El Nazareno de Córdoba convoca una asamblea extraordinaria para «recuperar la Madrugada»

La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno ha convocado a sus hermanos a una Asamblea General Extraordinaria en la que se someterá a votación una propuesta de especial trascendencia para el futuro de la corporación: la modificación del horario de salida de su Estación de Penitencia, con el propósito de que esta pueda desarrollarse desde la tarde-noche del Jueves Santo y recuperar su vinculación con la Madrugada del Viernes Santo.

La propuesta será sometida a los hermanos el 27 de septiembre

La cita tendrá lugar el domingo 27 de septiembre de 2026, en el salón de usos múltiples del Colegio Jesús Nazareno, con acceso por la Casa de Hermandad. La primera convocatoria está fijada para las 10:30 horas, mientras que la segunda tendrá lugar a las 11:00 horas. El orden del día contempla tres puntos. La reunión comenzará con una oración inicial; posteriormente se abordará la presentación y, en su caso, aprobación de la modificación horaria de la salida procesional de la Cofradía; finalmente, la Asamblea concluirá con una oración final. La corporación ha precisado que la convocatoria oficial ha sido remitida a los hermanos de acuerdo con lo dispuesto en sus Estatutos, mientras que esta publicación tiene como finalidad facilitar igualmente su difusión y conocimiento.

La Agrupación de Cofradías plantea iniciar la Carrera Oficial a medianoche

El origen de la propuesta se encuentra en el planteamiento realizado por la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba, que ha ofrecido a la corporación nazarena la posibilidad de iniciar su Estación de Penitencia en la Carrera Oficial a las 00:00 horas del Viernes Santo. Ante esta posibilidad, la Cofradía pretende que sean sus propios hermanos quienes determinen la conveniencia de trasladar el comienzo de la procesión a la tarde-noche del Jueves Santo, una modificación que obligaría a adaptar tanto el recorrido como la organización de la Estación de Penitencia a la nueva configuración horaria.

La corporación señala que, antes de elevar la propuesta a la Asamblea, se han analizado diferentes horarios y estudiado distintos itinerarios, con la intención de encontrar una alternativa que permita hacer efectiva la modificación si obtiene el respaldo de los hermanos. El objetivo expresado es evitar los grandes sacrificios organizativos que, según recuerda la Cofradía, tuvieron que afrontarse en etapas anteriores.

Según fuentes consultadas por Gente de Paz, la entrada en Carrera Oficial a las 00:00 horas del Viernes Santo permitiría articular un horario procesional plenamente viable para la Cofradía. De acuerdo con estas estimaciones, la Cruz de Guía podría situarse en la calle en torno a las 22:00 o 22:30 horas del Jueves Santo, mientras que el cortejo tendría margen para completar su recorrido y alcanzar de nuevo su templo aproximadamente a las 02:30 horas de la madrugada. Un planteamiento que, siempre según las fuentes consultadas, se considera perfectamente factible desde el punto de vista de la organización de la Estación de Penitencia.

Un regreso con dimensión histórica

Si la Asamblea General Extraordinaria da su aprobación, la Cofradía protagonizará un regreso a la Madrugada un cuarto de siglo después, cerrando así un largo paréntesis iniciado tras su salida de ese horario en el año 2000. La incorporación a la Madrugada se produjo en 1987, de modo que aquel periodo quedó integrado durante trece años en la trayectoria de la corporación. Su eventual recuperación supondría, por tanto, volver a una configuración penitencial que ya formó parte de su historia, enlazando aquella experiencia con la propuesta que ahora se somete a decisión de los hermanos.

Recuperar la Madrugada como parte de su identidad

Más allá de la reorganización estrictamente horaria, la propuesta se plantea como una oportunidad para recuperar una dimensión esencial de la personalidad histórica de la Cofradía. El cambio permitiría reforzar su carácter penitencial y el significado espiritual asociado tradicionalmente a su presencia en la Semana Santa cordobesa.

La corporación reivindica especialmente el valor de la Madrugada como espacio de recogimiento, silencio y oración, un marco temporal que considera estrechamente relacionado con la advocación de Nuestro Padre Jesús Nazareno y con la manera en que distintas generaciones de hermanos han concebido y experimentado su Estación de Penitencia.

Desde esta perspectiva, regresar a ese tramo horario no se contempla únicamente como una modificación de calendario, sino como la posibilidad de preservar una herencia recibida y trasladarla al futuro, fortaleciendo los rasgos que han configurado históricamente la identidad de la Cofradía.

Una decisión que quedará en manos de la Asamblea

La Cofradía ha anunciado que durante la Asamblea se ofrecerá a los hermanos toda la información necesaria sobre la propuesta, al tiempo que se atenderán las dudas, preguntas y cuestiones que puedan plantearse antes de adoptar una decisión.

La corporación ha animado a sus hermanos a acudir a la convocatoria y participar activamente en un debate que considera especialmente relevante para el futuro de la Cofradía. La decisión definitiva sobre la modificación del horario corresponderá, por tanto, a la Asamblea General Extraordinaria convocada para el 27 de septiembre. El comunicado concluye con una invitación a la participación y un mensaje de fraternidad dirigido a los hermanos, bajo la advocación de Jesús Nazareno.

Una trayectoria de más de cinco siglos entre la asistencia, la penitencia y la recuperación de la Madrugada

La historia de la Cofradía de Jesús Nazareno hunde sus raíces en la Córdoba de finales del siglo XV. El primer documento conocido que acredita la existencia de una corporación bajo esta advocación es una escritura de donación fechada en 1487. Aquella primitiva hermandad tenía una marcada dimensión asistencial, pues sostenía económicamente el hospital de Jesús Nazareno situado en el barrio de Santiago. Sin embargo, esta institución entraría posteriormente en una etapa de decadencia hasta desaparecer a mediados del siglo XVI.

Aquella cofradía hospitalaria no debe confundirse con la posterior corporación penitencial que habría de desarrollar su actividad en el hospital bajomedieval de San Bartolomé, en el barrio de San Lorenzo. Esta nueva hermandad fue aprobada en 1579 por el obispo fray Martín de Córdoba y Mendoza y, aunque su naturaleza era penitencial, mantuvo también una responsabilidad asistencial: asumió el compromiso de sostener el establecimiento de San Bartolomé, que disponía de media docena de camas destinadas a ancianos pobres.

Desde sus primeros tiempos, la principal manifestación pública de esta corporación fue la Estación de Penitencia durante la Madrugada del Viernes Santo. El ingreso en la hermandad estaba condicionado a la acreditación de numerosas virtudes morales y al requisito de la limpieza de sangre. Las reglas promulgadas en 1579 permanecieron vigentes hasta mediados del siglo XIX, cuando fueron sustituidas por nuevos estatutos que acabarían siendo sancionados por Isabel II.

El esplendor del siglo XVII y la transformación barroca

La centuria del XVII constituyó un periodo de esplendor y apogeo para la Cofradía de Jesús Nazareno y San Bartolomé. El número de hermanos experimentó un crecimiento y se consolidó el proceso de aristocratización de la corporación. Paralelamente, la Estación de Penitencia del Viernes Santo fue incorporando nuevos elementos hasta adquirir su configuración definitiva, bajo la influencia estética del Barroco.

Fue también una época de intensa expansión de la devoción hacia Nuestro Padre Jesús Nazareno. Las celebraciones religiosas alcanzaron una particular solemnidad y la actividad asistencial del hospital recibió un nuevo impulso gracias a la intervención del padre Cristóbal de Santa Catalina.

La composición social de la hermandad reflejaba el peso de las élites cordobesas. En ella estuvieron representados los diferentes sectores de la nobleza de la ciudad, incluidos todos los títulos de Castilla y los señores de vasallos que residían en Córdoba, además de los titulares de los grandes señoríos cordobeses establecidos fuera de la capital de la diócesis.

Durante esta centuria también se produjo la incorporación masiva de los escribanos públicos, una relación que quedó formalmente reforzada en abril de 1694, cuando la hermandad aceptó la petición del colegio de escribanos para que todos sus integrantes fueran admitidos como hermanos. Esta vinculación estaba relacionada con la aportación económica necesaria para sacar el paso de San Juan.

La propia Estación de Penitencia experimentó importantes transformaciones. A las imágenes de Jesús Nazareno, San Juan y la Dolorosa se sumaron la de Santa María Magdalena en 1627 y la de la Verónica en 1628. Las primitivas andas de madera de Jesús Nazareno serían finalmente sustituidas en 1700 por unas lujosas andas de plata.

El declive del siglo XVIII y la interrupción de la procesión

Durante el siglo XVIII continuaron aplicándose las reglas de 1579 y la Estación de Penitencia del Viernes Santo conservó, en líneas generales, el modelo heredado de la centuria precedente. Sin embargo, la corporación comenzó a experimentar un acusado descenso del número de hermanos, circunstancia que generó graves problemas para afrontar económicamente los gastos de la procesión.

La disminución de efectivos contrastaba con el lujo y riqueza de los pasos de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad. Al mismo tiempo, se mantuvo el carácter aristocrático de la hermandad, precisamente uno de los factores que contribuyeron a limitar su crecimiento, dado el reducido peso cuantitativo del estamento nobiliario dentro de la población cordobesa.

La escasez de hermanos llegó a plantear incluso dificultades para disponer de personas suficientes que pudieran portar los pasos durante la Estación de Penitencia. En este contexto se produjo la ruptura con el colegio de escribanos. El proceso se venía gestando desde 1720 y culminó en 1755, cuando los escribanos se separaron de la Cofradía de Jesús Nazareno al negarse a asumir el coste de los cirios destinados a iluminar el paso de San Juan Evangelista.

La salida de este colectivo incrementó todavía más el protagonismo de la nobleza dentro de la corporación y provocó que los escribanos terminaran vinculándose a la Cofradía del Santo Sepulcro.

La situación alcanzó un punto crítico a finales de la centuria. Desde 1793, la hermandad dejó de realizar su salida durante la Madrugada del Viernes Santo debido a la combinación de las dificultades económicas y el reducido número de cofrades. Su paralización se inscribía, además, en la crisis general que atravesaban las cofradías penitenciales cordobesas durante aquel periodo.

La reorganización del siglo XIX y el título de Real

Después de una prolongada etapa de decadencia, la corporación inició su reorganización a mediados del siglo XIX. El momento decisivo llegó con el cabildo celebrado el 9 de marzo de 1850, en el que fue elegido hermano mayor el duque de Almodóvar.

Los asistentes acordaron entonces recuperar la salida procesional durante el Viernes Santo de aquel mismo año y constituyeron una comisión encargada de preparar el proyecto de procesión. Aunque en la Semana Santa de 1850 la Cofradía participó en la procesión oficial del Santo Entierro, su propósito era recuperar la Estación de Penitencia en el día y horario tradicionales, petición que recibió la aprobación de la autoridad diocesana.

En el cabildo celebrado el 24 de marzo de 1850 se acordó, además, conservar la estricta estructura aristocrática que había caracterizado a la corporación durante las centurias anteriores.

La reorganización hizo necesaria la elaboración de nuevos estatutos. Estos fueron aprobados el 20 de noviembre de 1857, mediante una real cédula por la que Isabel II sancionó las nuevas reglas. A partir de esta aprobación, la corporación incorporó a su título la condición de Real.

Nueva decadencia y desaparición de la actividad procesional

Los últimos años del siglo XIX volvieron a mostrar signos de crisis, una situación que se intensificó durante las décadas finales de la centuria. La dependencia de un reducido sector de la aristocracia para el reclutamiento de hermanos volvió a constituir uno de los principales factores de debilitamiento de la corporación, a lo que se añadió el elevado número de hermanos que residían fuera de Córdoba.

Como consecuencia de esta situación, desde 1863 quedó suspendida de manera definitiva la salida procesional. La decadencia terminaría desembocando en la inactividad de la Cofradía, que quedó paralizada en 1911.

El renacimiento de 1938 y una nueva etapa de letargo

Un pequeño grupo de personas recuperó la actividad de la corporación en 1938, que pasó a adoptar entonces el título de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Nuestra Señora de la Amargura y San Juan Evangelista.

Ese mismo año, durante el Jueves Santo, realizó Estación de Penitencia desde el templo parroquial de San Lorenzo. Para 1939 estaba prevista nuevamente la salida en Jueves Santo, esta vez desde la iglesia de Jesús Nazareno, pero las dificultades surgidas obligaron a aplazarla hasta el día siguiente, integrándose en la procesión oficial del Santo Entierro.

La recuperación, sin embargo, no tendría continuidad inmediata. Entre 1940 y 1971 la Cofradía volvió a atravesar un periodo de letargo, durante el cual sus imágenes quedaron bajo el cuidado de las religiosas de la Congregación de Hospitalarias de Jesús Nazareno.

La reorganización definitiva a partir de 1971

El resurgimiento del movimiento cofrade en Córdoba, unido a la actitud favorable de las religiosas, permitió emprender una nueva reorganización que acabaría siendo definitiva. En 1971 se constituyó una junta gestora con la misión de poner nuevamente en marcha la corporación.

En febrero de 1972 se produjo la elección de la primera junta directiva de esta nueva etapa y, un mes después, el obispo aprobó los estatutos. Ese mismo año, la Cofradía volvió a realizar Estación de Penitencia, en esta ocasión durante el Martes Santo.

La salida de 1973 incorporó dos novedades especialmente relevantes: la artística Cruz de Guía y el nuevo paso de Jesús Nazareno, obra de Andrés Valverde Luján. Dos años después, en 1975, se incorporó María Santísima Nazarena, cuyo paso fue realizado igualmente por el citado tallista.

De nuevo en la Madrugada

Durante la década de los ochenta se produjo otro cambio sustancial en la trayectoria procesional de la corporación: la Cofradía recuperó como jornada de salida el Viernes Santo de Madrugada, después de haber realizado su Estación de Penitencia hasta entonces durante la tarde del Martes Santo. En aquellos años también fue aprobado el diseño del palio de María Santísima Nazarena.

La evolución de los pasos continuó en este periodo. En 1980, Nuestro Padre Jesús Nazareno fue portado por primera vez por hermanos costaleros, mientras que María Santísima Nazarena pasó a ser llevada de la misma manera en 1983.

Posteriormente, en 1999, se estrenó un nuevo paso para Nuestro Padre Jesús Nazareno, antes de que la Cofradía afrontara un nuevo cambio de jornada con la llegada del siglo XXI.

El traslado al Jueves Santo

En 2001, la hermandad abandonó nuevamente la Madrugada cordobesa y pasó a incorporarse a la nómina de corporaciones que realizan su Estación de Penitencia durante la tarde del Jueves Santo. Desde entonces ha permanecido en esta jornada, ocupando en la actualidad el lugar de hermandad que abre la jornada procesional del Jueves Santo.

La trayectoria de la Cofradía queda así marcada por una sucesión de fundaciones, etapas de esplendor, periodos de decadencia, reorganizaciones y cambios de jornada, con una presencia particularmente significativa de la Madrugada en distintos momentos de su historia. Una trayectoria que permite comprender la dimensión histórica de la propuesta que ahora se plantea para recuperar aquel marco temporal.