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El manto de la Coronación ya puede admirarse en el paso de la Macarena tras su restauración por el IAPH

La restauración del manto de la Coronación de la Esperanza Macarena, confeccionado hace más de medio siglo, devuelve la luz a una pieza única del arte cofrade

El pasado 28 de octubre, en el marco de la inauguración de la exposición de la hermandad de la Macarena ‘Patrimonio Macareno. Los oficios del arte sacro’, se procedía a la presentación del manto de la Coronación de la Virgen de la Esperanza restaurado durante los últimos doce meses en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH). Una maravillosa joya qué día puede admirarse en el manto de la Virgen de la Esperanza en el Museo de la Macarena.

Las flores dibujan formas ondulantes en una superficie compartida con hojas, jarras, cuernos de la abundancia y dragones. Apenas queda un hueco libre en el conjunto. No es casualidad que saliera de las manos expertas de un orfebre y una bordadora, que supieron encontrar el punto justo en las proporciones para crear una composición infinita y equilibrada. El terciopelo verde se adivina bajo los hilos de oro, las sedas de colores y las pequeñas pedrerías. Confeccionado en 1964, el manto de la Coronación de la Esperanza Macarena es una obra única.

La obra, de 437 por 477 centímetros, ocupa su lugar de privilegio en el altar itinerante de la Virgen de la Esperanza tras haber pasado por el taller de tejidos del IAPH en el que se están realizando las labores de limpieza y conservación. El diseño del orfebre y proyectista Fernando Marmolejo y el bordado de Esperanza Elena Caro se aprecian con mayor detalle en el manto extendido. Una labor de restauración en la que ha intervenido un amplio equipo en el que han estado implicados restauradores, fotógrafos, historiadores y químicos.

Detalle de algunos bordados de la obra.

La Hermandad de la Macarena contactó en 2019 con el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico para que analizara el estado del manto, en el que se apreciaban signos de suciedad generalizada. Existían, además, dudas en el seno de la corporación sobre la consistencia del terciopelo de base con vistas a las salidas procesionales. Ante ello, el IAPH realizó un primer análisis en el que constató el buen estado del soporte. «No existían problemas de consolidación, estaba fuerte, pero sí había otros aspectos que se podían subsanar, como algunas pequeñas roturas puntuales en la blonda perimetral o en el tejido de terciopelo», explica Lourdes Fernández, restauradora de tejidos y responsable del proyecto de intervención en el manto.

Tras conocer el informe del instituto, en el que se confirmaba que la pieza estaba en buenas condiciones, la hermandad valoró las garantías del centro y apostó por sus técnicas innovadoras en restauración. La calidad original del manto es un factor que influye en la vistosidad de los resultados. «Una obra buena y de calidad es siempre muy agradecida tras un tratamiento de restauración. Y esta obra lo es», destaca Araceli Montero, jefa del Área de Tratamiento y especialista en restauración de tejidos del IAPH.

Imagen de un fragmento del manto en el que se aprecia el resultado tras la limpieza inicial.

Una de las principales peticiones de la hermandad era no solo conservar el bordado, sino también el terciopelo de base. Precisamente, es este terciopelo el que encierra una de las principales peculiaridades de la pieza, ya que el color verde de fondo queda matizado con el empleo de una especie de malla metálica, recreada a través de hilos de oro tendidos, que parece imitar al tisú. «Nunca habíamos visto una obra con el terciopelo de base bordado, porque esto es también, al fin y al cabo, una técnica de bordado», asegura Lourdes Fernández. Es este aspecto, además de su riqueza decorativa, una de las grandes señas de identidad de este manto de la Coronación de la Macarena.

El mundo clásico y el sello de la hermandad

En el conjunto, una suerte de jarras marcan los ejes de una obra simétrica y bilateral en la que, a modo de enredadera, se suceden motivos en los que se aprecia la impronta de un orfebre. Fernando Marmolejo ideó un manto con inspiración en el mundo clásico y presencia de capiteles, anillas e incluso ornamentación ‘candelieri’ a modo de candelabros. Todo ello sin restar fuerza al propio sello de la hermandad. «Es ésta una obra muy macarena, con malla, volantes o corbatines, dragones…», detalla el historiador del arte Gabriel Ferreras, otro de los profesionales implicados en el proceso de restauración.

Limpieza del manto, en el que se aprecian algunos de sus motivos florales.

Una blonda perimetral recorre la silueta de la obra, en cuyos motivos decorativos está muy presente la simbología mariana. «Los lirios y azucenas simbolizan la pureza y virginidad de María; las rosas, la fertilidad y la maternidad», expone Ferreras. El bordado recrea también cuernos de la abundancia -«la Virgen como fuente de virtudes y bienes espirituales»- y clavellinas, que «en el mundo flamenco simbolizan la fidelidad y el amor puro».

Igualmente, existen elementos muy característicos de la propia hermandad, como los corbatines, que recuerdan a la saya de los volantes de la Macarena, obra de Victoria Caro, muy popular por la calidad de su ejecución y representativa de la última etapa del regionalismo sevillano.

En lo que respecta a los materiales empleados, los hilos de oro, las sedas de colores y los pequeños cristales o espejuelos recrean el universo ideado por Marmolejo y ejecutado por el taller de Esperanza Elena Caro. «La riqueza material y técnica es impresionante», sostiene la jefa del Área de Tratamiento del IAPH, que subraya también la importancia de que los motivos presenten diferentes volúmenes gracias a las técnicas empleadas.

La obra exhibe igualmente un rico surtido de técnicas de punto, con distintos hilos, que reflejan el alto nivel de su manufactura. Bodoque sobre lentejuelas de escamas, hojilla, setillo, ajedrezado… son algunos ejemplos de ello.

Paso a paso

El proceso de restauración del manto de la Coronación comprende un minucioso proceso que se inició con la documentación gráfica de la obra para analizar su estado. Ya en vivo se estudiaron sus principales puntos y se seleccionó una muestra de los hilos metálicos para su análisis en laboratorio, donde también se han revisado la estructura y las fibras del terciopelo. «El objetivo es caracterizar el material, algo que nos da pie para realizar el diagnóstico y establecer el tratamiento», señala Lourdes Fernández, que especifica que estos estudios se seguirán desarrollando durante toda la actuación.

Los análisis determinan, de hecho, las técnicas que se van a emplear, ya que no son las mismas en los casos en que la suciedad es polvo que cuando existe grasa o cera.

La hidratación de la fibra facilita la limpieza del bordado.

En una primera fase, se ha desmontado la blonda perimetral del manto, al que se le cambiará el forro, y tras una aspiración general, se lleva a cabo una microaspiración pormenorizada de la superficie, centímetro a centímetro, para eliminar partículas y depósitos de suciedad. Posteriormente, se efectuará la limpieza del hilo metálico y el bordado, un paso este último facilitado con la hidratación de la fibra, que se encontraba muy reseca.

Tras ello se procederá a la fijación de los hilos y elementos sueltosla reconstrucción de la zona perimetral y el refuerzo del soporte. En las partes más deterioradas, esto puede ir acompañado incluso del empleo de tintes sintéticos para homogeneizar pequeñas áreas.

La reconstrucción conlleva todo un ejercicio de pericia. «No se añade material nuevo al bordado, sino que se reintegra con nuevos soportes que se disponen bajo la zona de pérdida o laguna. Es una intervención muy de tipo arqueológico», manifiesta Araceli Montero. «Incluso cuando existe una pérdida importante en una zona -añade-, el parche de reintegración crea armonía con el resto de la obra y se integra ópticamente».

Aún no se contempla que se empleen técnicas como el láser para la limpieza, aunque se estudiará en áreas como la delantera y las más próximas a los candelabros de cola, que presentan residuos de cera.

Perspectiva cenital del taller donde se realizan las actuaciones.

Un día especial

El hermano mayor de la Hermandad de la Macarena, José Antonio Fernández Cabrero, ha agradecido a la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y al IAPH su apuesta por recuperar el esplendor del manto. Una obra que, ha destacado, «reúne su excepcionalidad como pieza de bordado, su alto valor artístico y su significación sentimental para todos los macarenos y devotos de la Virgen, el barrio y la ciudad de Sevilla, al estar íntimamente ligado a la memoria de una fecha tan especial como es la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza».

Además de la recuperación patrimonial, de cuya excelencia está convencido, Fernández Cabrero ha señalado otro aspecto fundamental. La colaboración de la Junta de Andalucía permitirá a la hermandad «destinar más fondos a reforzar nuestra labor asistencial y de caridad en unos momentos tan complicados como los que estamos viviendo», ha subrayado.

La obra presenta distintos volúmenes en los bordados.

El hermano mayor ha recordado que la pandemia y la crisis socioeconómica aparejada están golpeando duramente al gremio de los artesanos sacros de la ciudad, por lo que esta restauración «supone también una reivindicación del trabajo artesanal y de los talleres de restauración«. De hecho, la hermandad mantiene activos todos los compromisos adquiridos antes de la pandemia con artesanos y talleres de Sevilla, haciendo un esfuerzo por contribuir a su sostenimiento a través de estrenos, restauraciones y labores de mantenimiento del patrimonio de la corporación macarena.

Las crónicas de la época narran cómo la hermandad decidió encargar un nuevo manto de salida para la Macarena con motivo de su coronación canónica, que se celebró en mayo de 1964. La imagen ya contaba con otros dos mantos de salida, el de malla o camaronero (1899-1990) y el de tisú o verde manzana (1929-1930), y la ejecución del nuevo despertó un amplio debate en la corporación. Aunque hubo dudas entre la confección de uno nuevo o la restauración del de tisú, finalmente se acordó iniciar ambas actuaciones.

El manto de la Coronación muestra precisamente reminiscencias de los dos mantos anteriores. «Presenta hilos de seda de colores, como el camaronero, pero también un verde matizado como el de tisú», asegura Gabriel Ferreras.

Fernando Marmolejo presentó un primer diseño el 10 de enero de 1963, que fue posteriormente transformado hasta que definitivamente lo aprobó el Cabildo de Oficiales. El taller de Esperanza Elena Caro acometió el bordado en un tiempo récord de 14 meses. El volumen de trabajo precisó incluso el establecimiento de turnos de 24 horas para concluirlo a tiempo, aunque no pudo terminarse íntegramente. No obstante, apenas fue perceptible durante la salida procesional de 1964, porque el manto se plegó estratégicamente y, según la prensa de aquel día, «resplandeció y ensalzó aún más la imagen de la dolorosa».

Aún hoy, el manto de la Coronación de la Macarena está considerado una de las grandes obras del arte cofrade hispalense por sus técnicas, simbología y materiales. Una pieza que, al igual que el resto del ajuar de la Virgen, no deja indiferente al público que la contempla. Varias décadas antes del nacimiento de esta obra, en 1924, ya quiso expresarlo Federico García Lorca en las líneas dedicadas a su amigo Pepín Bello en el poema ‘Tardecilla del Jueves Santo’: «Pepín: ahora mismo en Sevilla/visten a la Macarena./ Pepín, mi corazón tiene/alamares de luna y de pena (…)».

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