Los signos han venido en forma de nombramientos. Uno doble y muy concreto, el de Antonio Jesús Morales, uno de los predilectos
Este jueves, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, dejaba unas declaraciones en la web de la diócesis que sonaban a despedida inmediata. Sus afirmaciones desprendían lo que ha sido un secreto a voces durante los últimos meses.
Ese secreto no es otro que, una vez presente su renuncia al Papa este sábado al cumplir los 75 años, ésta será aceptada por el Vaticano por la vía del cloroformo. Es decir, en las próximas semanas se anunciará nuevo prelado.
Los gestos
Aparte de la rumorología instaurada en la curia, propia de las intrigas vaticanas de provincias, las señales de una marcha apresurada han sido varias. Y no porque el obispo lo quiera, que no pareció quererlo cuando pidió un coadjutor que el Papa Francisco le negó y le hubiera asegurado un par de años más..
Los signos han venido en forma de nombramientos. Uno doble y muy concreto, el de Antonio Jesús Morales, uno de los predilectos, que en un mes ha pasado de estar en Roma ha ser nombrado canónigo y canciller. Solo le ha faltado una Vicaría, aunque el cargo de canciller es a una diócesis, lo que a un partido político un secretario de organización.
Más detalles
No obstante, ese cargo puede ser removido por su sucesor, no así el de capitular de la Catedral de Córdoba. Un templo que, de camino, es el oscuro objeto de deseo de la izquierda y no es descartable que, en los próximos meses vuelva el debate de la gestión compartida. Por si acaso, en estos quince años, Demetrio Fernández ha nombrado a un buen número de canónigos a los que ahora tocaría una hipotética defensa del templo y su gobernanza.
Más vigías
Pero el obispo deja a su sucesor a otros centinelas como Rafael Rabasco, que se encargará de encauzar lo sucedido en Puerta Nueva. Tal vez, con la llegada de un nuevo prelado se arroje luz a lo sucedido con las hermandades y con el párroco cesante, ya que hasta ahora los motivos esgrimidos suenan a muy poco y todo apuntaría que se estaría indagando, con un presunto objetivo de justificar las drásticas medidas.
Además, hasta que nadie diga lo contrarío, el delegado de hermandades seguirá hasta su jubilación. Todo apunta a que es un refrendo por los grandes servicios prestados en estas dos décadas. Sin olvidar al presidente del Cabildo, que en definitiva es el vigía mayor del legado, pues la institución ostenta un importante peso en la diócesis, por no decir todo.





