Hoy se ha presentado el cartel anunciador del noventa aniversario de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la barrida de Santa Cruz.
Una fotografía recuperada del año 1936, y en la que solo se han añadido tres fachadas significativas para la historia de la bendita Imagen del Nazareno, la primera de las fachadas es la Iglesia de Asunción de Cabra, en memoria del origen del autor, La segunda, la de la Iglesia de Jesús Nazareno de Castro de Río, donde recibió culto hasta 1952 en que paso a la parroquia de la Encarnación de Santa Cruz, sede hasta la actualidad.

Noventa años desde su hechura, de los que quince lustros cuidando y custodiando el alma de santa Cruz.
La talla, nacida de la gubia de Antonio Albornoz Zejalbo en su taller de Cabra, llegó en un tiempo de contienda y sombras en plena guerra civil y consiguiendo una imagen destacada en la campiña cordobesa.
El patrimonio de la Cofradía Nazarena de Castro del Río, fue destruido en los albores de la guerra civil, reorganizándose la hermandad en el año 1937, bendiciendo un Nazareno nuevo, sufragado por suscripción popular y con un importe de cinco mil pesetas, siendo uno de los últimos trabajos de Albornoz Zejalbo.
Años después, el 7 de octubre de 1952, el presbítero Juan Bravo Carpio, ante la «pobreza absoluta» de la parroquia de Santa Cruz, solicitó formalmente la donación de aquellas tallas que aguardaban sin destino en el Hospital de Jesús Nazareno.
Gracias a aquel gesto de generosidad y a la mediación del párroco, el Nazareno, la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista encontraron un nuevo hogar y un nuevo pueblo que los hizo suyos para siempre.
Antonio Albornoz supo reflejar en su talla a un Nazareno humanizado, cercano, compañero de generaciones de cofrades, primero de castreños y después de santacruceños, donde ha permanecido siempre bajo el manto protector de la Hermandad de la Virgen de los Dolores.
En este 2026, al volver la vista atrás, se descubre que esos noventa años no han sido solo el paso del tiempo, sino la construcción de una identidad colectiva que se renueva en cada chicotá y en cada rezo susurrado al paso del Señor. Es la historia de un reencuentro que comenzó hace casi un siglo y que hoy, con la misma fuerza que el primer día, sigue siendo el vecino más apreciado y proclamando en Santa Cruz, y en los corazones de sus gentes.
Durante estos noventa años ha sido sometido a una restauración, que el sacerdote Pablo Moyano Llamas en 1992 devolvió todo su esplendor original a esta bendita imagen, recuperándolo del daño del tiempo y de algunas intervención anterior, descubriendo los matices de la policromía de Albornoz, así como la extraordinaria fuerza de sus manos, su mirada baja, quedando tal y como era el original de 1936.
Celebrar este aniversario es, por tanto, celebrar un acto de resistencia cultural y espiritual. El Nazareno que hoy contemplamos, es el mismo que abrazó la cruz por primera vez hace casi un siglo, pero revestido de la dignidad que da el respeto por la obra bien hecha.
La recuperación de su advocación, fue también un renacer de la identidad de Santa Cruz, que aprendió a valorar cada veta de su historia.
Así, entre el ayer de Albornoz Zejalbo y el mañana de este Centenario que se aproxima, el Nazareno de Santa Cruz sigue caminando, restaurado en su materia y eterno en su devoción, recordándonos que el arte, cuando es depositario de la fe, es capaz de vencer al olvido y mantenerse vivo, noventa años después, como el primer día.





