El Nazareno pone a su dolorosa en manos de Ana Infante de la Torre

La Hermandad de Jesús Nazareno ha anunciado la celebración de una Santa Misa en honor a María Santísima Nazarena el próximo sábado 11 de abril a las 20:30 horas en la Iglesia-Hospital de Jesús Nazareno, en lo que constituye un acto de especial relevancia dentro de la vida corporativa. La convocatoria se enmarca en un momento particularmente significativo, ya que al término de la eucaristía la imagen será retirada del culto para someterse a un proceso de restauración.

Según han explicado a este medio fuentes cercanas a la corporación del Jueves Santo, la intervención será llevada a cabo en el prestigioso taller de Ana Infante de la Torre, donde se acometerán los trabajos necesarios para garantizar la adecuada conservación de la talla. Este procedimiento tiene como finalidad preservar la integridad material de la imagen y asegurar su transmisión en óptimas condiciones a las generaciones venideras.

Horario de apertura y participación de los fieles

Con el propósito de facilitar la participación de hermanos y devotos, el templo permanecerá abierto desde las 19:00 horas, permitiendo la contemplación y oración ante la imagen antes del inicio de la celebración litúrgica. La Junta de Gobierno ha subrayado el carácter profundamente emotivo y simbólico de este momento, invitando a todos los fieles a acompañar a la Titular en este trance previo a su intervención.

La corporación ha trasladado asimismo un mensaje de cercanía y comunión, animando a la asistencia como expresión de devoción y afecto hacia María Santísima Nazarena en una circunstancia que marca un punto de inflexión en su historia reciente.

Características artísticas de la imagen

María Santísima Nazarena responde a la tipología de imagen de candelero, realizada en madera tallada y concebida como Virgen dolorosa de vestir. Su ejecución se sitúa cronológicamente entre los años 1766 y 1799, siendo atribuida a un autor anónimo dentro del ámbito de la escuela sevillana barroca.

Desde el punto de vista iconográfico, la imagen presenta la cabeza ligeramente girada hacia la derecha, con la mirada elevada al cielo y la boca entreabierta, lo que refuerza su intensa expresividad. Sus ojos de cristal, de los que brotan dos grupos de tres lágrimas del mismo material, junto a unas cejas elevadas y un ceño fruncido, configuran una escena de profundo dolor contenido. Las manos, con los dedos suavemente flexionados, contribuyen a acentuar esa sensación de padecimiento interior.

Sus dimensiones aproximadas son de 1,46 metros de altura, 0,64 de anchura y 0,41 de profundidad, proporciones que favorecen su presencia en el culto y en la procesión.

Revisión historiográfica y atribuciones artísticas

Durante largo tiempo, la talla fue considerada de posible origen napolitano, si bien los estudios más recientes han reorientado su adscripción hacia el entorno de destacados imagineros sevillanos como Cristóbal Ramos, Juan de Astorga y Blas Molner. Esta reinterpretación ha permitido situarla con mayor precisión dentro del contexto artístico local de finales del siglo XVIII.

Trayectoria devocional y consolidación como Titular

La imagen fue donada a finales del siglo XVIII o comienzos del XIX a la Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, permaneciendo durante décadas en la enfermería del hospital homónimo. No fue hasta 1971 cuando pasó a convertirse en Titular de la Cofradía, iniciando así una nueva etapa en su historia.

Su primera salida procesional tuvo lugar en 1975, consolidándose progresivamente como eje central de la devoción de los hermanos. Posteriormente, el 19 de marzo de 1977, fue objeto de coronación litúrgica por parte del Ilmo. y Rvdmo. Monseñor D. Antonio Gómez Aguilar, luciendo una presea cincelada por Alfonso Luque según diseño de los hermanos Valverde, elemento que subraya su relevancia dentro del patrimonio devocional de la hermandad.

Un momento de especial significado para la corporación

La retirada al culto de la imagen tras la celebración de la misa supone un instante de gran carga emocional para la comunidad cofrade, que se dispone a acompañar a su Titular en este proceso de restauración. La intervención se presenta como una oportunidad para preservar no solo su integridad material, sino también la memoria colectiva y la devoción acumulada a lo largo de los siglos.