Tal vez, haciendo algo de memoria, sean capaces de recordar publicaciones anteriores en las que, como no podía ser de otro modo, hemos analizado la valiosa obra que Juan Martínez Cerrillo dejó a la ciudad de Córdoba. Una obra que lo convirtió en el imaginero cordobés del siglo XX por excelencia y que le ha valido el reconocimiento de la Córdoba Cofrade que tan cariñosamente lo recuerda a través del llanto de “la Gitana” o de la sofisticada belleza de la Virgen de la Paz y Esperanza.
Esos estudios, fueron también los mismos que nos sirvieron para acercarnos a conocer a su musa, fuente de inspiración para sus entrañables dolorosas y, con ello, corroborar esos rasgos comunes en todas ellas, definidas por esos grandes ojos iluminando pequeños rostros. Esa clásica nariz fina y alargada y la dulzura impresa en la cara de María Santísima.
Quizá, también puedan recordar anécdotas tan curiosas como la que nos llevó a contemplar a María Santísima Reina de Nuestra Alegría en sus primeros tiempos, cuando, a diferencia de en la actualidad, la sonrisa aún no se dejaba ver en la boca de la bella Virgen de Santa Marina. Poco después, el propio Cerrillo la retocó, modificándola sustancialmente y haciendo que la nariz de la titular de la Hermandad del Resucitado fuese menos pronunciada, la alegría más patente y el gesto menos grave.
Si les ha sido posible visualizar a la Virgen de la Alegría en sus orígenes, probablemente no tarden en identificar las experimentadas manos del bujalanceño tras el rostro de Nuestra Señora del Carmen de Espejo, la cual fuera tallada en el año de 1934 y que acaba de someterse a un proceso de restauración llevado a cabo por Juan Jiménez y Pablo Porras y que se presentaba hoy, a su regreso, a las 20:30, a término de la oportuna Eucaristía.
Es la imagen de Nuestra Señora una talla de candelero, ejecutada en madera de pino de Flandes así como el pequeño Niño que porta en sus brazos, al que le fueron aplicadas unas telas encoladas pensadas para el modelado de la túnica, tal y como podemos comprobar por las fotografías que hoy compartimos.
El proceso de rehabilitación ha estado marcado por su complejidad y el mimo requerido, pues ambas imágenes se hallaban en un avanzado estado de deterioro que hacía peligrar su integridad. A la talla de la Santísima Virgen, por su parte, le han sido retiradas las anteriores policromías y estucos después de haberse corroborado el mal estado de estos, siendo necesario también ensamblar todas las maderas – que se encontraban sueltas – y extraer los clavos y otros objetos metálicos encontrados en la efigie de la Virgen del Carmen. Además, le han sido realizadas unas nuevas caderas con las que se ha pretendido dar un mayor volumen a la imagen y se le ha dotado de un nuevo y mejorado candelero y articulaciones rotatorias a fin de reemplazar a las primitivas de piruleta. Por último, se le ha practicado una nueva policromía así como el estucado, tal y como puede verse por el magnífico aspecto con el que la Santísima Virgen se ha mostrado ante sus devotos.
Por otro lado, el entrañable Niño Jesús afrontaría dicho procedimiento con la íntegra retirada de las telas que lo cubrían, la policromía y, nuevamente, los estucos. Tras ello, el objetivo fue unir todas las partes que habían sido divididas – cabeza, dedos, piernas y brazos – sumándole también otros cuatro dedos que, con el mal trato tiempo y los presumibles problemas, el pequeño había ido perdiendo.
Llegado ese punto y una vez la talla hubo sido integrada completamente en su estructura, se le volvieron a colocar las mencionadas telas encoladas que daban forma a la túnica, iniciándose así el estucado de toda la pieza que haría de base para la posterior aplicación de la policromía con la que el resultado sería óptimo.
Y así, tras ese intensa y minuciosa restauración a manos de Jiménez y Porras, Nuestra Señora del Carmen vuelve a erigirse, espléndida y majestuosa, ante los fieles que ya la aguardaban con ansia a tan solo unos pocos días de la festividad con la que la Santísima Virgen volverá a ser, una vez más, protagonista indiscutible del panorama cofrade en el que tanto se la venera.





















