Internacional, Varios

En directo | Funeral de Benedicto XVI

Featured Video Play Icon

Rezo del Rosario y Misa Exequial por el Papa Emérito Benedicto XVI. Desde el atrio de la Basílica de San Pedro, el rezo del Rosario y la Misa Exequial por el Papa Emérito Benedicto XVI presidida por el Papa Francisco.

El funeral por el papa emérito, Benedicto XVI, presidido por el Papa Francisco, ha arrancado este jueves 5 de enero a las 09.30 horas, en una ceremonia solemne que cierra la era de la convivencia de dos pontífices en la Iglesia. Aunque aún no hay cifras oficiales de asistencia, entre 65.000 y 80.000 personas caben en la Plaza de San Pedro, que se ve prácticamente llena. El Pontífice ha llegado pocos minutos antes del inicio en silla de ruedas y ha subido al altar.

No es la primera vez, en todo caso, que un papa participa en el funeral de otro. En 1802, Pío VII recibió los restos mortales de Pío VI, fallecido en el exilio en Francia en 1799 y asistió a la solemne misa funeral en San Pedro.

Previamente al funeral de este jueves, un grupo de doce sediarios, los antiguos portadores de la Silla Gestatoria de los Papas, han trasladado a hombros a las 08.50 horas el féretro de Benedicto XVI hasta el altar predispuesto en la plaza de San Pedro. El secretario personal del papa emérito, Georg Ganswein, y el maestro de ceremonias Litúrgicas Pontificias, Diego Giovanni Ravelli, han coloca el evangelio encima del féretro mientras los fieles rezaban el rosario.

Tras tres días de capilla ardiente, que arrancaron el lunes, dos días después del fallecimiento del papa emérito a los 95 años, en los que casi 200.000 personas se han acercado hasta la basílica de San Pedro para despedirlo, entre ellos la Reina Sofía, el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, y muchos cardenales, obispos y sacerdotes españoles- el Papa oficiará las exequias en la plaza de San Pedro del Vaticano.

En el altar, además del Papa Francisco -que celebra la misa con casi 4.000 sacerdotes- está el cardenal decano, Giovanni Battista Re. Más de 1.000 periodistas de más de 30 países se han acreditado para cubrir el histórico evento que marcará el cierre de una era en el Vaticano marcada por la convivencia de dos pontífices.

Numerosos representantes ecuménicos se encuentran en la celebración, entre ellos los metropolitanos Emmanuel de Calcedonia y Policarpo de Italia, por el patriarcado Ecuménico de Constantinopla, así como el presidente del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores del Patriarcado de Moscú, el Metropolitano Antonio de Volokolamsk. Sin embargado, una notada ausencia es la del Patriarca Kirill.

El funeral sigue paso a paso lo que marca el rito ‘Ordo exequiarum Romani Pontificis’, el mismo que se usaría si fuera un pontífice reinante, como ya se hizo en el funeral de san Juan Pablo II en 2005, aunque con algunos cambios.

Por ejemplo, se prescinde de las oraciones de súplicas finales, las de la Iglesia de Roma y las Iglesias orientales, que son muy específicas del Papa activo.

La ceremonia es «solemne, pero sobria», tal y como confirmó el Vaticano en respeto de la voluntad del difunto papa emérito y solo asisten de forma oficial las delegaciones de gobierno y presidencia de Italia y Alemania. El resto lo hacen a título personal.

En representación de Alemania, patria natal de Ratzinger, está el canciller alemán, Olaf Scholz, y el presidente de ese país, Frank-Walter Steinmeier, y por parte de Italia, el presidente Sergio Mattarella y la primera ministra Giorgia Meloni.

En total, acuden a la ceremonia tres monarcas, nueve jefes de Estado y cuatro primeros ministros. La Reina Sofía, se ecuentra en primera fila junto a los reyes Felipe y Matilde de Bélgica.

También están presentes al menos media docena de obispos españoles asistan al funeral entre ellos, el presidente, vicepresidente y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y el obispo auxiliar de Toledo, César García Magán, respectivamente, que acudirán en representación de la Conferencia Episcopal Española.

Para la veneración pública que culminó este miércoles, Benedicto XVI descansaba sobre un catafalco, cubierto por una tela de terciopelo rojo y sostenido por dos almohadillas, con una casulla roja y lleva en la cabeza una mitra blanca adornada. Entre sus manos entrelazaba un rosario.

A diferencia de sus predecesores, no llevaba el palio papal, la cinta de lana con cruces que se pone sobre los hombros y que simboliza la potestad de gobierno en una determinada jurisdicción. De hecho, será enterrado sin vestirlo, y, en cambio, será colocado en el ataúd como se hace con los obispos eméritos.

Tampoco luce en el dedo el anillo del pescador que usó durante el pontificado. En el pasado, para evitar que alguien pudiera falsificarlo, se procedía a su destrucción inmediata justo después de confirmar su muerte. Pero en el caso de Benedicto XVI, su anillo papal fue destruido en 2013, cuando anunció su renuncia. Lo mismo sucede con la cruz pastoral, el bastón rematado con una cruz que tiene un significado paralelo al del palio.

Las puertas de la basílica de San Pedro se cerraron este miércoles a las 19:00 y se comenzó a preparar el cuerpo para el sepelio. Amigos íntimos de Benedicto XVI, entre ellos su secretario personal, Georg Gänswein, quien ha permanecido a su lado todos estos años, han estado presentes para velar su cuerpo tal y como hicieron en la capilla ardiente instalada en el monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano cuando falleció el pasado sábado.

Gänswein fue el encargado de cubrir con un velo de seda blanca. Un gesto que ya se hizo durante el funeral de san Juan Pablo II en 2005. En aquella ocasión, el funeral duró tres horas y fue presidido por el entonces Decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Joseph Ratzinger.

El féretro con los restos mortales de Benedicto XVI ha sido trasladado a la plaza de San Pedro a las 8.50 horas para el rezo del Rosario por parte de todos los fieles, poco antes de que llegase el Papa Francisco para la celebración.

Sus restos han sido colocados en un ataúd de ciprés. Ese es el que está en la plaza de San Pedro para el funeral. Al acabar la ceremonia, este ataúd será trasladado de nuevo a la basílica de San Pedro y se introducirá en otros dos féretros, que se contienen el uno a otro. De esta manera, la primera capa del triple ataúd está elaborada en ciprés, mientras que la capa del medio será de zinc y la tercera estará tallada en roble. Tanto la preparación del cuerpo para el sepelio, previo al funeral como el último pasaje serán privados, y, por tanto, no está previsto que haya ni cámaras ni periodistas.

En el ataúd, además, se han colocaado las monedas acuñadas entre 2005 y 2013, las de su pontificado que acabó en renuncia. Entretanto, en un tubo metálico, se han introducido algunos textos con los hechos más destacados de su biografía como Benedicto XVI.

Los restos mortales de Benedicto XVI ocuparán la tumba de su antecesor, Juan Pablo II, en la cripta bajo la basílica de San Pedro.

De esta manera, el cuerpo del difunto papa emérito descansará en las grutas vaticanas juntos a los de otros pontífices. En 2011, tras haber sido proclamado beato, el cuerpo de san Juan Pablo II fue trasladado desde la tumba que ahora ocupará el papa emérito hasta la superficie de la basílica hasta una capilla para permitir una mayor afluencia de fieles. Desde entonces los restos mortales del papa polaco reposan en la capilla de San Sebastián, que se encuentra en la parte derecha, entrando a la basílica de San Pedro, entre la que acoge a la ‘Piedad’, de Miguel Ángel, y la Capilla del Santísimo.