Córdoba, 💚 El Rincón de la Memoria

El renacimiento de la Semana Santa cordobesa

Nada queda exento de estar sometido a los ciclos, esos mismos que tantas veces se han dejado caer por la vida de nuestras hermandades a lo largo del tiempo para marcarlas con períodos de luces y sombras que se tradujeron en el esplendor más absoluto o en profundas crisis que bien pudieron haber culminado con la desaparición de la cofradía en cuestión, tal vez para ser refundada más tarde.

Si esos altibajos tenían lugar a título individual, la suma de esas vicisitudes y pujanzas, por supuesto, también se vería reflejada en la suma de las circunstancias de todas las hermandades que, en un determinado momento del pasado, conformaban el panorama cofrade de la capital cordobesa.

Como ejemplo de los descritos ciclos, cabe destacar el contexto que, en la década de 1970, propició un nuevo despertar en la Semana Santa de Córdoba, lleno de cambios y progreso en definitiva con el que se vino a mejorar sustancialmente la situación de las cofradías existentes hasta entonces así como a incrementar la nómina de hermandades que hacían estación de penitencia durante los siete más esperados del año para el colectivo cofrade.

En el año de 1974, la desaparecida publicación denominada Patio Cordobés incluía en sus páginas interiores una mención a la entonces joven aunque ya fuerte Hermandad de la Merced – que aún tenía consigo a su primitiva titular mariana – la cual había iniciado su andadura en el año 1954 cuando Rafael Rodríguez de Ortega y su esposa, Amalia de Ortega, hacían entrega a la corporación de San Antonio de Padua – entonces en el popular barrio de Miraflores – de una antigua talla de Santa María de la Merced que ambos donantes habían adquirido en Sevilla tiempo atrás.

Ya con Ella, en la fecha del 1 de noviembre de ese mismo año, la Santísima Virgen fue sacada en procesión partiendo de la emblemática Parroquia de San Lorenzo en un recorrido que la trasladó hasta su sede en San Antonio de Padua. Para continuar con esa vitalidad que ya se dejaba entrever, la Semana Mayor posterior al citado acontecimiento trajo consigo la celebración de unos cultos en honor de la titular y una procesión por los alrededores de la feligresía que incluyó la visita a la prisión provincial, cuyos presos han estado tan presentes en la vida de la célebre cofradía.

Fue finalmente en el año de 1957 cuando la Hermandad Sacramental comenzó a participar de los desfiles procesionales que incluían el paso por la anhelada Carrera Oficial, ocasión que atrajo la presencia del Capitán General de la II Región, Antonio Catejón Espinosa, quien viajó a Córdoba exclusivamente para acompañar a María Santísima de la Merced – que aún no iba precedida de titular cristífero – en aquel histórico Lunes Santo con el que la corporación del Zumbacón comenzaba una carrera meteórica digna de halago y mención.

Para 1974, la entonces llamada Hermandad del Santísimo Cristo del Vía-Crucis era una de las más modernas de cuantas existían en la ciudad califal, pues había sido fundada el 22 de diciembre de 1972 a iniciativa de un animoso grupo de jóvenes cofrades que había decidido rescatar de algún modo para el día a día la venerada imagen del antiguo crucificado – entonces sin su actual advocación de la Salud – cuya realización se fechaba en el siglo XVII.

Puesto que la primera estación de penitencia y paso por la Carrera Oficial tuvo lugar tan solo un año antes del que nos ocupa, Patio Cordobés no quería dejar pasar la ocasión de llamar la atención de sus lectores sobre el palpable recogimiento, la seriedad y el profundo sentimiento religioso que la cofradía llevaba a las calles de la ciudad. Como cabe deducir, no era menos destacable la característica más reseñable de cuantas pueda poseer la corporación, ya que la talla del hoy Cristo de la Salud era portada a hombros por tres hermanos nazarenos a diferencia de lo que ocurría en el resto de las hermandades, las cuales llevaban a sus queridos titulares sobre excelsos pasos.

La Hermandad de la Expiración, por su parte, atravesaba uno de los mejores momentos de su historia, puesto que la cofradía se encontraba inmersa en un período de renovación e impulso que contrastaba enormemente con años anteriores pues, aunque se trata de una de las cofradías de más extensa historia de la ciudad, no había sobresalido por tener una trayectoria del todo próspera a pesar de haber acompañado al Señor del Santo Sepulcro en la tradicional y desaparecida procesión oficial del Santo Entierro.

El auténtico punto de inflexión llegó cuando, en 1941, la hermandad quedó reorganizada bajo el mandato de Pedro Moya Cerezuela, que dio unos nuevos aires a la antigua corporación – cambiando, entre otras cosas, las túnicas negras con capas y capirotes morados por el hábito negro de cola con cinturón de esparto – y la condujo por la línea que la llevó a tener el sobrenombre de “la de los Estudiantes”.

Especialmente importante fue el repetido 1974 para la hermandad de San Pablo teniendo en cuenta que, entonces, la cofradía comenzaba a sacar dos pasos. Pero no como en años anteriores, con el Santísimo Cristo de la Expiración en el primero y María Santísima del Silencio bajo palio, sino que ahora, el palio pasaba a cobijar la nueva imagen de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos, tallada por el imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte en 1973 y bendecida ese mismo año por el entonces obispo, José María Cirarda.

Pese a que la cofradía del sereno Nazareno parecer arrastrarnos inevitablemente hasta años remotos, allá por el siglo XVI, cuando tan solo la nobleza podía pasar a engrosar el número de miembros de la hermandad, lo cierto es que la fundación más reciente de la silenciosa corporación data de 1971, hecho que se produjo con el hermano mayor, Fernando Álvarez Blancas a la cabeza, quien, acompañado de un conjunto de entusiastas cofrades, fue capaz de conseguir la aprobación del ya citado José María Cirarda Lachiondo en 1972 y, a raíz de ello, de sumarse a las procesiones de la jornada del Martes Santo cordobés.

Por si tan solo lo descrito hasta ahora ya pudiera parecer todo un logro en un espacio de tiempo tan breve, el 3 de febrero de 1974 había tenido lugar la celebración de una junta mediante la que los hermanos de la corporación aprobaron el proyecto “de trono y paso” para la bellísima talla de María Santísima Nazarena, el cual había sido presentado por el conocido Andrés Valverde Luján y que, ya se anunciaba, sería orgullosamente estrenado por la hermandad nada menos que en la Semana Santa de 1975.

No podía faltar la presentada por la antedicha revista como sigue:

Es esta la más moderna de cuantas existen en nuestra capital, ya que fue fundada el pasado año de 1973 y aprobados sus Estatutos por el obispo de Córdoba, Monseñor Cirarda Lachiondo. Hará estación de penitencia por vez primera por la carrera oficial en el presente año, cerrando los desfiles del martes santo.

De momento sólo consta de un paso, en el que figuran cuatro imágenes, la de Jesús con la Cruz a Cuestas, la Santísima Virgen, María Magdalena y San Juan Evangelista, todas ellas antiguas, pero de autores desconocidos, aunque la talla del Señor se atribuye a Roldán y procede de la antigua iglesia de la Magdalena […].

Hablamos, sin duda, de la entonces recién nacida Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso. Con estas expectativas, la corporación se ponía manos a la obra con el firme objetivo de contribuir al máximo esplendor de la Semana Santa cordobesa y hacerse un hueco en el corazón de los fieles que ya se disponían a seguir sus pasos por las bellas calles de la ciudad, contribuyendo a su engrandecimiento y dinámico desarrollo.

Además, en ese instante, la corporación de San Andrés ya planeaba, sin más demora, el proyecto de construcción de un paso de palio llamado a mecerse sobre la imagen de María Santísima de la Caridad en sus Dolores, deseo que se vería cumplido en 1977, que, como recordarán por artículos anteriores, también sería objeto de la ambición de mejora de la cofradía, sustituyendo en varias ocasiones a su dolorosa hasta que, finalmente, Miguel Ángel González Jurado diese forma a la actual Virgen de la Caridad en 1991, suscitando la admiración y los elogios de la comunidad cofrade que tantas veces la ha calificado como la obra maestra del reconocido imaginero cordobés.

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