El Vía Crucis de las Hermandades de Córdoba centrará su mensaje en la Sangre redentora de Cristo y la conversión comunitaria

Un acontecimiento cargado de memoria, fe y responsabilidad compartida

La Hermandad del Císter vive estas semanas sumida en un clima de intensa expectación espiritual, marcado por la ilusión y la emoción, pero también por una profunda conciencia de responsabilidad. El próximo 21 de febrero de 2026, en el primer sábado de Cuaresma, Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio del Pueblo presidirá el Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías de Córdoba, un hecho que adquiere una dimensión singular al coincidir con la conmemoración del L Aniversario Fundacional de la corporación. Veintitrés años después de aquella histórica ocasión, la imagen titular volverá a convertirse en centro visible de la oración pública de los cofrades cordobeses.

El Vía Crucis como testimonio público y experiencia de fe vivida

La celebración del Vía Crucis se presenta como una llamada explícita al testimonio cristiano, tanto en el plano personal como en el comunitario. La Hermandad subraya la necesidad de hacer visible la presencia de Dios en la vida cotidiana, fortaleciendo la práctica religiosa a través de la participación en los Sacramentos, la meditación de la Palabra, la oración perseverante y el ejercicio constante de la Caridad. La fe, vivida de manera compartida, se entiende como una realidad que se enriquece en la familia, en el trabajo y en la propia Hermandad, siguiendo la enseñanza de San Juan Pablo II, quien recordaba que este camino exige una conversión radical a Cristo, una apertura dócil al Espíritu Santo y una acogida sincera de los hermanos.

Conversión misionera y sentido eclesial del acto penitencial

Gracias a la Agrupación de Hermandades y Cofradías, la ciudad volverá a fijar su mirada en la impactante imagen de Antonio Eslava, implorando conversión y perdón, para recorrer con Él el camino de la Cruz como senda cotidiana de seguimiento. El Vía Crucis de las Hermandades se concibe así como un verdadero itinerario de conversión misionera, en plena sintonía con las Orientaciones Pastorales Diocesanas, entendidas como proyecto de presente y de futuro para la Diócesis de Córdoba. El mensaje que se quiere proclamar es inequívoco: Jesucristo es la luz que ilumina al mundo, el único salvador y el único que posee palabras de vida eterna.

Un lema que condensa el misterio redentor

“La Sangre derramada abre el camino de la Misericordia”

El lema elegido para esta edición del Vía Crucis condensa el núcleo teológico y espiritual del acto penitencial. “La Sangre derramada abre el camino de la Misericordia” remite directamente a la advocación de Nuestro Padre Jesús de la Sangre, en la que se hace visible el misterio del Cristo rechazado y condenado por su propio pueblo, cuando se prefirió la libertad de Barrabás a su salvación. La Sangre Preciosa derramada se presenta como ofrenda universal, destinada a todo el mundo, en la figura del Cordero mesiánico que purifica a la humanidad de sus pecados.

Silencio, humildad y entrega total en el Desprecio del Pueblo

La Hermandad del Císter destaca de manera especial la contemplación del misterio del Desprecio del Pueblo, vivido desde la resignación y el silencio de Jesús. Un silencio elocuente, que habla de humildad, paciencia y libertad suprema, en cuanto Cristo, aun siendo Dios, se somete por amor al Padre a los poderes de este mundo, aceptando humillaciones y sufrimientos y derramando su Sangre por toda la humanidad. Esta actitud constituye un modelo vital que se propone como referencia permanente para la vida de la Hermandad.

Raíz evangélica del lema y fundamento sacramental

Tanto la advocación del Titular como el lema del Vía Crucis encuentran su inspiración directa en el Evangelio de San Mateo, concretamente en los pasajes que relatan la Pasión de Cristo y la institución de la Eucaristía. “Esta es mi Sangre, Sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mt 26,28) se erige como cita vertebradora del sentido del acto. Jesús se ofrece como alimento, identifica el vino con su Sangre y establece una nueva y definitiva alianza entre Dios y la humanidad, superando los antiguos pactos sellados con sangre en el Antiguo Testamento.

La Sangre de Cristo como promesa de perdón y vida eterna

El lema adquiere así una dimensión profundamente redentora, al situar la muerte de Jesús como fundamento de la Eucaristía y como promesa de perdón para los creyentes. La Sangre de Cristo sella la nueva alianza, mantiene al creyente en comunión con Dios y abre el horizonte de la vida eterna, manifestación suprema de una Misericordia infinita que sostiene y renueva la fe de la Iglesia.

Una oración que acompaña y sostiene el itinerario penitencial

El desarrollo del Vía Crucis estará acompañado por una oración específica, concebida como súplica confiada a Jesucristo, en la que se reconoce la entrega de su Preciosísima Sangre como el mayor ejemplo de amor, humildad y redención. La plegaria pide acoger el Pan vivo de la Palabra de Dios como norma de vida, fuente que purifica, sana y orienta los pasos del creyente. La Sangre derramada se invoca como alimento cotidiano de la fe, fortaleza en la prueba y esperanza firme en el camino, concluyendo con una proclamación de fe en Jesús de la Sangre, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Juventud y comunión eclesial en las intenciones del Vía Crucis

El presente activo y el futuro inmediato de la Hermandad

Las intenciones del Vía Crucis estarán dirigidas de manera preferente a la Juventud, considerada pilar esencial de la vida de la Hermandad. También se elevará la oración por las necesidades de las comunidades religiosas de las Reverendas Madres Cistercienses y de los Hermanos Menores Capuchinos, así como por los frutos espirituales del ministerio del nuevo Obispo de Córdoba, D. Jesús, quien presidirá por primera vez el Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías como Pastor diocesano.

Una Hermandad nacida del compromiso juvenil y educativo

La vinculación con los jóvenes forma parte del ADN fundacional de la Hermandad del Císter, que en este año jubilar celebra su cincuenta aniversario. La corporación nació del compromiso cristiano de numerosos jóvenes vinculados al Colegio La Salle de Córdoba, capaces de transformar su experiencia educativa en una vocación auténtica de fe, fraternidad y servicio a la Iglesia. Este origen ha marcado de forma indeleble su identidad y su proyección eclesial.

Magisterio pontificio y vocación intergeneracional

A lo largo de su historia, la Hermandad ha mantenido una profunda sintonía con el magisterio de la Iglesia sobre la juventud. Las palabras del papa Francisco, al afirmar que los jóvenes no son el futuro, sino el ahora de Dios, resuenan como un estímulo permanente para caminar junto a ellos, escucharlos y confiarles responsabilidades reales. San Juan Pablo II proclamó con fuerza que la Iglesia necesita de los jóvenes y los jóvenes necesitan de la Iglesia, animándolos a no temer el seguimiento de Cristo. Benedicto XVI, por su parte, subrayó que la verdadera educación cristiana conduce al encuentro personal con Cristo, fundamento sólido sobre el que edificar la vida.

Compromiso renovado con el futuro desde las raíces

Fiel a su carisma lasaliano, la Hermandad del Císter reafirma su apuesta por el acompañamiento, la formación integral y el crecimiento en la fe. En este año conmemorativo, la corporación expresa su voluntad de seguir siendo hogar, escuela y camino para los jóvenes, arraigada en sus orígenes y abierta al porvenir, convencida de que un joven con raíces profundas puede crecer y dar fruto para la Iglesia y para el mundo.