El incalculable tesoro que las bandas regalarán a la vida en Sevilla

Mucho se viene hablando de los pormenores de las bandas y el papel que estas desempeñan en el organigrama de lo que supone la presencia de una Hermandad en la calle. Especialmente en Sevilla, que ha venido siendo referente en lo que a temas de música procesional se refiere, donde la llegada de bandas de fuera de sus fronteras ha irrumpido con rotunda fuerza en la prensa morada de la capital andaluza.

Sin embargo, más allá de ciertos debates, de opiniones más o menos afortunadas y de personas que le dan importancia capital a una formación musical, incluso por encima de las imágenes sagradas, lo cierto es que el universo bandístico tiene un potencial que en demasiadas ocasiones no se explota, o se aprovecha para fines que bien pudieran ser mejor elegidos.

El acontecimiento que va a tener lugar en Sevilla el próximo 17 de febrero es una perfecta muestra de cómo utilizar la afición y la pasión por la música cofrade para una causa inmejorable. Bajo el lema «Unidos Sevilla», se pretende aunar a las bandas que participan en la Semana Santa de Sevilla para colaborar con Andex en su nuevo proyecto para la creación de una planta de oncología para adolescentes en el Hospital Virgen del Rocío. Diversas formaciones ya han empezado a publicitar tan vital concierto a través de sus redes sociales.

No solo para hacer sonar «Cristo del Amor», «La Saeta» o «Pasan los Campanilleros» detrás de un paso de misterio o de palio están las bandas. También, como se demuestra en repetidas ocasiones en cada lugar de nuestra tierra, para acometer proyectos solidarios de mayor o menor solidez. En Sevilla este tipo de obras son muy prolíficas, aunque nunca se había alcanzado tal dimensión.

Mientras hay Cofradías que se empeñan en engrandecer un patrimonio que ya es suficientemente rico, con el único fin de que los miembros de la junta de turno se cuelguen sus respectivas medallitas, o bandas centradas en mantener su contrato en una capital a toda costa, pasando por encima de formaciones que también dedican sus esfuerzos durante todo un año para acompañar a un paso, los músicos que participarán en el anteriormente mencionado proyecto se han propuesto construir, nada más y nada menos, una nueva planta de oncología para adolescentes en un hospital.

A más de uno se le debería poner la cara colorada ante tal testimonio de nobleza y cristianismo demostrada por las bandas que participarán en este incomparable concierto. Más allá del hecho de que se congregarán bandas de las mejores de nuestra tierra, para deleite del público, el fin que se persigue supera a los proyectos que muchas juntas de gobierno de cualquier Hermandad de cualquier rincón de nuestra tierra ni tan siquiera se plantean. Toda una bofetada de realidad para el cofrade que concibe la obra social de una Hermandad como un requerimiento más del obispado de turno, que obliga a destinar un porcentaje determinado del presupuesto a caridad. 

Cuando a muchos miembros de Cofradías se les llena la boca hablando de obra social que no es más que un lavado de cara ante la adquisición compulsiva de patrimonio sin necesidad real o para justificar salidas extraordinarias por doquier, deberían sentirse más que avergonzados por la empresa que tratan de acometer un grupo de músicos que ensayan durante todo un año, haga frío o calor, llueva o ventee, incluso poniendo en riesgo sus vidas en desplazamientos por carretera. Construir una planta de oncología infantil es hacer OBRA SOCIAL de verdad, no de la de boquilla. 

Todos tenemos experiencias, más o menos traumáticas, de lo que significa permanecer en un hospital o que lo haga alguien cercano a nuestro entorno. El hecho de que niños y niñas enfermos, que se ven obligados a estar enchufados a una máquina en búsqueda de un porvenir por vivir en detrimento de la inocencia de su infancia, encuentren esperanza amén del pentagrama de las bandas es, y permítanme de nuevo el uso de las mayúsculas, EVANGELIZAR. ¿Habrá mayor dogma de fe que darse a uno mismo a los demás de esta forma? 

Ahora es el turno para que Sevilla, y por qué no decirlo, nuestra tierra de norte a sur y de este a oeste responda con rotundidad ante la llamada de las bandas que participarán en su Semana Santa. Conviene no olvidar que la penitencia no solo se hace en Semana Santa, sino que muchos inocentes, como los niños, se ven forzados a llevarla a cabo en la prisión moral de una sala de hospital. Igual que el músico ayuda al costalero en su estación de penitencia, en esta ocasión harán lo propio con aquellos niños que necesiten del servicio de oncología, una de las mayores penitencias que se le ocurren a quien les escribe. Será, no cabe duda, una planta del hospital hecha con el corazón de una ciudad que, pese a sus diferencias y su eterna dualidad, latirá como uno solo al son de las bandas de su Semana Santa. Todo un tesoro para la vida regalado por los músicos.