El Santo Entierro expone el paso de «La Canina» con motivo del Congreso de Hermandades

La hermandad del Santo Entierro ha preparado el paso de la Santa Cruz en la Iglesia de San Gregorio que acompañará a la veneración de María Stma. de Villaviciosa para el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular. De este modo, los miles de visitantes que se darán cita en la ciudad de Sevilla podrán presenciar in situ uno de los pasos más icónicos de la Semana Santa de Sevilla.

Este misterio alegórico es conocido popularmente en Sevilla como «la Canina», por representar en primer término a la Muerte, personificada en un esqueleto provisto de guadaña. Su trono es la bola del mundo por el que repta la serpiente con la manzana del veneno original en la boca. Y su antídoto la emergente cruz desnuda, en la que ondea un sudario blanco y otro negro. Esta última mortaja se rotula con la leyenda «Mors mortem superavit» (Cristo desterró con su Muerte nuestra muerte), que descubre el significado alegórico del paso, proclamando que la Resurrección del Señor redimió al mundo, perdonó al pecado y derrotó al demonio. 

El origen de tan simbólico grupo radica en el ceremonial que acompañaba al Sermón del Descendimiento, celebrado anualmente por la Hermandad del Santo Entierro, a las tres de la tarde del Viernes Santo, en su primitiva sede de la Puerta  Real. El historiador de las cofradías sevillanas y procurador de los tribunales, don José Bermejo, cuenta que al mismo tiempo que el orador sagrado iba exponiendo a los fieles el Descendimiento de Cristo, cuatro capellanes de la parroquia de la Magdalena desclavaban desde lo alto de la cruz la imagen de un crucificado de brazos articulados y, tras convertirlo en yacente y amortajarlo, lo subían a unas andas.

Entonces se iniciaba la estación de penitencia, cuyo cortejo encabezaba «un paso con una cruz grande y varios jeroglíficos». Tales jeroglíficos no tenían nada de tétrico ni morboso, tampoco aludían al dramático juicio de las postrimerías; antes bien, el esqueleto, la guadaña, la serpiente con la manzana enroscada al globo terráqueo y la inscripción «Mors mortem superavit» revelaban y revelan el núcleo de la fe y de la esperanza cristiana a partir de la Resurrección de Jesús.

La composición del misterio data del 20 de marzo de 1693 y se debe al ingenio del escultor Antonio Cardoso de Quirós; con anterioridad a esta fecha su iconografía variaba al depender de la fantasía del artista a quien se encomendaba aquel año el montaje y distribución de los jeroglíficos.