La Hermandad del Santo Crucifijo de la Salud, con sede canónica en la iglesia de San Miguel de Jerez de la Frontera, ha comunicado que la imagen de Nuestra Señora de los Reyes será, un año más, la que acompañe a Su Divina Majestad en la tradicional procesión eucarística de Minerva, conforme a la costumbre mantenida por la corporación sacramental.
En el último Cabildo General Ordinario, la junta de gobierno informó a los hermanos de que había elevado al Obispado de Asidonia-Jerez la solicitud para que, con motivo del cierre de los actos conmemorativos del V Centenario fundacional, fuera María Santísima de la Encarnación la que tomara parte en dicha procesión, como ya ocurriera en ocasiones excepcionales previas, concretamente en años jubilares.
No obstante, en días recientes la Hermandad ha recibido comunicación oficial de la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías, en la que se traslada que, tras haber sido consultada la petición con el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo diocesano, la solicitud no ha sido autorizada.
Por tanto, se mantendrá el formato habitual, siendo la dolorosa letífica Nuestra Señora de los Reyes quien acompañe al Santísimo Sacramento por las calles de la feligresía de San Miguel, en una de las celebraciones más solemnes y significativas del calendario eucarístico jerezano.
La Hermandad ha aprovechado el comunicado para invitar a todos sus hermanos a participar activamente en este culto externo, cuyos detalles litúrgicos y organizativos serán anunciados en las próximas semanas. La corporación cierra así el ciclo de celebraciones conmemorativas de sus quinientos años de vida con una renovada llamada a la devoción y al compromiso en torno a la importancia de la Eucaristía.

María Santísima de la Encarnación, dolorosa de Castillo Lastrucci para el Santo Crucifijo de Jerez
La imagen de María Santísima de la Encarnación, titular mariana de la Hermandad del Santo Crucifijo de la Salud de Jerez de la Frontera, fue ejecutada por el célebre escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci. Se trata de una talla de candelero que responde plenamente al lenguaje estético que consolidó al autor como principal representante del neobarroco andaluz durante el primer tercio del siglo XX. La dolorosa fue bendecida el 22 de septiembre de 1929 por el entonces arzobispo de Sevilla, cardenal Eustaquio Ilundáin y Esteban.
De rostro idealizado, manos finamente talladas y gesto contenido, la imagen representa a una mujer joven y serena, en línea con otras dolorosas contemporáneas del mismo autor, como la Virgen de la Amargura de San Juan de la Palma o la Virgen de la O. Su factura responde a los años de mayor plenitud creativa de Castillo Lastrucci, quien por entonces desarrollaba un estilo profundamente influido por la escultura procesional del siglo XVII, pero enriquecido con una carga expresiva y teatral muy característica.
La corona: una pieza singular de orfebrería historicista
La dolorosa jerezana luce una corona de oro realizada en 1964 por el insigne orfebre sevillano Fernando Marmolejo Camargo, quien utilizó para su ejecución 3.000 gramos del preciado metal. El diseño se inspira en los modelos del siglo XVI, tal como fue solicitado por la Hermandad, presentando una línea clasicista y equilibrada. La ráfaga incorpora doce querubines de marfil, así como dieciocho estrellas de ocho puntas. El conjunto se remata con una cruz de amatista, lo que le confiere un sello distintivo y de gran elegancia.
El ajuar bordado: un conjunto de gran valor histórico y artístico
Entre las principales preseas textiles que posee la imagen destacan varias sayas de salida, entre las que sobresalen:
- Una saya de terciopelo azul bordada en oro, fechada en 1932, de diseño clásico.
- Otra, bordada en oro sobre tisú, obra de Guillermo Carrasquilla, concluida en 1965.
- Una tercera, también de Carrasquilla, realizada sobre terciopelo celeste, igualmente bordada en oro.
No menos relevante es el manto procesional, considerado una de las piezas más notables del ajuar de la Virgen. Bordado en hilo de oro sobre terciopelo rojo, su diseño fue concebido por Juan Manuel Rodríguez Ojeda en 1930, correspondiendo su ejecución y terminación a Guillermo Carrasquilla, quien lo concluyó en 1943. La composición del bordado se estructura a partir de un eje vertical central del que parten sinuosas líneas curvas, rematadas por hojas de acanto, flores y piñas, elementos característicos del repertorio ornamental de la época. La pieza fue sometida a una cuidada restauración en 2010 por el bordador Ildefonso Jiménez.
Este conjunto patrimonial no sólo testimonia la rica historia devocional de la Hermandad del Santo Crucifijo, sino que constituye un referente del arte sacro jerezano del siglo XX, enriquecido por la impronta de los grandes nombres de la imaginería, la orfebrería y el bordado andaluz.





