El rincón de pensar | ¡Los que mandan sin estar!

Resulta preocupante comprobar cómo, en ocasiones, pequeños grupos terminan acumulando un poder excesivo dentro de nuestras Hermandades.

Grupos reducidos que apenas participan de la vida corporativa, que no asisten a los cultos, que están ausentes de muchas actividades y que solo parecen aparecer en determinados momentos. Sin embargo, sus opiniones, intereses y decisiones terminan marcando el rumbo de una Junta de Gobierno y, por tanto, de toda una Hermandad.

Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿cómo se puede dirigir aquello que apenas se vive?

Una Hermandad no puede quedar en manos de pequeños círculos de influencia. No puede construirse desde los intereses personales, las amistades o las estrategias internas. Una Hermandad debe ser el reflejo de sus hermanos y tener como principal fundamento sus cultos, su caridad, su formación y su vida diaria.

Porque antes de querer decidir por una Hermandad, hay que vivirla.

Y quizás el verdadero problema sea que estamos permitiendo que unos pocos, que apenas participan, tengan la capacidad de decidir por todos aquellos que sí están, sí trabajan y sí viven la Hermandad durante los 365 días del año.