El Nazareno se adhiere también a la Magna

Poco a poco se van incorporando nuevas imágenes a la exposición magna que tendrá lugar en la ciudad de Córdoba el próximo mes de septiembre. Una cita que se va convirtiendo paulatinamente en más y más importante a raíz de la confirmación de la participación de imágenes sagradas de muy diversa índole venidas de los cuatro puntos cardinales de la diócesis de Córdoba.

la última imagen confirmada ha sido la de Jesús Nazareno de Córdoba, una imagen que forma parte indisoluble de la centenaria religiosidad popular de la ciudad de San Rafael que se pierde en la memoria de los tiempos y que, por ende, no podía faltar en un acontecimiento de estas características. La presencia de Jesús Nazareno se añade a la de todos los titulares de las cofradías que hasta ahora se han pronunciado en la capital entre las que destacan el Prendimiento, Pasión, la Paz, el Cerro y el Calvario otorgando a este evento la condición de único e irrepetible.

El primer testimonio documental que nos habla de la existencia de una cofradía bajo la advocación de Jesús Nazareno es una escritura de donación a favor de la misma fechada en 1487. La mencionada hermandad tiene un carácter asistencial puesto que mantiene a sus expensa el hospital del mismo título en el barrio de Santiago. Esta cofradía hospitalaria entrará en una fase de postración y desparece a mediados del siglo XVI. La citada hermandad no tiene ninguna relación con su homónima penitencial, erigida en el hospital bajomedieval de San Bartolomé del barrio de San Lorenzo aprobada por el obispo fray Martín de Córdoba y Mendoza en el año 1579.

Aunque la hermandad tiene un carácter penitencial, asume el compromiso de sostener el establecimiento asistencial de San Bartolomé que cuenta con media docena de camas destinadas a ancianos pobres. La celebración más importante de esta hermandad es la estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo. Se exige a los cofrades la posesión de un buen número de virtudes morales, además del imprescindible requisito de la limpieza de sangre. Estas reglas aprobadas en 1579 tendrán vigencia hasta mediados del siglo XIX, cuando se elaborarán unas nuevas que serán sancionadas por la reina Isabel II. El Señor es una obra anónima de finales del Siglo XVI o XVII, restaurada por Andrés Valverde, Juan Reyes y Enrique Hinojosa en 1978.