las semejanzas estilísticas que presenta con el Nazareno del Viso del Alcor, que este escultor identificó como suyo en su testamento, sobre todo en el entrecejo y la nariz, que son los puntos más originales de un imaginero a la hora de realizar una talla, presentando gran consonancia en estas marcas faciales con la escultura de este artista. Además, el imaginero que tratamos ejercía su oficio en un taller a su nombre situado en la misma calle para el lugar de culto de la obra. Otro argumento de la autoría de la hechura a favor del maestro Cansinos sería el encargo recibido por su principal aprendiz, en el mismo año del fallecimiento del maestro, de la imagen de un Crucificado para la localidad sevillana de Arahal a imitación del que existía en la Capilla de la Escuela de Cristo, del Hospital del Espíritu Santo.

La muerte repentina de este escultor en 1670 provoca que el principal discípulo de su taller, Francisco Antonio Gijón, se ocupe del mismo y en consecuencia de los trabajos inacabados de su maestro, por ello hay algunos que opinan, con ciertas reservas, que la talla del Santísimo Cristo de Salud incluso pudiera tener ciertos trazos de este insigne escultor del segundo lustro del seiscientos.

Sin embargo, también hay quienes piensan que el autor de la imagen podría ser del gran representante de la escultura en el siglo de oro, Pedro Roldán, debido a la exactitud en las medidas corporales entre esta imagen y la desaparecida en los acontecimientos de 1936, ya que fue colocado sobre la Cruz del anterior sin necesidad de modificar los agujeros de esta para introducir los clavos por las llagas del nuevo crucificado. Además presenta rasgos característicos del taller de este escultor tales como la dulzura del modelado, el trazo largo de la gubia y la brevedad del sudario.

Durante el tiempo que lleva como Titular de nuestra Hermandad ha sido sometido a diversas restauraciones, las dos primeras por el onubense Sebastián Santos Rojas, una en 1938 a la llegada de la imagen y la siguiente en 1967, con motivo de la fusión entre la Hermandad de Penitencia y la Sacramental. En 1975, Jesús Santos Calero, hijo del escultor antes mencionado, interviene la imagen interiormente para solucionar posibles problemas de vibraciones durante su salida procesional al ser una imagen de altar hueca por dentro, para ello se le aplica un tirafondo en la zona lumbar y un refuerzo de madera a la altura del vientre. Por último, en 1999 se le practica una concienzuda restauración en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) dirigida por Enrique Gutiérrez Carrasquilla, quienes limpian y fijan la policromía de la talla, devolviéndose a la encarnadura su estado original, completando ciertos elementos de la corona de espina que faltaban y dotándole de una nueva sujeción a la Cruz más adecuada que la acoplada en la restauración anterior. Además de sujetarse, por recomendación de dicha institución, a una nueva Cruz en madera de cedro tallada por Manuel Caballero Farfán, sustituyendo esta a la anterior de Pedro Roldán.La imagen del Santísimo Cristo de la Salud, posee varios juegos de potencias, destacando las cinceladas en 1974 por los Talleres de Viuda de Villarreal  en oro de ley.